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Forgeborn Scathe
Weapon Profile

Forgeborn Scathe

6-STAR Sword

Potential Skills

Potential Level1

Crepúsculo: Lamento abrasador

Lv. 1

DAÑ por calor infligido +16%.
Cuando el portador lanza una máxima, el portador obtiene DAÑ de ataque básico infligido +75% durante 20 s.
Los efectos con el mismo nombre no se pueden acumular.

Cost: 0 UltimateSpCooldown: 0sMax Charge: 1s

Weapon History

Era tarde en la noche. Viste humo salir a borbotones del taller de al lado. El repicar del martillo contra el yunque se oía a tres cuadras a la redonda. Era deliberado. Era fuerte. “¿Qué intenta demostrar?” No querías preocuparte, pero de pronto recordaste a la maniática de al lado murmurando sobre la casi finalización de su obra. Así que diste vuelta y fuiste a la casa contigua mientras te ponías la chaqueta, murmurando para ti: “Que Talos nos libre si de verdad llega a forjarla”. Brasas incandescentes flotaban por la rendija de la puerta del taller. Ahora te arrepentías de haberte puesto la chaqueta: el lugar estaba terriblemente caliente. La luz del fuego también atrajo a la vagabunda que vivía a tres cuadras. Ella vestía algo más fresco y empezó a burlarse de ti desde el principio. “Idiota. Mírate, todo abrigadito. ¿Cuándo fue la última vez que encendiste el horno de tu herrería?” La vagabunda hablaba así desde que podía gatear. Envenenaba sus armas con su saliva. La ignoraste y empujaste la puerta. Toda la casa estaba bañada por el resplandor ígneo de la forja. La maniática estaba junto a ella y soltó una carcajada histérica cuando los vio a ambos entrar a su taller. “¡Llegaron tarde! ¡Seré yo quien dé vida a esta arma!” La maniática estaba empapada en sudor. Solo viste fanatismo en su rostro. La vagabunda se acercó a la forja y examinó el Ferrio hirviente. Su tono se volvió sombrío al pronunciar estas palabras: “Esto está mal. Va a forjarla”. La envidia te subió desde las entrañas. Te dieron ganas de vomitar. Se detestaban a muerte, pero los tres fueron alguna vez los mejores amigos. Olvidaste cómo empezó el odio; crecieron juntos. Incluso todas esas noches que pasaron bebiendo juntos se te escaparon de la memoria. Lo único que recordabas era aquella profecía Seš'qa: “Un arma legendaria nacerá este invierno. Y solo tres herreros podrían esperar lograr esta hazaña”. Por suerte (o desgracia), ustedes tres resultaron ser los mejores herreros de la ciudad. Desde entonces, los tres se obsesionaron con forjar el arma legendaria antes que los otros dos. Cada encuentro se volvió un plan y un intento de moler a golpes al otro y echarlo de la ciudad. Tú y la vagabunda no tenían nada que decir en ese momento. Un herrero hábil solo necesita mirar el fuego para saber el poder inmenso que alberga. La maniática accionó los fuelles para subir la temperatura del horno, pero por más que lo intentó, el horno se negó a calentarse más. Suspiró y se limpió el sudor del rostro. El gesto de la vagabunda se ensombreció mientras se regodeaba: “Vas a fallar”. La maniática, sin embargo, ni pestañeó. Simplemente rió: “¡Para nada!” Y, con eso, se degolló. Sangre caliente brotó como lava y fluyó al horno. Tú y la vagabunda extendieron las manos a la vez, pero era demasiado tarde. La maniática cayó en el horno y una explosión ensordecedora retumbó por toda la ciudad. El fuego saltó fuera de la cámara y se extendió por todo el taller. Las llamas rugieron con más furia y amenazaron con acabar con la noche misma. Hasta los cielos temieron lo que estaba por pasar y descargaron, desesperados, una gran nevada para apagar el fuego. Mientras la temperatura seguía aumentando a toda prisa, miraste a la vagabunda en busca de una palabra. Pero décadas de entendimiento tácito te decían que nada hacía falta decir. Te acercaste al fuego, ignoraste las dolorosas quemaduras y accionaste los fuelles una vez más. El arma naciente dentro de la forja zumbó y se quejó. No estaba lo bastante caliente. La temperatura era demasiado baja. Exigía una llama con suficiente calor para agujerear los cielos. La vagabunda sonrió con desprecio y viste el incendio bailar en sus ojos, una conflagración de furia, dolor, arrepentimiento y ambición. Fuego brotó de sus ojos y la devoró por completo. No tuviste tiempo de lamentarte, porque la tormenta de nieve de la noche era implacable. Haría lo que fuera por apagar sus fuegos. Eras el idiota del grupo que nunca dominó las Artes. Tu único recurso era un control mejor y más preciso de los fuelles para avivar el calor. Años de experiencia te hicieron un maestro en mantener el fuego vivo. Los fuelles se hinchaban y vaciaban mientras el fuego danzaba y aullaba. Las lenguas de fuego lamían tu piel y esta cedía lentamente como cera fundida. Pero el mero pensamiento de que el arma madurara a su forma te daba una alegría increíble y te hacía sonreír de satisfacción. ¿Dolía? Fue mucho menos doloroso que la última pelea en la que la maniática te arrancó un pedazo de la cara con los dientes. Antes de que las llamas te devoraran por completo, por fin recordaste cómo reían con alegría en la taberna. Puede que las llamas no resistieran la ventisca de toda la noche, y no quedara rastro de ustedes tres tras el incendio del taller. Aun así, sabías que quedaría un fogón, y dentro de él hallarían una espada capaz de partir cualquier cosa en el mundo.