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Información

Suisui

Suisui VA

Chino: Sun Yanqi
Japonés: Fukuen Misato
Coreano: Park Ji Yoon
Inglés: Emily Piggford

Informe de Examen Forte de Suisui

Poder de Resonancia

Anfitrión de armonía

Informe de Evaluación de Resonancia

[Informe de examen del Forte RA1034-G] La Marca Tácita del sujeto se encuentra en el centro de su frente. Exhibe la habilidad única de resonar con cuerpos de agua circundantes, permitiéndole percibir las trayectorias de los fluidos y el potencial cinético que contiene el agua líquida. Puede condensar la humedad ambiental, la lluvia o las corrientes de agua en un dominio acuático controlado, lo que se traduce en la capacidad de domesticar aguaceros torrenciales y convertirlos en lloviznas suaves, o rápidos violentos en aguas tranquilas. La frecuencia de resonancia del sujeto porta una fuerte armonía estética. Al recurrir a la energía de resonancia, su abanico de agua y sus mangas de agua se despliegan en un compás perfecto, tejiendo paisajes entre las ondas brumosas como si diera vida a una obra maestra en el reflejo de la realidad. Su curva de Rabelle muestra una trayectoria ascendente suave y constante, estabilizándose eventualmente en una meseta lisa de alto valor. Está categorizada como Resonadora Natural. «La frecuencia está casi completamente desprovista de turbulencias o rupturas y conserva una estabilidad suave y consistente en todo momento. Desde luego, refleja perfectamente el temperamento personal del sujeto». —Extracto de una entrevista con un médico de la Academia Huaxu

Informe de Diagnóstico de Overclock

El gráfico de forma de onda del sujeto muestra un patrón elíptico regular, suave y circular. Las lecturas son en general limpias y consistentes, sin signos de rupturas anormales o interferencias. Resumen diagnóstico: El sujeto exhibe un umbral de overclock bajo, combinado con una capacidad altamente estable para soportar frecuencias de resonancia. Se determina que el riesgo de picos volátiles es inexistente. El examen retrospectivo no muestra registros de overclock previos. Tomando como base el perfil general del gráfico, el individuo posee una base psicológica bien cimentada, resistencia emocional excepcional y un alto grado de autocontrol.

Objetos Apreciados y Favores de Suisui

Colgante de jade verde
Colgante de jade verde
Desde que era niña, a Suisui le encantaba coleccionar baratijas bonitas. Ya fuera una pluma de colores o una gema brillante, todo encontraba un hogar en su pequeña caja del tesoro. Con el tiempo, su colección creció hasta convertirse en un reluciente alijo de jade y joyas que usaba con infinito deleite para vestir a Yangyang. Entre todas ellas, su favorita seguía siendo el colgante de jade verde que le habían regalado sus padres. El jade era tan cálido y suave como el agua tibia, y estaba tallado con la forma de un pájaro, listo para alzar el vuelo en cualquier momento. —Lleva este jade cerca de tu corazón y que tu espíritu vuele libre. Que extiendas tus alas como el Chongming, que no se nuble tu mirada y siempre encuentres tu camino despejado.
«Paz y prosperidad»
«Paz y prosperidad»
Un abanico plegable elaborado por los mejores artesanos de Mengzhou. Su cara presenta un paisaje bordado con hilos ultrafinos de oro y esmeralda. Montañas distantes se alzan como jade oscuro, la niebla flota sobre las aguas cercanas y unos pocos peces koi nadan perezosamente a través de las algas del río. Es una obra maestra de impresionante hermosura. El año que Suisui tomó el mando del Gremio de Comercio, una enorme crisis amenazó con hacer caer todo lo que había construido. La competencia se unió como medida de presión y los aliados le dieron la espalda, uno por uno. Atrapada en su estudio durante tres días enteros, estaba al borde de firmar su rendición... pero en la cuarta mañana, mientras abría la ventana para ventilar la casa, sus ojos se posaron sobre este viejo abanico que descansaba sobre su escritorio. Recordó haberlo comprado con el primer sueldo que había ganado, cuando su yo más joven afirmaba que, algún día, «sostendría los ríos y montañas en la palma de mi mano». Agarrando el abanico, Suisui canalizó su Forte en él. Viendo las ondas bordadas cobrar vida lentamente, sus caóticos pensamientos finalmente se calmaron. Tras ese punto de inflexión, superó la crisis. Desde ese día, mantuvo el abanico a su lado, con decoración de ondas plateadas, pájaros volando y peces nadando. Mirando el paisaje, era como si estuviera contemplando su vista favorita de todas: un mundo en paz.
Cartas entre hermanas
Cartas entre hermanas
Cuando Suisui tenía doce años, Yangyang y ella usaron jugo fresco de flor de durazno para teñir dos pilas de papel de carta. Sosteniendo su pincel con sumo cuidado, Suisui dibujó un par de pajaritos acurrucados en la esquina del papel. El de la derecha era ella, y el de la izquierda su hermanita. Años más tarde, Yangyang se fue a Jinzhou para convertirse en Outrider, mientras Suisui continuó sus viajes como comerciante. Se mantuvieron en contacto por correspondencia y Suisui guardó cuidadosamente cada carta de su hermana, manteniéndolas guardadas en un cajón especial. Han pasado años, y hace tiempo que el papel se agotó. Incapaz de decidirse a usar la última hoja en blanco, Suisui la mantiene a salvo en su escritorio de estudio. Los dos pajaritos acurrucados en la esquina se han desvanecido, emborronados por las tiernas caricias del anhelo. Sin embargo, cada vez que vuelve a leerse las cartas de su hermana, siente que no importa cuántas millas las separen: esos dos pajaritos torpes y retorcidos aún se están abrazando fuerte.

Historia de Suisui

Primavera
Los días de primavera se prolongaban, lentos y dulces. En un patio de Mingting, las magníficas flores estaban en plena floración.

Suisui se encontraba sobre su escritorio inmersa en su tarea, sosteniendo un pincel en su mano y con una mancha de pintura ocre en su mejilla. Después de pintar intensamente durante horas, se irguió para admirar su obra maestra: un conjunto de azules, verdes y rojos profundos superpuestos. Era difícil distinguir qué representaba, pero irradiaba una calidez acogedora. Satisfecha con su trabajo, Suisui tomó el papel y salió corriendo.

—¡Yangyang! ¡Yangyang!

En un abrir y cerrar de ojos, el papel estaba en las manos de Yangyang. Suisui se apoyó contra la mesa del qin, mirando a su hermana.
—¿Puedes distinguir qué es?
Yangyang estudió la pintura, tocando con su dedo una mancha dorada a la derecha, luego una blanca a la izquierda.
—Son... dos pajaritos, acurrucados juntos.
Los ojos de Suisui se iluminaron y golpeó la mesa con emoción.
—¡Exacto! ¡Son pájaros! Siempre dije que esos adultos están ciegos. ¡No paran de decir que son pollitos!
—Obviamente, no lo son —dijo Yangyang, dejando el dibujo y ladeando la cabeza. —La cola de un pollito cuelga. Estas están levantadas.
—¡Así es! —Suisui no deseaba nada más que abrazar a su hermana y dar vueltas con ella. —¡Solo tú entiendes mi arte!
A tan elocuente elogio, Yangyang apenas ofreció una sonrisa amable como respuesta y señaló la mancha dorada a la derecha.
—¿Esta eres tú, hermana?
—Mmh... ¡ajá! La de la derecha soy yo, y la de la izquierda eres tú. —Suisui se acercó, usando el extremo de su pincel para señalar el pájaro blanquecino. —¿Ves? Es delicado, igualito que tú.

Así pasaban las primaveras de su infancia, una tras otra. Afuera, racimos de flores rosadas y blancas pesaban contra las hojas verdes. Cada vez que una brisa pasaba, los pétalos se deslizaban sobre la mesa del qin, los bocetos de las niñas y su cabello. La suave luz del sol bañaba el patio de tonos dorados y los pájaros cantaban bajo los aleros, acompañando con sus trinos las notas flotantes del qin de Yangyang. Suisui se relajaba en el porche, sosteniendo su dibujo en alto contra el cielo para ver los colores filtrarse a través del papel.

Los días se movían tan lentamente en aquel entonces... Las sombras avanzaban pulgada a pulgada, hasta llevarse tardes enteras; y luego, antes de que uno pudiera darse cuenta, habían pasado ya muchas primaveras.
Verano
En cuanto llegaba el verano, el calor del patio era tan sofocante que parecía una gran vaporera de bambú.

El canto incesante de las cigarras se prolongaba desde el amanecer hasta el anochecer. Incluso las flores de loto en la tinaja de agua bajo los aleros colgaban lánguidas, reflejando con precisión el estado de ánimo de Suisui, quien yacía desplomada en el alféizar de la ventana, mirando el cielo blanqueado por el sol. Detrás de ella, Yangyang estaba sentada, practicando con su qin. Ya había repetido la misma melodía siete u ocho veces, pero sus notas se sentían plomizas, derritiéndose en el calor denso. Escuchándola, Suisui sentía como si su propio cerebro también estuviera a punto de disolverse en un charco musical.

—¿Vas a salir, hermana? —Yangyang hizo una pausa cuando la escuchó levantarse.
—Al río. —Suisui lanzó una sonrisa por encima del hombro mientras su largo cabello pendía más allá de su chaqueta. —Al menos correrá la brisa. Me estoy asfixiando aquí dentro.
—Pero hace un sol que...
—¡No será para tanto! —Su voz ya se desvanecía al doblar la esquina del muro.

La ribera del río no estaba lejos; apenas a un paseo rápido a través de dos callejones. Suisui caminaba con energía, golpeando su abanico plegable rítmicamente contra su palma. En el momento en que pisó el terraplén, una brisa fresca y húmeda la saludó, espesa con la fragancia de los juncos del río.

Los muelles eran una colmena bulliciosa de actividad. En un puesto cercano, un comerciante de mediana edad hacía trabajar a su ábaco, gritando números línea por línea mientras las cuentas volaban. Hipnotizada, Suisui se acercó, moviendo sus labios en un murmullo silencioso mientras mentalmente llevaba la cuenta junto con él.

Cuando el comerciante hizo chasquear la última cuenta en su lugar y levantó la vista, casi se atragantó, sorprendido por los ojos brillantes que lo miraban con intensidad y atención. —¿De dónde saliste, niña?
—Contable Liu, eso son trescientos veintisiete rollos de tela en total, ¿verdad? —contestó Suisui, ignorando completamente su pregunta.
El contable Liu dirigió su mirada de su libro de cuentas a ella y una sonrisa tiró de su bigote hacia arriba. —¿Estabas siguiendo mi ábaco?
—No me hizo falta. Hice el cálculo mentalmente mientras usted leía los números en voz alta. —Suisui sonrió, completamente imperturbable. —Y ese lote de hojas de té eran ciento seis jin y medio, ¿no es así? Acababa de llegar y no sé si lo capté todo.
El contable Liu dejó su ábaco, estudiándola. —Vaya, qué chica más espabilada. Oye, ¿y si vienes a trabajar en mi tienda?
—¿De qué salario mensual estaríamos hablando?
Los transeúntes estallaron en carcajadas. El contable Liu también se rio, golpeándola juguetonamente con su abanico. —Está bien, pequeña jefa, vete. No causes problemas para mi negocio.

Divertida, Suisui se abanicó y paseó hasta el puesto de hierbas vecino. Por curiosidad, le preguntó al dueño por qué no usaban las rutas terrestres para un transporte más rápido.

—Las rutas terrestres son más rápidas, pero también accidentadas—, explicó pacientemente el dueño del puesto. —Las hierbas no soportan los golpes. Si se hacen polvo en el camino, no valen ni un cobre.

Suisui recogió una hierba, la olió, y la dejó cuidadosamente de vuelta en su sitio. —Siete días por agua, tres días por tierra. Pero una carga golpeada pierde más de la mitad de su valor, así que intercambiar tiempo por preservación es la inversión más inteligente. —Pasó los cálculos por su cabeza, encontrando la lógica del comercio absolutamente interesante.

El sol gradualmente se sumergió bajo el horizonte, y la muchedumbre a lo largo de la ribera comenzó a disminuir. Los últimos barcos de carga desataron sus amarres, con sus velas hinchándose en la brisa vespertina mientras sus largas sombras se deslizaban a través del agua dorada. Suisui se sentó en los escalones de piedra y finalmente bajó su abanico. Inclinando la cabeza hacia atrás, siguió las embarcaciones mientras atravesaban las aguas poco profundas, cruzaban el corazón del río y se encogían paulatinamente, en forma de manchas oscuras contra el horizonte.

—¿Hacia dónde se dirigirán?

Nadie contestó, pero ella ya sabía la respuesta. Esos barcos llevaban grano, telas y hierbas del norte, del sur, de las montañas, de las costas, de todas partes. Y navegarían grandes ríos y escalarían cordilleras montañosas para llegar a lejanos lugares que ella no soñaba siquiera con conocer.

—Un día, estaré en uno de esos barcos, de pie en la proa, con la lista de cargamento en mis manos.

Antes de que se hiciera la oscuridad completamente, Suisui se levantó y se sacudió el polvo de la falda. Los escalones de piedra aún irradiaban el calor persistente del sol de la tarde. Se volvió para mirar el río una última vez y, bajo el vasto manto de la noche, vio luces que salpicaban el agua oscura como estrellas. Era impresionantemente hermoso: un mundo en paz y una vida que amaba con todo su corazón.
Otoño
Cuando llegó el otoño a Mingting, el viento barrió las hojas marchitas y amarillentas contra la ventana enrejada antes de llevárselas volando como quien pasa lentamente las páginas de un libro viejo.

Yangyang se iba a Jinzhou para convertirse en Outrider. Había tomado la decisión medio mes antes. Aunque la familia no lo expresaba en voz alta, todos se mantenían incansablemente ocupados, como tratando de superar su partida. Dentro de la habitación, Suisui estaba ayudando a su hermana a hacer la maleta. El cofre de madera de alcanfor había estado abierto todo el día y el ajenjo seco en el fondo liberaba un aroma amargo y limpio. Sacudió la ropa de Yangyang prenda a prenda, doblándolas con cuidado. Afuera, un solitario insecto cantaba a intervalos, reacio a rendirse al otoño.

La luz del sol que llevaba la fragancia del alcanfor cayó suavemente sobre la mano de Suisui. Levantando la vista, su mirada se posó en el pilar central del salón, que trepaban muesca tras muesca talladas en la madera, desde la altura de la rodilla hasta su oreja. Las dos más bajas pertenecían a Yangyang a los siete y nueve meses, marcadas sutilmente por su padre por miedo a lastimar a su hija. Suisui recordaba que Yangyang no podía mantenerse erguida entonces, y que la sostuvieron apoyándola cuidadosamente contra el pilar. Pero aun con lo pequeña que era, resultaba excepcionalmente dulce, y llenaba el corazón de Suisui con un orgullo silencioso. Sí, así era su querida hermanita.

Más arriba estaba la muesca de los catorce años de Suisui, poco antes de un berrinche que tuvo y que casi hizo que se marchara de casa para estudiar medicina. En vez de negarse, su padre simplemente la hizo observar el pilar durante un buen rato y pensar en su decisión. Mirando las marcas apiladas, se había visto crecer pulgada a pulgada y, de alguna manera, se había dado cuenta de que su crecimiento se sentía tanto tan rápido como tan lento: ya era bastante alta, pero aún tenía mucho que aprender.

Cerca de la parte superior, las muescas de Yangyang se acercaban. La del invierno anterior, tallada por la propia Yangyang, era apenas medio dedo más corta que la de Suisui. Para la primavera, estaban exactamente a la misma altura.
Se oyeron algunos cantos de pájaros desde el patio. Suisui empujó la puerta y el sol otoñal le acarició el rostro con un calor fugaz. Bajo el alero, un pájaro de lomo azul saltó de una rama, haciendo crujir las hojas amarillentas del suelo.

Yangyang estaba cruzando el patio. Al detenerse en los escalones, vio a su hermana mayor bajo el porche y se acercó. Suisui esbozó una leve sonrisa.
—¿Cuándo partes?
—Mañana por la mañana.
Suisui dejó escapar un silencioso «oh». Quería decir más, pero las palabras se le atragantaron. En su lugar, extendió las manos y ajustó suavemente el cuello de la capa de Yangyang. Su hermana se quedó perfectamente quieta, esperando. Solo cuando Suisui retiró sus manos, Yangyang le prometió en voz baja: —Volveré.
Suisui sonrió. —Adelante, entonces. Los vientos soplan fuertes en Jinzhou. Cuídate.
Yangyang asintió. Al oír que sus padres la llamaban, se giró para ir a ellos. Caminaba despacio, con la espalda recta, adaptándose ya a la postura de una Outrider.

Una vez más, Suisui se quedó sola. El pájaro de lomo azul regresó a su rama, piando con la cabeza erguida. Las hojas secas cubrían los escalones. Se agachó para recoger una, preguntándose en qué libro debería meterla, antes de darse cuenta de que eso carecía de importancia.

Al fin y al cabo, el otoño siempre pasa.

Suisui se puso de pie. Desde mucho más allá de las murallas, se oía el relincho lejano de un caballo, como si fuera un eco procedente de Jinzhou. Sabía que era imposible, pero se quedó escuchando durante un buen rato antes de volver la vista a la habitación.

El cofre de alcanfor aún estaba abierto, esperando que ella lo cerrara.
Invierno
El invierno en Mengzhou rara vez traía nieve, pero ese año, un blanco suave cubrió el lago en apenas medio día. El barquero remó lenta y cuidadosamente, como para no perturbarlo a su paso.

Suisui se sentó en la proa con una tetera de porcelana blanca descansando en su regazo. El vapor que se elevaba de su pico se dispersaba en el momento en que tocaba el aire frío. Sirvió una taza para su huésped y, luego, llenó la suya propia. El suave chapoteo del té golpeando la porcelana era silencioso, pero incluso eso enmascaraba el sonido de los remos cortando el agua.

La negociación iba mal. La parte opuesta se negaba a ceder y el estancamiento se había prolongado por tres días. Esa mañana, Suisui había enviado una invitación, sugiriendo que dejaran el asunto de lado y se encontraran en el lago. El huésped llegó elegantemente tarde, envuelto en una capa gris mientras el sol comenzaba a sumergirse en el oeste, ofreciendo solo un breve asentimiento al abordar.

El pequeño bote se deslizó hacia el centro del lago. Una ligera niebla rodó sobre el agua, disolviendo lentamente las siluetas de las montañas distantes. En un entorno tan raro y tranquilo, Suisui no tuvo problema alguno en dejar el trabajo en la orilla. Siempre aguda y elocuente, rompió el hielo hablando de su ciudad natal. Describió sus aguas, tan claras que uno podía contar todos y cada uno de los guijarros que empedraban el fondo. Habló de su infancia, observando caravanas de comerciantes descargar en la ribera, los sacos apilados elevándose metros sobre su cabeza mientras el crujido nítido y encantador de las cuentas del ábaco resonaba en el aire. Del cuadro que pintó el día que dejó su hogar bajo una lluvia fina que había difuminado los rostros de sus padres en su despedida. Estas historias distantes viajaron a través de los años hasta subirse a bordo de su bote, que se balanceaba mientras atravesaba el lago espolvoreado de nieve en Mengzhou.

—Cuanto más veo de este mundo, más me enamoro de él— murmuró Suisui. —Quiero que las cosas buenas lleguen a los lugares que las requieren. Grano a los pueblos azotados por la hambruna, medicina al lecho del enfermo, telas a los empobrecidos. Pero estas cosas no caminarán hacia quienes las necesitan por sí solas. Alguien tiene que conectar los puntos, y no quiero ser una mera espectadora.

El huésped no respondió, solo posó su taza de té contra su rodilla y miró sobre el agua. Suisui observó sus dedos tensarse y aflojarse contra el borde de la taza, antes de que un suspiro tenue finalmente escapara de sus labios.

Para cuando el bote atracó, la nieve ya tenía forma de gruesos copos que caían con la delicadeza del algodón. Pisando las escaleras de piedra, el huésped la miró, sopesándola, y dijo: —Hablaremos de nuevo mañana. —Luego, levantando su paraguas, se desvaneció en la tormenta de nieve. Observando la silueta gris desaparecer en la extensión blanca, Suisui supo que la marea había cambiado.

Suisui se quedó junto a la orilla un buen rato antes de irse. Su alojamiento estaba al este del lago y, para cuando atravesó la puerta, sus zapatos estaban empapados. Se arrodilló ante la chimenea para encender un fuego; las brasas chisporrotearon unas pocas veces antes de prenderse y el calor del carbón se filtró hacia afuera, consolando primero el dorso de sus manos para luego calentar su rostro. Mientras la nieve caía silenciosamente al otro lado de la ventana, se apoyó contra la chimenea mientras notaba el peso de sus párpados.

En su sueño, era verano en su ciudad natal. El sol resultaba cegadoramente brillante, y el aire empujaba una rica fragancia a madera envejecida. Las caravanas descargaban cestas con té, los trabajadores del muelle cargaban pesados sacos de sal y el tendero contaba sus monedas de cobre sobre el mostrador con un repique rítmico que sonaba más dulce que cualquier música.

Aunque apenas alcanzaba la cintura de un adulto, la pequeña Suisui se paró bajo la ventana de la oficina. Asomándose por el alféizar de puntillas, estaba completamente absorta, ignorando a cualquiera que la llamara por su nombre mientras sus ojos brillaban con intensa concentración.

En aquel entonces, no entendía la mecánica del comercio. Solo sabía que las cosas más fascinantes del mundo vivían detrás de esa pequeña ventana. El comerciante levantó la vista, la vio mirando y sonrió. Metió la mano en el cajón y, cuando la sacó, sostenía un pincel viejo que le tendió a través de la ventana. Suisui lo asió; era más grueso que sus dedos y le resultaba inmensamente pesado en su mano, mientras lo sujetaba con fuerza.

De repente, el tintineo de monedas de cobre, el campanilleo de las campanas de las mulas, las voces de los vendedores y los cantos rítmicos de los trabajadores del muelle se precipitaron hacia ella, envolviendo su pequeña figura. Y ante la algarabía del vibrante comercio, Suisui sonrió, con sus ojos en forma de medias lunas, repletos de una alegría desbordante.
Las estaciones que caminó
El anochecer descendió sobre la tierra de Xuanfang mientras el crepúsculo se hundía pulgada a pulgada a través del horizonte. Suisui caminaba por la vía principal, taconeando suavemente contra las losas de piedra verde azuladas a cada paso. El resplandor ámbar del cielo bañó la calle donde los faroles apagados se balanceaban bajo los aleros. Era de noche y las tiendas cerraban, con los vendedores recogiendo de un lado a otro mientras el aire vespertino se llevaba sus charlas casuales. La alargada silueta de Suisui se movió sobre el suelo fusionándose con las sombras cambiantes.

El Festival de la Luna Despierta se aproximaba. Pilas de seda colorida llenaban los escaparates mientras los dueños contaban los rollos en las trastiendas. Un grupo de niños pasó corriendo junto a ella, solo para quedarse como congelados en la esquina de la calle. Miraban con ojos muy abiertos una fila de calderos humeantes, tragando saliva hasta que finalmente se alejaban, reacios.

Suisui se detuvo junto al puesto y lo observó un rato. Alineadas ordenadamente dentro de una vaporera de bambú, cocinaba «Albóndigas perla carmesí»; unas sabrosas bolas de carne con un glaseado de cebolletas verdes.

—Una vaporera de Albóndigas perla carmesí, por favor.
El vendedor empacó alegremente su pedido. Tomando la bolsa tibia, Suisui pagó la cuenta y deslizó unas cuantas monedas extra sobre el mostrador.
—Para cuando vuelvan esos niños que acaban de pasar corriendo. Dales una por cabeza— dijo, mientras se volvía para marcharse. —No es necesario que les digas que son de mi parte.
El vendedor parpadeó sorprendido, pero para cuando levantó la vista, su clienta ya había desaparecido en la multitud.

La oscuridad se asentaba y las lámparas de las casas de té y las tabernas cobraban vida una noche más, derramando luz dorada y cálida sobre el pavimento. Suisui atravesaba la calle, pintada ahora en franjas de luz, con sus manos tibias de sujetar la bolsa de albóndigas. El viento soltó un mechón de su ordenado cabello, pero ni siquiera tenía una mano libre para apartarlo.

De repente se dio cuenta de que se había olvidado el abanico de agua en algún sitio. Se rio sin molestarse. Había pocas ocasiones en las que le resultaba realmente útil. La verdadera tormenta que había supuesto el Asedio de la Fortaleza Xuanfang ya había sido capeada, y todo recobraba la normalidad; lo suficientemente pacífico como para dase el lujo de pasear por las calles y ver a la gente pasar una tarde perfectamente común.

Con ese pensamiento, aceleró inconscientemente su paso.

Al atravesar el estrecho callejón, vio a su hermana sobre un pequeño puente, acompañada de esa persona. Se preguntó si ya habrían encendido las lámparas, y si les gustarían las albóndigas. Había cruzado la primavera y el verano de Mingting, donde su yo joven corría entre las bulliciosas multitudes con su cabello ondeando al viento y su corazón cautivado por el emocionante tapiz del mundo. Había pasado el otoño y el invierno de Mengzhou, remando en mañanas brumosas en que el trabajo no conocía un respiro. Se había sentado sola en noches nevadas para leer cartas familiares una y otra vez junto a la chimenea.

Y todas esas estaciones la habían llevado a esa misma tarde, a ese mismo lugar. Bajo sus pies estaba el sendero a Xuanfang. En sus manos tenía un regalo para las personas que atesoraba. Suisui salió de su ensimismamiento y recobró la velocidad de sus pasos.

Como si el mismísimo viento la empujara desde el callejón, con sus mangas ondeando contra el brillo neblinoso de las luces de la ciudad, entrecerró los ojos enjugados de alegría mientras alcanzaba la base del puente.

Líneas de Voz de Suisui

Pensamientos: I
Las nubes se tornan grises anunciando lluvia, y la niebla se alza desde el agua. ¿Lo ves? ¿Qué te parece este paraje brumoso de hoy? Cuando vengo a hacer negocios a Mengzhou, suelo ver este clima. Es un poco diferente a la Fortaleza Xuanfang, pero no se parece en nada al paisaje de mi ciudad natal. Quizás cada tormenta de este mundo tenga su propio temperamento, pero esta misma llovizna que hoy salpica las losas de piedra azul verdosa también cayó sobre mí hace décadas. Escuché su voz llamándome, y desde entonces, el agua sigue mi voluntad. Fluye o reposa según mis deseos. Y cuando muevo el aire de cierta manera, viene hacia mí, como un viejo amigo.
Ahora camino bajo la lluvia sin necesidad de paraguas o refugio. Las gotas de lluvia me conocen, y yo a ellas.
Pensamientos: II
Hablando de ciudades natales, mi mente viaja hasta mi infancia en Mingting. Todo era tan increíblemente apacible con la brisa primaveral de marzo: la hierba alta, el vuelo de los pájaros... y cada amanecer era menos pesado que el anterior. Solía arrastrar a Yangyang para volar cometas. Aún puedo sentir el momento exacto en que el viento las atrapaba, con la cuerda tensándose como si hubiéramos pescado una nube. Para que mi cometa volara más alto que ninguna, corría tan rápido como podía.
El patio se llenaba con el trinar de los pájaros, el susurro de las hojas y la luz del sol... Oh, cómo se filtraba a través de las ramas como oro fragmentado, espolvoreando todo lo que tocaba. Incluso después de todos estos años, sigue siendo lo más hermoso que he visto jamás.
Pensamientos: III
Las primaveras de entonces: el viento tan suave, el cielo tan azul y la melodía de un qin flotando ocasionalmente por encima del muro del patio. En casa nunca faltaba la música. Desde el amanecer hasta el anochecer, se mecía por cada sala y rincón, envolviéndome como agua corriente. Mis padres, benditos sean, siempre supieron que me faltaba la paciencia para sentarme a practicar mi técnica con el qin. Yangyang, sin embargo, era todo lo contrario. Incluso de niña, podía escuchar una pieza completa en perfecto silencio, sus manitas marcando el ritmo contra sus rodillas con una concentración impropia de su edad. ¿Y yo? Me encantaba escabullirme a algún terreno abierto y simplemente bailar. Un ligero golpe del pie, un giro de las mangas y una ráfaga de viento en su justo momento... En esos instantes me sentía como si pudiera reunir el mismo brillo de la naturaleza entre mis brazos. No había nada más placentero que eso.
Pensamientos: IV
Más allá de nuestro patio se abría un mundo totalmente diferente. Me sentía atraída por los muelles, el gemido de las cuerdas royendo los bolardos de madera mientras los cargueros atracaban, los gritos de los vendedores y el traqueteo rítmico de las cuentas del ábaco. Esos sonidos me embriagaban más que cualquier melodía. Me agachaba junto a los puestos y miraba los libros de compraventa, cuadrando cuentas que no me correspondía cuadrar o extendiendo mapas para corregir la ruta de un viajero. «Este camino es demasiado largo», insistía. «El río te ahorrará dos días». Al principio, los adultos se reían como si fuera un juego de niños, hasta que se dieron cuenta de que tenía razón. Más adelante, mi madre le bromeaba a mi padre diciendo que quizáss su pequeña tenía un don natural para el comercio...
Bueno, ¿y tú qué opinas?
Pensamientos: V
Al principio, solo veía el bullicio, el hermoso ruido de todo aquello. Fue más tarde cuando comprendí que «la paz y la prosperidad» no se deben dar por sentadas. Son frágiles y solo perduran gracias a aquellos que las cuidan. Decidí entonces que sería esa clase de persona.
Amo esta tierra, pero amo aún más la vida que vibra en ella. Nunca me conformaría con la seguridad de un rincón silencioso mientras otros luchan. Aun así, conozco los límites de la fuerza de una persona. He visto aldeas devastadas por desastres y gente que ha perdido sus hogares; heridas que ningún envío de suministros puede sanar completamente. Son realidades que simplemente no puedo cambiar sola.
Dime... si llega el día de jugárselo todo por el futuro de esta tierra, ¿alguien me ayudará a crear mi visión? Quiero un mundo vivo y próspero, y en ti veo la posibilidad de hacerlo realidad.
Así que, si quieres... acompáñame en este camino.
Pasatiempo de Suisui
Je, je... la lista es más larga cada día, me temo. Últimamente, me he obsesionado bastante con las antigüedades y las pinturas. Incluso esas pequeñas imitaciones de los puestos callejeros son fascinantes a su manera, ¿sabes? Hay ciertos trucos del oficio que solo aprecias de verdad cuando los ves de primera mano. De hecho, he intentado hacer algunos bocetos. Son bastante decentes, si me permites decirlo... ¿Quieres echarles un vistazo?
Preocupaciones de Suisui
¿Mis problemas? El dinero resuelve casi todos, gracias a Dios. Todos excepto uno: ¿qué hago ahora que mi hermana ya ha crecido? *Argh*... ¿cuándo dejó de necesitar que la tomara de la mano?
Comida favorita
¡Pasteles, por supuesto! Desde delicados pasteles de harina de guisante hasta rollos de alubias rojas envueltos en pasta de alubias blancas. Y luego están las suaves y esponjosas bolas de arroz, dulces sin ser empalagosas, que se deshacen en la lengua. También me he aficionado a las «Minilunas nevadas» aquí en Mengzhou. Tienen ese maravilloso y sutil aroma y esa textura tan agradable del pastel, realmente diferente de los sabores de casa. Un día, tendría que llevarle a mi familia para que las pruebe.
Comida que detesta
A pesar de mi tiempo en Mengzhou, no me gusta la comida local encurtida. Es toda una tragedia. Veo un plato que parece exquisito y perfectamente emplatado, solo para descubrir que no puedo ni con un bocado. Suspiro de pura frustración.
Ideales
Quiero una riqueza sin fronteras. Quiero que los bienes encuentren su camino, que la gente encuentre su lugar. Quiero que la luz cálida de cada hogar siga ardiendo, siempre y para siempre.
Chat: I
¡Dumpling, por aquí! ¿Lo ves? ¿No es un deleite? Dumpling tiene una afinidad maravillosa con el agua. Gira y gorjea a mi alrededor cada vez que uso mi Forte para moldear las corrientes... En fin, con eso basta para hacer feliz a este pequeño pajarito.
Chat: II
Mi familia siempre me dejó hacer lo que quería, pero elegir el camino de comerciante no fue un simple impulso. Comenzó observando y aprendiendo, fijándome en cómo los vendedores callejeros establecían sus reglas y negociaban sus tratos antes de atreverme a intentarlo yo misma.
Oh, ver números en un libro de cuentas cambiar lentamente, rutas comerciales surgir de la nada y la carga que pasa por mis manos convertirse en el grano, tela o medicina que mantiene viva a otra alma... Eso, cielito, vale más que todo el oro del mundo. Verás, el comercio no solo es cálculo. Se trata de trazar rutas para que la gente viva.
Acerca de Yangyang
Desde que éramos niñas, la gente dice que Yangyang y yo solo compartimos el rostro, ya que nuestros espíritus no podrían ser más diferentes. Yo era la que necesitaba ver todo lo que el mundo tenía que ofrecer, mientras que ella era el centro tranquilo y apacible que guardaba sus pensamientos para sí. Con el tiempo, la gente incluso bromeaba y nos preguntaba si de verdad éramos hermanas.
Ninguna de nosotras se ofendía. Sabíamos que en este vasto mundo, no hay dos almas más parecidas. Mi hermana puede parecer tranquila y modesta, pero hay una resistencia en ella que es más profunda de lo que nadie se imagina. Cuando necesitas el viento, ella te lo trae. Cuando te enfrentas a la tormenta, ella es tu escudo. Eso lo he sabido siempre.
Acerca de Hsin
A diferencia de los otros Centinelas de Huanglong, Hsin no se siente como una divinidad mirando desde las alturas. De alguna manera, tiene una parte inconfundiblemente «humana». Tal vez me atreví a presentarme ante ella solo porque sé cuánto ama este mundo mortal.
Acerca de Qingxiao
En una de mis caravanas de comerciantes se habló una vez de una Trascendente que aniquiló a las Disonancias Tácitas que bloqueaban su camino a través de Xuanfang. Era la Parangón Qingxiao. Entre esa deuda y el apoyo que proporcionó durante la defensa de la Fortaleza, sentí que lo correcto era darle las gracias en persona. Con los regalos adecuados, por supuesto. Pero no aceptó nada más que sentarse a tomar una taza del té que preparé. Un momento... el té favorito de una famosa Trascendente... Podría ser un buen reclamo comercial, ¿no?
Acerca de Jingran
El Gato del Farol del Inframundo. Los rumores hacen que suene como una historia de fantasmas. Una figura negra, deslizándose por las sombras con un farol del inframundo y el frío del mundo subterráneo aferrándose a él. Solo lo he visto unas pocas veces. A pesar de su juventud, sus ojos tienen la mirada de alguien que ha resistido tormentas que doblegarían a cualquier hombre. Es completamente desinhibido y eso me intriga... ¿habrá algo en este mundo que realmente pueda detenerlo?
Acerca de mi madre
La gente la conoce como una maestra compositora, pero para mí, ella sigue siendo esa presencia gentil en el porche, abrazándonos a mi hermana y a mí en días lluviosos para contarnos historias del mundo exterior. Siempre la convencía para que me contara qué pasaba después, mientras Yangyang solo miraba en silencio, con ojos de asombro. Je, je, supongo que ese era el ritmo de nuestra infancia.
Acerca de mi padre
No encontrarás un hombre más abierto de mente en este mundo que mi padre. Un maestro de profesión, pero no de esos que dan sermones. Tiene el don de decir frases ingeniosas con tanta facilidad que incluso los clásicos más aburridos se volvían cuentos fascinantes en sus manos. Sus cartas siempre me hacen reír. Escribe con tanta gracia que los sucesos que ocurren a mil millas de distancia parecen noticias del vecindario en sus manos. Algún día, cuando visites nuestro hogar en Mingting, tienes que conocerlo. También puedo prometerte vistas hermosas y el mejor té que hayas probado jamás.
Felicitación de cumpleaños
Hoy es tu cumpleaños. Oh, claro, lo tengo marcado.
Había pensado en organizar un gran banquete para ti, de esos en que la mesa está repleta de platos y a nadie se le permite irse. Pero entonces se me ocurrió que ese tipo de celebración se puede hacer en cualquier momento. Hoy debes seguir tu propio corazón, tanto si eso significa una multitud animada como un rincón silencioso sin nadie que te moleste. Yo me aseguraré de que lo tengas, porque en un día como este, se te permite ser un poco egoísta.
Soy terriblemente «golosa», lo admito. Creo que los mejores días deben saborearse lentamente, y los encuentros más dulces, disfrutarse mucho después de que termine la fiesta. El mundo es vasto y el tiempo es largo. Tanto si quieres un salón repleto de delicias como una taza de té en silencio, basta con pedírmelo.
Que cada año sea tan brillante como el de hoy. Que siempre sigas a tu corazón y que cada camino que emprendas te lleve hacia la luz.
Inactivo: I
Mira atentamente, Dumpling. ¿Lo ves? Bastante realista, ¿no te parece?
Inactivo: II
Que la paz y la prosperidad bendigan esta tierra para siempre.
Inactivo: III
*Sonido de esfuerzo*
Presentación
Si esto no es suficiente para allanar el camino, entonces que los ríos y las montañas sean la prueba de lo que estoy dispuesta a poner en juego.
Saludo
La primavera aguarda donde fluyen arroyos claros.
Unirse al equipo: I
Tal y como lo había previsto.
Unirse al equipo: II
Este conjunto... es bastante interesante, debo decir.
Unirse al equipo: III
El momento perfecto, cielito.
Ascensión: I
El sonido del agua... lo escucho. No de los arroyos o de la lluvia que cae, sino de un lugar mucho más profundo. Una resonancia que se filtra desde el núcleo de cada ser viviente, despertando lagos y ríos, uno por uno.
Ascensión: II
Con las lluvias brumosas de Mengzhou, la mayoría de la gente busca paraguas de papel aceitado o se escabulle bajo los aleros más cercanos. Pero a mí no me preocupa mojarme. Paseo tranquilamente bajo la lluvia mientras las gotas simplemente se curvan alrededor de mis hombros y se alejan para encontrar otro lugar donde caer, así que si permaneces cerca de mí, no necesitaremos paraguas.
Ascensión: III
Creo que lo más valioso de este mundo es la luz que baña tus ojos cuando levantas la mirada. El primer rayo de sol del amanecer, la superficie del río salpicada de motas doradas, mientras los barcos pesqueros se mecen en pequeños grupos al ritmo sereno de los remos. Es entonces cuando los mercados cobran vida y se levantan las tapas de bambú que liberan bocanadas de vapor blanco con aroma a bollos recién hechos. Ese aroma se mezcla con las melodías lejanas de las casas de té y las risas de los niños que juegan. Yo ya no me limito a escuchar esos sonidos; ahora siento el latido que hay detrás de ellos. Un latido que se entrelaza para tejer un tapiz tan lleno de vida que no soportaría perderlo.
Ascensión: IV
La gente habla del comercio como si solo fuera comprar y vender. Pero si miras más de cerca, cada ruta comercial comienza y termina en la puerta de alguien. Grano del norte. Té del sur. Hierbas de las montañas. Telas de las costas. Alguien tiene que enhebrarlo todo junto, como una aguja tirando de un hilo, reparando la escasez de una tierra con la abundancia de otra.
Estos intercambios silenciosos son lo que ha mantenido el mundo en movimiento durante generaciones. Así como el agua puede desgastar la piedra o nutrir un jardín, el comercio puede perseguir ganancias o salvar un mundo. Este es el camino que he elegido.
Ascensión: V
Las montañas y los ríos son como una pintura que cobra vida, y este mundo bullicioso y palpitante es tan vibrante... pero presenciarlo sola es algo solitario. ¿Y si vemos el resto {Male=juntos;Female=juntas}? Todo lo grande que es este mundo, con sus maravillas infinitas esperando pacientemente. Para ti. Para mí.
Ataque básico: I
El aliento de la primavera canta.
Ataque básico: II
Nubes bajo el resplandor solar.
Ataque básico: III
Las olas bailan brillantes.
Ataque básico: IV
Se aclara la niebla...
Ataque básico: V
Los cánticos se alzan.
Ataque básico: VI
Nudes de regreso a casa...
Ataque básico: VII
Bajíos de luna llena.
Ataque básico: VIII
Una hoja navega...
Ataque básico: IX
Colinas verdosas.
Ataque cargado: I
Las aguas repican...
Ataque cargado: II
Azul a la deriva...
Ataque cargado: III
Ríos cristalinos...
Ataque aéreo: I
El verdor se adhiere.
Ataque aéreo: II
El reverde se eleva.
Ataque aéreo: III
Que se fusionen en uno.
Habilidad de resonancia: I
Un esplendor ondulante despierta.
Habilidad de resonancia: II
El agua se encuentra con el cielo.
Habilidad de resonancia: III
Se baña en la paleta de la naturaleza.
Liberación de resonancia: I
Se refleja en el agua, se tiñe de azul.
Liberación de resonancia: II
Las nubes se desvanecen, la claridad permanece.
Liberación de resonancia: III
Más allá de la bruma exuberante, la lluvia avanza.
Habilidad Intro: I
Sigue la corriente.
Habilidad Intro: II
¡A los paisajes!
Habilidad Intro: III
Conviértete en paisaje.
Habilidad Intro: IV
Mi turno, Yangyang.
Habilidad Intro: V
Cabalga el viento.
Evasión I
Perdiste el ritmo.
Evasión II
Fluye como el agua.
Evasión III
¿Seguimos el ritmo?
Contraataque evasivo
Qué impaciente eres.
Golpe: I
Fue un descuido mío.
Golpe: II
Un paso en falso.
Herido: I
Casi arrugo mi vestido.
Herido: II
Esto... lo anotaré en mi registro.
Derrota: I
El dulce sonar del mundo... quería más.
Derrota: II
Tanta belleza... así también debe terminar.
Derrota: III
Este camino... no lo recorreré más.
Invocación de Eco
Vamos. Me vendría bien otra pareja de baile.
Transformación de Eco
¿Más tiempo en escena, quizás?
Entrar en batalla
¿Algún truco nuevo? Impresióname.
Planeo
El cálido aliento del mundo, ante mis ojos.
Sensor
No puedes esconderte de mí.
Esprint
El impulso correcto.
Cofre de suministros: I
Buen peso, buen brillo.
Cofre de suministros: II
Parece que hoy es mi día de suerte, ¿eh?
Cofre de suministros: III
*Mm*, eso sí que es calidad.