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Información

Galbrena

Galbrena VA

Chino: Zhang Wenjie
Japonés: Shouji Umeka
Coreano: Lee Da Seul
Inglés: Devora Wilde

Informe de Examen Forte de Galbrena

Poder de Resonancia

Descenso al infierno

Informe de Evaluación de Resonancia

[Registro de evaluación de riesgo de contención especial X666] (…) El Forte del sujeto muestra contaminación previa por la Marea Oscura. El espectro de frecuencia está muy oscurecido y no puede ser analizado mediante el método de Rabelle. Basándonos en el propio testimonio del sujeto, corroborado por fuentes externas, se la clasifica como Resonadora congénita. (…) Se ha detectado una Disonancia Tácita de clase de Marea dentro del cuerpo del sujeto. Las pruebas deben ser transferidas al Sistema Tetis. ¡Todo el personal no esencial debe evacuar a las zonas seguras designadas sin demora! (...) Base de datos de muestras vinculada. Análisis comparativo iniciado. (…) Frecuencia interna del sujeto confirmada. Coincidencias parciales identificadas con Disonancias Tácitas conocidas: Quimera, Galbrena, Harpyia, Dullahan, Balor y Sombraterradora. Otras correlaciones pendientes de verificación. (…) Las Disonancias Tácitas identificadas no exhiben comportamiento hostil bajo supresión por la propia frecuencia del sujeto. Estabilidad de comportamiento confirmada bajo condiciones de alto estrés. Evaluación final: contención no aconsejada. Recomendación: exámenes rutinarios. La causa del Despertar del sujeto no puede ser confirmada. Su llama innata, una vez corroída por la Marea Oscura, se descompuso, pero nunca se extinguió completamente. Posteriormente, se fusionó con el engendro de la Marea conocido como Quimera, alterando la naturaleza de la llama y otorgándole la capacidad de consumir otras frecuencias. A través de este proceso, el sujeto caza proactivamente Disonancias Tácitas, absorbiendo y transformando sus frecuencias en su propio poder. En la actualidad, es capaz de empuñar múltiples habilidades de Disonancias Tácitas en combate. Los demonios que su llama devora solo tienen dos resultados posibles: ser purificados y asimilados como su propio poder, o ser totalmente destruidos. «Es como un museo ambulante de Disonancias Tácitas. ¿Puede tal poder pertenecer a un ser humano? Y lo que es peor, evoluciona…». «No... es mucho más que eso. He visto... todo un imperio alzándose dentro de ella».

Informe de Diagnóstico de Overclock

La Resonadora Galbrena tiene un historial documentado de Overclock. Calificación máxima de Overclocking: insignificante. Informe de investigación de la Portadora de Flor de Costa Negra A pesar del inmenso poder que la Resonadora Galbrena exhibió después del Overclocking, incluyendo una marcada transformación tanto de su apariencia como de su fisiología, debemos ponderar su calificación histórica máxima de Overclocking como «insignificante». Esta evaluación debe entenderse en su contexto. La Marea Oscura corrompió el Forte de esta Resonadora, prácticamente agotando su capacidad de resonancia. Para una persona con tan poca capacidad, alcanzar un estado de Overclocking (pasando de déficit a superávit, de ausencia a presencia) sería, cuando menos, un milagro. Tradicionalmente, se ha definido el Overclocking como un estado que agota la mente y el cuerpo, significando el dominio de tendencias destructivas sobre las regenerativas dentro del Resonador. El caso de Galbrena, sin embargo, nos obliga a reconsiderar esta definición. En ella, el Overclocking no se manifiesta como una merma, sino como una señal de renacimiento. Sugiere que el fenómeno puede estar estrechamente ligado a la voluntad del Resonador y que, si se orienta adecuadamente, el Overclocking podría potencialmente producir resultados constructivos, transformándose en un poder que los Resonadores podrían llegar a dominar con intención. Nota importante: Todo el personal de investigación tiene estrictamente prohibido intentar, por cualquier método, replicar la forma de Overclocking de la Resonadora Galbrena. Cualquier acción de este tipo que se descubra dará como resultado medidas de contención inmediatas.

Objetos Apreciados y Favores de Galbrena

Grabadora de Casetes de Frecuencia portátil - Prototipo
Grabadora de Casetes de Frecuencia portátil - Prototipo
Un viejo reproductor de cintas de casete que Galbrena encontró en Lahai-Roi. Con el avance de la tecnología, hace mucho tiempo que este modelo ya no se fabrica. Aunque está obsoleto, aún conserva su función clave de grabar la «esencia de frecuencia» del portador. Para Galbrena, es al mismo tiempo un arma contra la corrupción de las Disonancias Tácitas que tiene en su interior como un raro consuelo en los largos silencios entre cacerías. Lo ha usado para grabar muchas de sus canciones favoritas. Si quieres conocer ese lado suyo tan personal, seguro que le complacerá compartir sus «canciones» contigo.
«Dulces sueños»
«Dulces sueños»
Una artesanía hecha por Galbrena, tejida de sus propias plumas junto con materiales comunes cuidadosamente elegidos. Cada elemento representa un deseo silencioso. Para Galbrena, una noche de descanso pacífico es un lujo raro. A menudo, la perturban las Disonancias Tácitas de su interior, obligándola a combatirlas una y otra vez en sueños dentro de sueños. Trató de encontrar una manera de liberarse, esperando que esta manualidad pudiera guardar sus fugaces momentos de reposo... pero no dio el resultado que esperaba. Sin embargo, algo cambió cuando comenzó a regalar estas manualidades a los niños. En los sueños de los más pequeños, cada vez que una «pesadilla» atacaba, la artesanía revelaba su verdadero poder en forma de una dama vestida de blanco, que aparecía para ahuyentar a los monstruos, guiando a los niños fuera de la oscuridad y cuidándolos hasta el amanecer. Quimera le explicó a Galbrena que las plumas llevaban su frecuencia, permitiéndoles repeler «Disonancias Tácitas de pesadilla». Pero que no se podía hacer nada contra las que ya habitaban dentro de ella. Esta conclusión le trajo una tristeza silenciosa... pero también alivio. Al menos, no estaba destinada solo a abanderar el miedo.
«El Primer Pacto de Sangre»
«El Primer Pacto de Sangre»
La «primera bala» condensada de la propia sangre de Galbrena. Su obsequio para ti. Durante sus viajes por la Zona Sin Ley de la Nueva Federación, Galbrena se encontró con una asociación secreta y aprendió una técnica brutal conocida como el Pacto de Sangre. Sus practicantes eran fugitivos sin posibilidad de redención, o aquellos como ella, ya atados por la oscuridad. Cada uno había elegido el Sendero del Cazador por sus propias razones, con el objetivo de infligir un ataque único y mortal en el momento más imprevisto. Galbrena dominó el arte rápidamente, logrando resultados más extraordinarios que la mayoría, pues hacía tiempo que su sangre ardía como el fuego. Ya estaba bien acostumbrada a caminar por este sendero. Cada cazador que ha jurado el Pacto de Sangre porta una bala así, conocida como el «Primer Pacto de Sangre». Un viejo dicho entre ellos reza: «la bala lleva tu nombre». Era una señal de su obstinación por cazar a su presa hasta el amargo final. Sin embargo, en la Zona Sin Ley, donde los aliados podían convertirse en enemigos en un instante, los vínculos genuinos que establecía la confianza se volvían preciosos, y de ahí nació el Rito del Pacto. Aunque Galbrena nunca lo llevó a cabo, aún recuerda su peso y significado. Cuando un cazador ofrece su Primer Pacto de Sangre a otro, graba su propio nombre sobre la bala antes de entregarla a su custodio. Un contrato tan sencillo como vinculante y antiguo: convertirse en su bala. Nunca traicionar. Nunca huir. No hasta que la sangre se seque y el fuego arda hasta las cenizas.

Historia de Galbrena

Diario de caza
«El demonio ha caído. Los niños pueden volver a cantar».

La Matadisonancias pliega sus alas flamígeras y desciende de los cielos hacia la multitud que la espera. El calor que aún emana del cañón de su arma delata que su cacería acaba de terminar.

Las Disonancias Tácitas (seres sobrenaturales nacidos de los restos caóticos de frecuencias y energías humanas) son la encarnación de la vileza de este mundo, y su propósito es su destrucción. Aunque la ciencia las conoce desde hace tiempo, en muchos lugares aún se piensa que son demonios o espíritus vengativos, con nombres derivados de leyendas antiguas e historias de fantasmas. Y por todo Solaris, hay quienes las cazan, bien por ánimo de lucro, por fines de investigación o simplemente para poner a prueba su propia fuerza. Al enfrentarse a enemigos tan terroríficos con rigor y determinación, estos cazadores se ganan un título transmitido a través de las eras: Matadisonancias.

La mayoría de los Matadisonancias demuestran sus muertes extrayendo la frecuencia del monstruo a través de su terminal o regresando con su núcleo tácito, pero ella no. Siempre vuelve con las manos vacías, y su palabra es la única demostración de que el trabajo está hecho.
Relata con calma la debilidad de cada monstruo y la forma en que lo ha abatido, pero las palabras por sí solas no bastan. Entonces, alza su mano derecha y susurra un nombre: así, emerge la Legión Aulladora, una de las Disonancias Tácitas que alberga en su interior.
El miedo espesa el aire. El silencio cae como una guillotina. La multitud no tiene más opción que creer.

Escucha sus murmullos, sus dudas, sus sospechas. Siente su hostilidad, pero no trata de explicarse. Algunos susurran que es producto de un experimento para crear un híbrido entre humano y disonancia, con el único propósito de matar. Otros creen que ha sido forjada a partir de frecuencias alteradas, que es un ser nacido del pecado. Otros muchos están convencidos de que hizo un pacto con un demonio, entregando su propia humanidad. Ella siempre consiente tales afirmaciones, pues son meramente un escudo, un disfraz y una excusa para acallar aquellas preguntas que no desea responder.

La mayoría de los días, se aleja de las miradas, pero a veces, se permite pequeños caprichos. Ignorando el recelo de los curiosos, entra en un bar abierto y toma asiento para pedir algunos batidos de arándanos; sus favoritos. Solo los cazadores que han combatido a su lado conocen la verdad, y es que bajo su máscara fría y distante, arde una intensa sed de caza. Cuando se enfrenta a su presa, es despiadada.

La Legión Aulladora era una Disonancia Tácita de tipo bestia del bosque, nacida de los celos, que imitaba el habla humana para atraer a los niños y robarles la voz. La Matadisonancias ya había advertido a la patrulla que no la atacara en su propio terreno, pero su apariencia juvenil generó desconfianza, y cuando la ignoraron, cayeron en la trampa del monstruo. Las paredes del valle amplificaron los chillidos de la bestia, hasta convertirse en una tormenta de sonido que casi acabó con todos los patrulleros. Pero ella no dudó y, con fría resolución, se perforó sus propios tímpanos, dejando un rastro de sangre mientras cargaba con furia. Con su siguiente aliento, prendió las llamas a su alrededor; extendió el brazo, presionó su arma contra el tórax del monstruo y apretó el gatillo. En el humeante silencio que siguió al estallido, pronunció su veredicto:

«Tu penitencia comienza ahora».

La multitud fue testigo de la condena. Con su mano derecha, agarró la garganta del monstruo, y lenguas de llamas que de ella emanaban lo envolvieron completamente. La Legión emitió un último lamento retorcido antes de disolverse en una astilla de esencia, que ella absorbió como pago debido. Su propio cuerpo ensangrentado y quemado comenzó a regenerarse con una velocidad inquietante. Por un momento, fue difícil distinguir quién era el verdadero demonio.

Pero una verdad era innegable. Podría haber huido indemne. En cambio, se quedó. Y porque lo hizo, ellos vivieron.

Tras acabar con su presa, se sacude las cenizas de los hombros, conjura un puñado de helados de la nada y los ofrece a los temblorosos supervivientes con una sonrisa informal.

«¿Quién quiere?»

Para ella, una cacería mortal no es más que un mandado normal en un día ordinario. Después de verla devorar una delicia congelada tras otra, los niños la apodan «el demonio del helado».

En cuanto la dulzura del helado enfría el fuego que aún arde en su pecho, despliega sus alas y se desvanece en los cielos. Nadie sabe de dónde viene o a dónde va, y en cierto modo, es natural. Su libertad, su espíritu indomable, solo puede nacer de la indiferencia.

Tras ver el fuego maléfico que se desprende de ella, los más académicos piensan que podría tratarse del legendario Demonio de la Llama Eterna, pero quien se atreve a recoger sus plumas caídas, descubre algo más. Esas plumas como cuchillas, lo suficientemente afiladas para cortar Disonancias Tácitas por la mitad, emanan una extraña suavidad… y una amargura curtida por el tiempo.

Raramente habla de su pasado. Cuando se la presiona, sus respuestas son breves, evasivas. Para conocer su historia, uno tendría que retroceder mucho, mucho tiempo atrás, a aquellos días en que su cabello aún brillaba dorado pálido y sus ojos brillaban con la luz de la inocencia. Mucho antes de que el mundo la llamara...«Galbrena».
De una infancia lejana
La gente siempre decía que Angel nació «en el abrazo de la luz y su candor». Y bien podría decirse que llegó al mundo en un amanecer dorado, envuelta en fuego radiante.

Sus padres eran Resonadores de capacidades modestas. En Raguna, su nacimiento podría haber sido aclamado como un milagro, pero en Septimont, la divinidad carecía de poder, y solo la fuerza granjeaba el respeto.

Para un niño, demostrar un Forte tan temprano en la vida no siempre era un regalo, pues venía con un riesgo constante de perder el control. La joven Angel se aferró a las enseñanzas de sus padres, restringiendo cuidadosamente sus emociones para que sus llamas nunca dañaran a los demás. A una edad destinada para la risa y los juegos infantiles, hubo de mantenerse apartada de los otros niños; reservada, distante y fría. Algunos lo llamaron arrogancia. Los tímidos la evitaban, mientras que los audaces buscaban provocarla, ansiosos por ponerse a prueba contra alguien tan distinta. Para ellos, su naturaleza, sus talentos, su misma identidad eran simplemente demasiado... diferentes. Quizás esos niños no tuvieran malas intenciones, después de todo.

Sus padres eran exiliados de Raguna que habían viajado largo tiempo hasta establecerse en Septimont. En una época en que aún persistía el prejuicio entre las dos ciudades estado, su bondad les hizo ganarse un lugar en el pueblo: su padre, enfrentándose a los monstruos cuando estos atacaron; su madre, alimentando a los más desfavorecidos con lo poco que les sobraba.

Su madre la crio según el Códice: ser bondadosa, compasiva y tolerante, y saber perdonar. Angel se tomó sus lecciones muy en serio, pero descubrió que en Septimont, esas cosas no garantizaban el respeto. Moldeada por dos culturas tan distintas, Angel desarrolló su propio credo: tratar a los demás con buena voluntad y nunca empezar una pelea... pero, si alguien golpea primero, devolverla más fuerte.

Aunque los moretones eran comunes entre los niños septimontinos, Angel evitaba causar problemas a sus padres. Con el tiempo, aprendió a disfrutar de la soledad. Encontró refugio en la herrería de Filo, un amigo de su padre a quien ella llamaba cariñosamente «tío». Pocos niños iban allí, pero algo irracional la atraía al fuego ardiente, a las chispas que saltaban del metal, al claro y resonante choque del martillo contra el hierro. Fue allí donde conoció a una chica pelirroja, de naturaleza audaz y directa y trato fácil. Aunque ya tenía muchos amigos, le ofreció a Angel la risa de la que su infancia había carecido durante tanto tiempo. Se sentaban junto a la forja y hablaban hasta altas horas de la noche. A la chica, Augusta, le fascinaban las historias detrás de cada arma, mientras que Angel estaba cautivada por el ritual misterioso del «templado». El tío Filo le había explicado que incluso la mejor hoja solo era un trozo de metal, a menos que fuera templada y endurecida.

Muchas cosas desconcertaban a Angel, como por qué el aire de Septimont siempre olía a óxido. Pensaba que era simplemente el aliento de forjas y fuelles, pero más tarde, cuando creció, aprendió a qué se debía realmente. El viento venía de las Mesetas, y arrastraba puntas de lanza caídas, espadas rotas y... la sangre recién derramada de los guerreros.

Dieciséis años atrás, la Marea Alta barría las Mesetas. En Fabianum, las cacerías se sucedían una tras otra. Angel vio a sus padres regresar exhaustos, otros ensangrentados y rotos, y escuchó el estribillo constante del canto a la fuerza. Fue entonces cuando un juramento echó raíces en su corazón.

Desde ese día, entrenó con resolución implacable. Buscó adultos que le dieran lecciones de combate, siguió a los exploradores para aprender a cazar y luchó con cualquiera dispuesto a ello. Como una bestia sedienta en un abrevadero, bebió de cada fuente de conocimiento, todo por un objetivo: acudir a los campos de prueba del iniciado, cuyo vencedor recibiría un entrenamiento de élite como gladiador, y con ello, un camino más rápido para convertirse en un verdadero cazador.

El esfuerzo dio sus frutos. En la arena, Angel superó a docenas de rivales hasta enfrentarse a la contendiente favorita: Arkyria, famosa por haber sido capaz de repeler engendros de la Marea por sí sola. La voluntad de Arkyria, templada en pruebas de vida o muerte, forzó a Angel a retroceder una y otra vez. Mas no podía dejar que esta oportunidad se le escapara... así que, por primera vez, desató su habilidad de resonancia.

La luz emergió de Angel como una llama de fuego vivo, ardiente, pero no abrasador. Deslumbrante, pero no cegador. En ese instante, las tornas cambiaron. La victoria fue suya.

Cuando se acercó a su rival caída para ver cómo estaba, esta la recibió con palabras amargas: «¿Por qué tú? ¿Por qué te concedieron un poder así?»

Era la pregunta que Angel se había hecho desde la infancia: ¿Por qué yo?

Había otros que trabajaban más duro, que tenían más talento. ¿Por qué no recibieron este don?

Si tuvieran el mismo poder, ¿se librarían del dolor?

Si pudiera dominar este poder, ¿podría ayudarlos? ¿Y si...?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por los chillidos de los Griffrexes, que volaban hacia las Mesetas. La caza comenzaba.

Al menos, había demostrado que podía controlar su poder. Pronto, ella también montaría un Griffrex en batalla, derribando a esos maléficos engendros de la Marea para defender a la gente. Ese era su juramento. Su «caza» estaba a punto de comenzar.

Y así debería haber sido, si no fuera porque el destino reveló su verdadera naturaleza: lo que te da, te lo quita. Al bondadoso le enseña el dolor, hasta que pierde su bondad. Al intrépido, lo rompe una y otra vez, hasta que cae de hinojos y nunca se levanta de nuevo.

Pero Angel no sabía nada del destino. Nunca buscó comprender sus artimañas. Nunca puso un pie en el Templo Tetrágono. No quería. Solo sabía que, si alguien la golpeaba, ella devolvería el golpe más fuerte, ya fuera una persona, una divinidad o... el destino mismo.
Las cenizas de Angel
Nunca olvidaría la primera vez que «devoró» una Disonancia Tácita. El rechazo de su cuerpo agarrotó todos sus músculos en una agonía que quemó sus entrañas, como si su misma alma fuera reducida a cenizas. Pero más insoportable que el dolor era la debilidad que revelaba.

Sabía lo que le había otorgado una segunda oportunidad de vida, y recordaba el juramento que le había hecho. Pero cuando las verdaderas formas del mal se mostraron ante ella, entendió cuán impotente era realmente.

Así que entregó su frecuencia, haciendo un pacto con el demonio que habitaba dentro de ella. Ese día, puso un pie en un camino sin retorno.

Mas pronto se dio cuenta de que esta era la «caza» que siempre tuvo por destino. La ceremonia a la que nunca asistió, las Llamas Sagradas que la Sacerdotisa debería haber encendido para ella… ahora ardían con el resplandor infernal de «Galbrena».

Y así, la chica que portaba el fuego vagó entre la civilización y la naturaleza salvaje, escuchando susurros y domando leyendas. Vagó por ruinas desoladas llenas de cadáveres y huesos, sola y buscando cazar los monstruos nacidos de las emociones de la humanidad.

Una vez luchó en lo alto de un acantilado escarpado y se precipitó con su enemigo a las profundidades… aunque aún no había aprendido a volar.

Una vez batalló bajo la superficie de un lago oscuro, porque su enemigo temía el agua… aunque apenas sabía nadar.

Había acabado con incontables monstruos, y casi había sido asesinada por muchos más.

Quimera pensaba que aquella a quien una segunda vida había concedido se aferraría a ella, haciendo cualquier cosa para sobrevivir, hasta que su voluntad se doblegara bajo el peso de las muertes y cayera en su trampa. Nunca había imaginado que la misma sed de sangre que buscaba acabaría por ahogarla. Una y otra vez, la chica desafió enemigos mucho más fuertes que ella, apostando su vida una vez tras otra, hasta convertirse en una prisión viviente para el ser nacido del mal.

Esta segunda vida había tenido un coste, y vivirla en cobardía le arrebataría todo el sentido. No luchaba meramente para domesticar al demonio que albergaba en su interior, sino para arrebatar más poder del destino mismo.

Las amargas enseñanzas de Quimera no carecían de verdad: la bondad sin poder es la tragedia más cruel. Para salvar, uno también debe aprender a dañar. Recordaba las palabras de su madre: «Si las raíces de un árbol no pueden perforar el infierno, entonces sus ramas nunca alcanzarán el cielo». Pero ella no anhelaba llegar hasta el cielo, sino descender más profundo, arrastrando demonios consigo, forzándolos a arrodillarse ante el fuego o consumiéndolos por la eternidad... incluso si ese infierno acababa con ella también.

Muchas veces se preguntaba si ya se había convertido en ese demonio del que la gente hablaba. ¿Podría su cuerpo actual considerarse «humano»? ¿Sería capaz de empuñar la oscuridad para hacer el bien, sin ser devorada por ella?

Porque a pesar de entregar su bondad libremente... había hecho cosas de las que hasta un demonio se arrepentiría.

Una vez, viajó a un pueblo muy al sur para cazar a Sombraterradora, cuya influencia había hecho enloquecer a los habitantes del pueblo. Estos, obsesionados con una forma de «exprimir frecuencias» para obtener la inmortalidad, sacrificaron a muchos viajeros que pasaban por la región.

Cuando Sombraterradora cayó y sus instrumentos de locura perdieron su poder, los enloquecidos campesinos se marchitaron, se consumieron, mas no se arrepintieron. Cada uno de ellos seguiría conspirando, pensando en cómo sacrificar a otros para su propia supervivencia, hasta su último aliento. En ese momento, ella comprendió que la bestia no los había engañado, sino que habían sido sus propios deseos dementes los que la habían invocado. Y así, con un gran resplandor, redujo ese reducto del infierno en la tierra a cenizas, purgando el mal en su mismo origen.

Esa caza le enseñó dos verdades: los demonios de este mundo no son solo Disonancias Tácitas, y cada demonio nace del corazón humano.

Quizás el hecho de que aún se hiciera estas preguntas significaba que aún era humana. O quizás el mundo ya le había mostrado la respuesta.

Había visto a seres humanos usar la violencia por exiguas ganancias, o sacrificar sus vidas por el más débil aliento de esperanza. Había visto ciudades desmoronarse por la codicia, y flores blancas florecer entre el lodo y la ruina. La naturaleza humana era una paradoja frágil y cautivadora. Bondad y crueldad. Bajeza y grandeza. Siempre entrelazadas. El mundo nunca era solo blanco o negro, y fue dentro de ese gris infinito donde se encontró en casa.

La joven Matadisonancias se acostumbró a la forma en que otros la trataban y a su lugar entre los mundos. Donde una vez sus alas ardientes la habían dejado magullada y ensangrentada, ahora había aprendido a volar con gracia.

De día, atravesaba las tierras fronterizas como un halcón en busca de su presa, observando el mundo en silencio. De noche, descansaba sobre ramas estériles, guardando las estrellas antiguas, mientras las estrellas la guardaban a ella.

Aún recordaba su juramento. Una vez, temió las sombras y el poder que tenían. Más tarde, aprendió a empuñar ese miedo. Y ahora, se había convertido en el miedo mismo. Su propia elección.

Un ser tan terrorífico que incluso los demonios temblaban ante ella.
Un cielo en el alma
Atardecer. Arena. Humo. Este campo de caza no es más brutal que los anteriores.

La chica del pasado se convirtió hace mucho en una dura mujer cubierta de cicatrices. Bajo su ropa desgarrada, irradia una intención asesina tan salvaje que incluso las Disonancias Tácitas huyen instintivamente cuando se aproxima.

Y sin embargo, incluso ella parece insignificante ante la masa de hierro de Dullahan, el caballero sin cabeza que arrasó la tierra. Apareció de repente, golpeando con su acero. En ese instante, Galbrena comprende por qué no había sido capaz de detectarlo. Su frecuencia es abrumadora, tan poderosa que incluso la Marea Oscura se negaba a tocarlo. Hacía mucho que había desatado a Quimera, que vagaba libre para deleitarse en el derramamiento de sangre... Pero ni aun con su ferocidad había podido siquiera ralentizar la montura de guerra del caballero.

¿Escapar? El pensamiento cruza por su mente una vez más, pero a tan solo unos cientos de metros detrás, una madre y su hijo huyen por sus vidas. Cada segundo que se mantenga firme es otro instante más en pro de su supervivencia. Si llegan al siguiente pueblo llevando consigo el mensaje, quizás convoquen refuerzos para detener el avance de Dullahan antes de que alcance las puertas de la civilización. La elección es clara: no lucha por la victoria, sino por mantenerse en pie, sin importar el coste.

No teme a la muerte, pero se niega a caer aquí. Las alas de Harpyia, afiladas como navajas, están quebradas. Ahora, la única arma que le queda es el fuego infernal moribundo de «Galbrena». Y en este campo de batalla estéril, no queda odio para avivar sus llamas.

—Siempre has sabido cómo mantener ese fuego ardiendo.
Una voz infantil se agita en su mente.
—Si Galbrena nació para alimentarse del odio...
»Ódiate a ti misma.
»Odia tu debilidad. Odia tu impotencia. Odia tu vacilación...
»Si el resplandor del Demonio de la Llama Eterna no es suficiente, quémate a ti misma.
»Si el Contemplador afirma que la armadura de Dullahan no puede romperse, confía en lo que ves.

No sabe a quién pertenece la voz, pero sus palabras suenan verdaderas, instándola a confiar en sus instintos, tal como siempre había hecho.

Odio y llama brotan de entre sus dedos. Débiles, pero lo suficientemente candentes para surgir a través de sus heridas y prender la sangre de su cuerpo.

La gran espada de Dullahan cae una vez más, pero la estaba esperando, y se zambulle en el hueco donde debería estar su cabeza, cayendo dentro de su armadura vacía. Un fuego abrasador quema cada centímetro de su piel, pero a la postre, no es tan ardiente como su llama. Dos supernovas estallan dentro del cuerpo de hierro, que se estremece... y se derrumba, haciéndose el silencio.

Cuando Galbrena abre los ojos, se encuentra en los brazos de la madre, y su hijo la observa. ¿Viva? Es un buen comienzo. Con cierto temor, extiende su mano… y sus dedos se prenden en llamas una vez más. Y aunque sea un tormento, respira aliviada porque significa que podrá plantar batalla al menos un día más.

La madre y su hijo se encontraron con una patrulla y la guiaron donde estaba batallando una chica con el monstruo de hierro. Pero cuando se aproximaban, contemplaron una explosión dorada en el horizonte, y encontraron a Galbrena tirada como un despojo sobre la tierra.

Mientras le explican lo sucedido, se percata de que su cuerpo ha cambiado. Con esa súbita conflagración de maldad y poder, la frecuencia de Dullahan se fusionó en su sangre y sus huesos. El poder regenerativo del caballero sin cabeza había sanado su cuerpo casi destruido, borrando incluso sus cicatrices más antiguas. El Demonio de la Llama Eterna, antes apenas un apodo, ahora vive en verdad. Pero Galbrena no siente alegría o esperanza por haber sobrevivido. Todo lo que le importa es que puede usar ese mismo truco una y otra vez.

De sus raídas vestimentas ya no queda nada, así que unas señoras, en agradecimiento, comienzan a recoger unas plumas blancas esparcidas por el suelo para tejerle ropa nueva con ellas. ¿De dónde han salido? ¿Dejadas acaso por pájaros que pasaban? Pero Galbrena señala las plumas oscuras de su hombro y dice: estas bastarán. Además, el negro le queda mucho mejor.

Al poco, emprende camino de nuevo mientras piensa si quizás Dullahan había temido que llegara su final… o si había deseado su derrota. En cuanto a quién lo trajo, no lo sabía. De repente, Quimera se agita.
—¿De quién procedía esa voz?—, pregunta Galbrena.
—Es del demonio más antiguo y poderoso que hay en tu interior—, responde Quimera.
—¿Incluso más antiguo que tú?
—Por supuesto. Desde el principio fue parte de tu carne, parte de tu alma. Si no fuera por ella, te habría devorado hace mucho. Ella te ayudó a derrotar a «Galbrena».
—¿Ella? No recuerdo haber absorbido una Disonancia Tácita así.
— Será porque no se trata de una Disonancia Tácita. ¿No recuerdas ya su nombre?
—No.
—Tu ignorancia nunca deja de asombrarme. ¿Cómo has sobrevivido tanto tiempo?
—Ahórrate la charla. Dímelo.
—Angel. Su nombre es... Angel.
El ansiado regreso
Una vez había vuelto el arma contra sí misma, pero este no era su sueño.

Había matado incontables engendros de la Marea en la oscuridad sin límites. Al final, agotada y tambaleándose, colapsó sobre las aguas negras. Una vez más, se encontró en la red tejida por el destino.

—No... no puedo caer aquí. Queda mucho por hacer. Le hice una promesa... no debo caer todavía.

Cuando sus ojos se abrieron de nuevo, se encontraba a las puertas de Fabianum. Sus rivales, sus amigos, su familia... todos sonreían cálidamente mientras caminaban hacia ella.

¿Acaso era esta otra ilusión conjurada por el Trenodiano? ¿Creía Leviatán que ella temía la felicidad? ¿O más bien una felicidad inmerecida? Pues ¿cómo podría alguien que blande tal oscuridad ser aceptada y amada?

Tiempo atrás podría haberse debatido con esa pregunta, pero ahora ya no necesitaba una respuesta. Solo recordar su objetivo. Se levantó, prendió sus llamas, martilleó el arma y apuntó a su «viejo amigo».

—¡Ja, ja, ja! Niña, parece que te has afilado hasta convertirte en algo realmente cortante.

La risa del tío Filo sonaba demasiado auténtica como para ser un sueño. Sin embargo, cuando vio las marcas de la corrupción de la Marea Oscura en sus ojos, comprendió que aquellos a los que el Trenodiano había consumido, aquellos que deberían haberse convertido en parte de ese ser, aún estaban resistiendo su abrazo. Llevaban décadas rechazando su «regalo». Y por eso, Leviatán los había arrojado a la Marea Oscura, condenándolos a un tormento sin fin.

Se quedó en silencio. A lo largo de su viaje, había vacilado. Había dudado. Tal vez, si se hubiera esforzado más, podría haber dominado su poder antes. Podría haber regresado más temprano, podría haber salvado más vidas. Tal vez...

—Cazadora, ya has hecho suficiente.
—Vive con orgullo, cabeza en alto. Libre y sin ataduras. Ese siempre fue nuestro deseo.
—Siempre serás nuestro orgullo.

Todos respondieron con amplias sonrisas, y su madre dio voz a la pregunta que había llevado en silencio durante tanto tiempo; una que nunca se había atrevido a preguntar, ni tampoco se le había dado la oportunidad.

—Pero, mi niña, sabes que este no es tu hogar.
—Tu viaje debe continuar. Alguien te está esperando.
—¿Recuerdas cuando peleamos? ¡Dale una buena tunda al Leviatán ese! ¡Por todos nosotros! ¡Véngate con alegría!
—Adiós, Angel. Esta vez... puede que sea para siempre.
—No olvides que siempre estaremos contigo.

La última imagen que tuvo de su padre le mostraba con los dedos levantados, formando una torpe y exagerada V de victoria. «Viejo tonto»... se rio amargamente. Pero sabía el significado de su aparición. Ya no habría más abrazos. Ya no tendría que mirar atrás. Era tanto consuelo como despedida.

Sus figuras se difuminaron en motas de luz, señalándole una dirección fugaz. Esa era la razón por la que habían venido. No tenían fuerza que darle, pero una vez más, la habían salvado.

Qué ridículo resultó ser el truco de Leviatán. Había tratado de arrastrarla hacia la oscuridad infinita de la Marea Oscura, pero todo lo que consiguió fue concederle una despedida que le había sido negada durante mucho tiempo.

Fabianum se desvaneció ante sus ojos, desmoronándose hasta desaparecer. Pero ella ya no era esa niña pequeña. Había belleza en el pasado, pero no se dejaría arrastrar por él. Su corazón seguía sintiendo amor, pero lo endurecería como la piedra.

Y así, sin vacilar, se dio la vuelta y caminó hacia la oscuridad infinita.

Una vez más, Quimera apareció ante ella.

Nunca esperó que la despiadada Disonancia Tácita pudiera comprender la humanidad, ni tampoco que fueran amigas. Solo deseaba que, una vez que su camino fuera claro, dejara de causarle problemas. Y para eso, solo había una solución: tenía que domarla.

Se preparó para la batalla. Sin embargo, esta vez, Quimera no atacó. Solo la observó en silencio mientras se acercaba, ardiendo silenciosamente entre sus llamas. Las llamas de Angel. Sus propias llamas.

Y de repente, todas sus preguntas hallaron respuesta.

—¿No puedes ni tan siquiera con una llama tan pequeña?
—¡Ah, vaya humor más abismal! Intenta no morirte aún. Aquí no es donde terminará nuestra caza.
—Bueno, ¿acaso no hemos sobrevivido a cosas peores antes?

No había demonio que no pudiera ser cazado. El Trenodiano era solo el más poderoso de todos ellos, pero ella tampoco estaba sola en esta empresa.

Quimera no habló más y se hizo a un lado. Detrás, incontables Disonancias Tácitas que una vez había devorado revelaron sus formas. Había luchado contra ellas hasta la muerte, una y otra vez, a través de sueños infinitos, apoderándose de su poder por la fuerza. Pero ahora...

Pasó entre ellas sin miedo. Un camino ardiente se desplegó a sus pies, y a ambos lados, criaturas que una vez infundieron terror en los corazones del mundo ahora se inclinaban en señal de reverencia, como si escoltaran a su amo a la batalla. ¿Era respeto ante un demonio mayor que ellas? ¿O más bien… temor?

Ya no importaba. Su poder había superado el de ellas hace mucho. No requería reconocimiento. Solo obediencia.

Y empuñaría este poder maldito para cazar pecados mayores, tal como había jurado en la infancia. Ese era ahora su credo, y lo honraría hasta la muerte.

Por ella misma. Por los que nunca podrían regresar. Para que la tragedia de Fabianum nunca se repitiera. Para que nadie volviera a sufrir.

Su caza nunca terminaría.

Líneas de Voz de Galbrena

Pensamientos: I
Quimera se alimenta de mi alma. Para satisfacer su apetito, cazo Disonancias Tácitas por sus frecuencias. Incluso sin un pacto, encontraría la forma de consumirme. Así que tomé la decisión de no resistirme, de hacerlo parte de mí. Solo las llamas sobreviven a las llamas. Ahora, forjado a base de fuego infernal, este cuerpo arde con más intensidad. ¿Y Quimera y el resto de Disonancias Tácitas que se creían tan fuertes? Viven en mi fuego.
Pensamientos: II
Soy la encarnación del fuego infernal, alimentada por demonios, y comando el poder de la Marea Oscura. ¿Me temerás... o despreciarás? Mi poder puede verse como una maldición o un presagio ancestral de oscuridad, pero, para mí, es un juramento. Sé lo que tengo que hacer y no me importa cómo me juzgue el mundo, porque lucharé hasta el final.
Pensamientos: III
Muchos me llaman «Galbrena», y ya me he acostumbrado. Si no me impide hacer mi trabajo, no me molesta. Pero Angel es mi nombre de verdad, el que me dieron mis padres, esos descastados de Raguna que esperaban que algún día fuera digna de él. Desde entonces, he cruzado muchas tierras, he visto mi parte de «monstruo y demonio»... pero nunca he visto ángeles. Dicen que los ángeles luchan contra los diablos, y que donde un ángel va, el peligro lo sigue. Puede que sean diferentes a lo que la gente piensa. Si un ángel es algo que te asusta o te advierte... tal vez sí esté a la altura de ese nombre, después de todo. Dime, ¿tú qué opinas?
Pensamientos: IV
A lo largo de mi viaje, he detenido muchas tragedias... y he visto desarrollarse otras tantas, naturales o causadas por el hombre. Este mundo no siempre es bonito, y precisamente por eso, los lazos que establecemos son tan importantes. Como tú, cargo mi arma por aquellos que nunca llegaron a casa. No fui la primera. Y no seré la última.
Pensamientos: V
El enfrentamiento entre Quimera y yo llegará tarde o temprano. Y si no soy yo la vencedora, debes cazarme. Je, je, no te preocupes. No dejaré a Quimera vencerme. Además, ahora tengo un motivo más para ganar.
El pasatiempo de Galbrena
El cielo ofrece una panorámica amplia y llamativa. Desde allí arriba se ve todo, presas incluidas. En el momento en que cometen un error, ataco rápida y silenciosamente. Hay algo en observar desde arriba que me encanta. Además, me mantiene lejos de la gente, y así solo les doy miedo cuando es necesario.
El problema de Galbrena
Galbrena: Normalmente, puedo mantener a Quimera bajo control, pero a la menor distracción, siempre encuentra una forma de liberarse.

Quimera: No sueles hablar tanto con nadie.

Galbrena: Porque tú lo digas. Hablo más con quienes no me irritan.

Quimera: Ah, pues a mí me hablas bastante. ¿Cuento yo?

Galbrena: Para empezar, tú no eres una «persona».

Quimera: Habrás de admitir, entonces, que ni a ti te gusta estar sola.
Comida favorita
Sorbete, granizado, helado... son casi lo mismo. El fuego infernal de mi interior nunca se apaga. Las cosas frías ayudan a mantenerlo bajo control y, si tienen un poco de dulce, aún mejor.
Comida que no le gusta
Al principio, «comía» Disonancias Tácitas para sobrevivir. Pero ahora, es por poder... ¿Cuenta como comida? Bueno, si hablamos de alimento en el sentido estricto, puedo comer cualquier cosa que me pongan en el plato.
Ideales
En mi opinión, si vives bien, morirás con dignidad. Y si realmente hay vida tras la muerte, donde pueda «verlos» otra vez... quiero poder mirarlos a la cara. Decirles que viví plenamente, luchando por mis creencias, y morí con significado, sin arrepentimientos ni cabos sueltos. Pero hasta que mis llamas se extingan, seguiré cruzando la muerte, una y otra vez. Y cuando llegue el momento, lo daré todo, porque nunca he escapado de mi destino.
Chat: I
Nací en Septimont. Me enseñó a luchar y hasta el día de hoy, sigo confiando en eso. Pero la mayoría de armas no resisten contra la Marea Oscura. Su corrupción se mete profundamente, las devora desde adentro. Durante mucho tiempo, me enfrenté a las Disonancias Tácitas con las manos desnudas. Luego conseguí estas armas. Me costó una pelea diabólica arrancárselas a Quimera de sus fauces. Las... acaparaba todo este tiempo.
Chat: II
Has visto lo que era en la Marea Oscura. Lo que vino después, era cazar o ser cazada. Me caí y levanté, una y otra vez, hasta que terminó la cacería. Luego, me sacudía las brasas de los hombros y pasaba al siguiente coto de caza. Conocí gente distinta y vi cosas diferentes. Ah, y a veces... me compraba algún helado.
Acerca de Augusta
Augusta era mi amiga de la infancia. Por aquel entonces, yo me sentaba en silencio bajo un árbol, sumida en mis propios pensamientos. Ella andaba por ahí, blandiendo su espada y gritando que se convertiría en la próxima Reina de los Héroes. Siempre me obligaba a practicar combates. A veces terminábamos peleando en el río de Fabianum y, cuando nos cansábamos, nos bañábamos en su orilla. Ahora, todo ha cambiado mucho. Por lo menos, no todo ha sido para mal. Augusta es exactamente el tipo de gobernante que Septimont necesitaba.
Acerca de Cartethyia
Supe de ella a través de la memoria de la Marea Oscura. Nunca la vi como Resonadora de nadie. A cambio, ella me dio una respuesta que fue... salvaje, imprudente, pero decidida. Un caballero de la justicia no debería estar confinado en una torre. La pesadilla que Leviatán le impuso duró demasiado tiempo... Pero ahora que Rinascita ha emergido de la oscuridad, ella también debería ser libre de abrazar su propio amanecer.
Acerca de Aalto
La base de datos de Costa Negra necesita actualizaciones constantes, así que envío datos de Disonancias Tácitas capturadas como un reloj. No visito mucho las instalaciones y Aalto es quien me lleva las evaluaciones de rendimiento. Naturalmente, nunca aprueba nada que no lo beneficie, y por eso, la mitad de los datos que envío acaban figurando como su propio trabajo.
Acerca de Calcharo
Mientras cazaba en la Nueva Federación, teníamos los ojos puestos en la misma disonancia tácita. Su objetivo era eliminarla; el mío, absorberla. Hubo algunos malentendidos en el camino, pero en general, fue una colaboración fluida. De hecho, me invitó a unirme a su grupo de mercenarios. La caza en grupo es importante para la supervivencia, pero... estoy acostumbrada a trabajar sola.
Deseos de cumpleaños
Feliz cumpleaños. En lugar de decir «Felicidades por escapar otro año de la cacería del tiempo», prefiero decir «Por una cacería feliz en el tiempo que tienes». Este collar es para ti, considéralo un talismán. Contiene cada historia que he vivido. Esa sencilla placa de metal una vez me salvó la vida, cuando me dispararon en el corazón. La concha marina viene de una civilización perdida. Si prestas atención, aún se escuchan sus ecos. Y esta «lágrima» de vidrio, forjada en fuego y derramada de una máquina de guerra... Hay mucho más. Si quieres, te puedo contar todas las historias. El próximo año, te puedo traer amuletos nuevos para tu colección.
Inactivo: I
Siempre armada. Siempre ardiendo.
Inactivo: II
*Sonido de esfuerzo*
Inactivo: III
Quimera: *Aaah*, un manjar fresco...
Galbrena: Aléjate.
Autopresentación
Galbrena. El Demonio de la Llama Eterna. La Matadisonancias. Puedes llamarme como quieras. Yo solo quiero que me señales los monstruos.
Saludo
¿Quién es mi próxima presa?
Unirse al equipo: I
Galbrena. Lista para la cacería.
Unirse al equipo: II
Que suenen los disparos.
Unirse al equipo: III
Estoy aquí.
Ascensión: I
Una forma inusual de ganar fuerza... gracias.
Ascensión: II
...No necesitabas hacer esto solo por mi poder.
Ascensión: III
Ja, ja... ¿qué era eso? ¿Haciendo un pacto con el «diablo»?
Ascensión: IV
Mi camino me pertenece solo a mí. Es largo, peligroso, sin luz y en soledad. No siempre estaré cerca... Y el «diablo» exigirá su parte de un pacto injusto. ¿Seguro que puedes aceptarlo?
Ascensión: V
Deja que esta sangre gotee en tu palma. Eso es. Ahora, nuestro «pacto» está sellado.
Ataque básico: I
Galbrena: Combate fuego con fuego.

Quimera: ¡Que hable la fuerza!
Ataque básico: II
Galbrena: Fuego infernal infecto.

Quimera: ¡Devóralos a todos!
Ataque básico: III
Galbrena: Explota.

Quimera: ¡Al diablo!
Ataque cargado: I
Más balas para ti.
Ataque cargado: II
Saldemos cuentas.
Habilidad de resonancia: I
Fijaos.
Habilidad de resonancia: II
Devora.
Habilidad de resonancia: III
Rebana.
Habilidad de resonancia: IV
Surge del fuego infernal...
Habilidad de resonancia: V
Báñate en sus llamas...
Habilidad de resonancia: VI
Las llamas rugen...
Liberación de resonancia: I
Galbrena: ¡Mi gatillo es la llave al infierno!

Quimera: ¡Solo quedarán las cenizas!
Liberación de resonancia: II
Galbrena: La cacería termina aquí.

Quimera: ¡Hora de comer!
Liberación de resonancia: III
Galbrena: Me encargaré de enviarte a la tumba.

Quimera: ¡Un bocado fresco!
Liberación de resonancia: IV
Galbrena: Te mostraré...

Quimera: ¡La puerta del infierno!
Habilidad Intro: I
No puedes escapar de mí.
Habilidad Intro: II
Te tengo.
Habilidad Intro: III
Hablando del diablo.
Evasión I
Has fallado.
Evasión II
El tiempo lo es todo.
Contraataque: I
Te daré una buena Gal-iza.
Contraataque: II
El premio gordo.
Contraataque: III
¿Y ya está?
Golpe: I
Galbrena: Otra vez...

Quimera: El dolor agudiza tu mente.
Golpe: II
Recalibrando.
Herido: I
Galbrena: Es solo un arañazo.

Quimera: No hay tiempo de lamerse las heridas.
Herido: II
Galbrena: ... Muy bien.

Quimera: Tu rabia empieza a despertar.
Herido: III
Galbrena: ¡Hasta mi último aliento!

Quimera: ¡Esta cacería nunca terminará!
Derrotado: I
Galbrena: Mediante la muerte...

Quimera: ...Volveremos.
Derrotado: II
Galbrena: Las llamas nunca mueren...

Quimera: No nos retiraremos...
Derrotado: III
Galbrena: Caza...

Quimera: ... por la eternidad.
Invocación de Eco
Pórtate bien.
Transformación de Eco
A disfrazarse.
Enemigos acercan
Galbrena: ¿Una presa en bandeja?

Quimera: Satisface mi hambre.
Planeo
Útil.
Sensor
No hay dónde esconderse.
Esprint
Vive para cazar.
Cofre de suministros: I
Día de cosecha.
Cofre de suministros: II
El cazador encuentra a su presa.
Cofre de suministros: III
Bien. Tómalo.