Información
Hsin
Hsin VA
Chino: Ju Huahua
Japonés: Noto Mamiko
Coreano: So Yeon
Inglés: Suzie Yeung
Informe de Examen Forte de Hsin
Poder de Resonancia
Proliferación fractal
Informe de Evaluación de Resonancia
[Mengzhou : Ministerio de Asuntos de los Centinelas - Registro completo de la Centinela ]
...
Según observaciones reiteradas del Ministerio de Asuntos de los Centinelas, el poder de Hsin, la Vulpina Lunar, le permite dividir lo uno, dando lugar a lo múltiple y provocando la proliferación de nuevas formas a placer. Puede ordenar a dichas entidades que la división continúe, haciendo que se extiendan por doquier siguiendo su naturaleza esencial. Así, sus consciencias, percepción y esencia constitutiva se multiplican también, conformando cada una de ellas una forma fractal distinta. Aunque cada forma fractal posee existencia propia, permanece vinculada a su origen, compartiendo sensaciones con la totalidad de las proliferaciones, las cuales pueden, en última instancia, volver a converger formando un todo único.
La capacidad de creación de mecanismos de Hsin, la Vulpina Lunar, también es excepcional. Su comprensión de los principios que rigen la interconexión de dichos mecanismos supera con creces la de la artesanía actual. En virtud de su poder de proliferación fractal, puede extrapolar, reproducir e incluso reconstruir diseños ya existentes. Se intuye que la mano de la Vulpina está detrás de muchos de los dispositivos que se encuentran dispersos por toda la ciudad de Mengzhou.
La Proliferación fractal no es un mero arte ilusorio, o de replicación. Al separarse del origen, cada Forma Fractal experimenta el mundo por sí misma, y su percepción cambia con sus experiencias empíricas y emociones. Con el tiempo, incluso aquellas nacidas del mismo origen pueden ▉▇▇▂.
Anotación del personal del Ministerio de Asuntos de los Centinelas
Las inspecciones actuales no muestran irregularidades. El registro sigue archivado bajo la designación anterior, «Hsin, la Vulpina Lunar, Centinela de Mengzhou». Un examen adicional de sus orígenes queda suspendido por orden de la Intendente hasta nuevo aviso.
Informe de Diagnóstico de Overclock
[Registro de trabajo: H001]
El análisis de la Forma de onda de Rabelle permite determinar que el Dominio del tiempo es constante, sin fluctuaciones anómalas. Los resultados muestran parámetros normales.
Conclusión: la Criticidad resonante es superior a la habitual (debido a que se alcanza el límite superior, no se puede confirmar el valor máximo). La estabilidad es excepcionalmente alta, no presenta riesgo de Overclock . Sin embargo, se detectaron fluctuaciones de frecuencia ligeramente decrecientes. Por ahora, y dado su carácter casi imperceptible, se ha registrado como margen de error, pendiente de un nuevo examen.
—No hay antecedentes de Overclock, así que no necesita terapia psico... eh, ¿de verdad tengo que escribir esta parte también?
Espera, ¿hay que hacer la prueba de Rabelle a la Centinela ?
¿Qué íbamos a hacer? Es el único que le podemos aplicar... ¿No querías estudiar a la Centinela?
Sí, bueno, ¡por lo menos tenemos sus lecturas!
Por cierto... ¿Seguro que estos datos son válidos...?
¿Qué quieres decir?
Bueno... cuando la Dama Hsin leyó el informe, sonrió y comentó: «¿Son los habituales?»
...
Por el momento, será mejor conservar el documento...
Anexo: La observación H001 se realizó como observación provisional única, utilizando el equipamiento y los modelos analíticos aplicables a Resonadores. Dado que el sujeto de prueba no cumple con los estándares, hubo valores que superaron el rango de posibilidades del instrumento. Esto impide verificar si la forma de onda es la original de la frecuencia de la Centinela o fruto del ajuste activo a la prueba. La estructura y la potencia de la Centinela superan el alcance de los sistemas de detección existentes. Se requerirá un estudio más profundo y específico.
Objetos Apreciados y Favores de Hsin

Zorrito de bolsillo
Incluso una Centinela tiene cosas en las que no destaca. Por ejemplo, preparar personalmente un regalo de agradecimiento para {Male=el;Female=la} Arbiter.
Ella pretendía hacer algo «digno», pero su mente divagó y, para cuando volvió en sí, el pelaje que tenía en la palma ya se había convertido en un zorrito demasiado rechoncho. No se parecía en nada a la imponente Centinela en miniatura que había imaginado al principio.
Por supuesto, a diferencia de las formas de zorro que Hsin conjura mediante la Proliferación fractal, esta es una simple manualidad. No puede moverse ni hablar y, desde luego, tampoco puede sentir la calidez de estar acurrucado en la palma de una mano o contra el pecho de alguien.
No puede... ¿O sí?

El primer Vigamilano
El primer Vigamilano de la Tierra de Xuanfang , creado por la mismísima Hsin.
Moldeó esta ingeniosa ave mecánica a imagen y semejanza de su querida Alondra Xuanling . Depositó en ella los últimos restos de frecuencia que esta había dejado tras de sí, con el deseo de que aún pudiera desplegar las alas y surcar los cielos de la tierra de Xuanfang.
Más tarde, los artesanos de Xuanfang tomaron su diseño como modelo y desde entonces los Vigamilanos fueron llegando poco a poco a todos los hogares, continuando la labor de transmitir sentimientos y palabras entre personas. Este primer Vigamilano es el prototipo grabado en la memoria de incontables artesanos, dedicados a perfeccionar sus artes en cuerpo y alma, con la esperanza de recrear el porte de aquella ave que antaño contemplaron.

Descanso del corazón
Un espacio especial dentro de los Dominios del Corazón y, al mismo tiempo, el lugar donde Hsin se suele detener a descansar. Las flores y los árboles, los arroyos y estanques... hasta los faroles de luna que titilan en su interior provienen de las escenas que contemplaba mientras caminaba por el mundo mortal. Fruto de las esperanzas y bendiciones solemnemente confiadas a la Centinela. Aquí también se ocultan muchas artes antiguas y culturas olvidadas, hoy casi imposibles de encontrar, cuyos fragmentos, minúsculos como motas de polvo en el largo río de la civilización, ha ido recogiendo uno a uno hasta formar un mundo donde poder hallar un respiro.
De vez en cuando, un invitado especial encuentra el camino hasta aquí, y cuando eso sucede, el arroyo murmura su melodía ancestral, la noche cae solemne, cotidiana, y la Centinela deja a un lado el peso de los asuntos lejanos. Se sienta frente a la luz de la lámpara, toma un plato de pastelillos y conversa con su visitante de cosas que solo pueden decirse en sueños.
Historia de Hsin
Los callejones del ocio
Cuenta la leyenda que cada año, durante el Festival de la Luna Despierta, cuando mil faroles descienden por el río, la Centinela Hsin, la Vulpina Lunar, observa cuál es el primero en llegar al corazón del lago y se lo lleva a sus Dominios. Más tarde, transformada en zorro, visita el hogar que lo dejó a la deriva.
Naturalmente, existen muchos rumores del estilo. Algunos dicen que Hsin, la Vulpina Lunar, envía a un zorro emisario a recorrer el mundo mortal y que cada vez que se encuentra con un farol con un deseo especialmente adorable en él, se lo lleva al Santuario para disfrutarlo con calma. Otros juran con total certeza que a la Centinela le encanta burlarse de los bobos enamorados y las doncellas anhelantes, escogiendo justo los faroles que llevan escritos deseos de matrimonio para obligar a los esperanzados a superar pruebas más tortuosas y fantásticas que cualquier romance de novela, hasta que su amor demuestre una pureza excepcional, mostrándose dignos de un final feliz.
Más tarde, hubo cierto cuentacuentos que creía que las leyendas de la Vulpina Lunar eran demasiado ordinarias, y les añadió su propio toque. Afirmó que, en cierta ocasión, un alma temeraria se atrevió a perseguir a la Vulpina Lunar a través de tres calles y callejones, hasta toparse con una mujer de rojo en lo alto de un tejado, abrazando un Farol de luna, riendo de una forma que helaba los huesos: «Has visto mi secreto. ¿Estás listo para pagar el precio?».
La historia fue toda una sensación, y pronto generó diferentes versiones, cada una con su propio estilo. Con el tiempo, a nadie le importaba ya la verdad. Pero toda historia tiene un origen y, casualmente, justo al lado del puesto del cuentacuentos, se sentaba un anciano vendedor de figuras de azúcar de quien se rumoreaba que había vivido la historia en persona. Cada vez que alguien le preguntaba, el anciano se limitaba a agitar la mano y sonreír.
—Se ha ido retorciendo —solía decir—. En algún momento, se torció del todo.
Aquel año, un aguacero cayó de forma repentina sobre latierra de Xuanfang . El río creció, volviéndose traicionero. Un niño, separado de su familia, estaba acurrucado bajo un puente llorando, aferrado a un Farol de luna que había escrito para su madre fallecida. La lluvia había empapado el papel y, por más que lo intentaba, el farol no se encendía.
Entonces, desde las sombras, apareció un pequeño zorro con el pelaje blanco como la nieve recién caída. Agarró el farol empapado entre los dientes y salió disparado.
El niño no sabría decir de dónde sacó el valor, pero persiguió a aquel zorro bajo la lluvia, recorriendo casi toda la calle hasta que por fin se detuvo bajo el alero de una casa. Mientras tanto, en el interior, su padre estaba tremendamente preocupado, preguntando si se sabía algo de su hijo desaparecido.
Cuando padre e hijo se abrazaron y se dieron la vuelta para mirar, el zorro ya no estaba. Solo quedaba el Farol de luna, intacto y entero, sobre los escalones de piedra. La lluvia debería haberlo echado a perder, pero de hecho estaba bien.
Y aún más sorprendente era el hecho de que el farol estuviera encendido.
—Ah... ¿así fue como pasó?
La mujer sentada frente al puesto juntó las manos, asombrada. Era tan hermosa, vestida de rojo y con el cabello negro como la noche... A primera vista, parecía un espíritu salido directamente de la niebla de uno de los cuentos antiguos. Ahora observaba al tendero con vivo interés, con la barbilla apoyada en la mano.
—Y esa historia, «El zorro que ató el destino», ¿también es cierta?
El tendero la miró a su sonriente rostro y tuvo la peculiar sensación de que en realidad no esperaba respuesta. Simplemente disfrutaba de la pregunta. Negó con la cabeza y se rio.
—Ah... después de tantos años, ¿quién puede decir todavía qué es verdad y qué no?
Los oyentes asintieron con la cabeza en señal de acuerdo y luego se pusieron a discutir el tema entre ellos.
—Aun así, los cuentos escalofriantes son los que perduran. Si solo se trata de ayudar a un niño perdido a encontrar el camino a casa, ¿es digno de ser contado durante cien años?
—No estoy de acuerdo. Una historia no necesita monstruos ni un romance trágico para ser buena. Solo tiene que estar bien contada.
El tendero los dejó discutir, echando una mirada a la mujer de rojo, que claramente escuchaba encantada. Luego bajó la cabeza y volvió a dar forma al azúcar que tenía en las manos.
Poco después, colocó en el mostrador una nueva figurita de azúcar de un zorro, con su cola en alto, el pelaje de la punta con un toque de rojo y un Farol de luna entre las mandíbulas.
En ese momento, el cuentacuentos de al lado golpeó su mazo y se aclaró la garganta, retomando el relato donde lo había dejado. Los oyentes, que momentos antes se gritaban unos a otros, pronto comenzaron a suspirar y a vitorear con cada giro de la historia. Cuando terminó ese capítulo, algunos todavía pedían más, sin dar la noche por terminada.
El cuentacuentos juntó los puños en una reverencia. Su mirada se posó en la mujer de rojo, que había estado sentada frente al puesto todo el tiempo.
—Has escuchado toda la noche, pero no has dicho nada. Cuentos extraños, romances trágicos, héroes de antaño... ¿qué prefieres?
La mujer hizo una pausa. Para sorpresa de todos, consideró la pregunta seriamente.
La noche había caído por completo. Las linternas a lo largo de la larga calle se balanceaban, proyectando una luz dorada y carmesí en sus ojos. De los puestos de comida llegaba el tintineo de las tazas, el murmullo de risas. Un niño pasó corriendo, sosteniendo su figurita de azúcar en alto, sobre la multitud.
—Me gustan todos —dijo por fin, con la barbilla apoyada en la mano, la mirada perdida en la bulliciosa calle. —Mientras la historia sea de aquí, me encanta.
Hizo una pausa, luego añadió con una suave sonrisa.
—Así que... por favor, continúa, cuentacuentos.
—Bueno, entonces, pónganse cómodos todos. La siguiente es toda una maravilla...
El mazo golpeó de nuevo, los oyentes guardaron silencio...
Y así comenzó una nueva historia.
Naturalmente, existen muchos rumores del estilo. Algunos dicen que Hsin, la Vulpina Lunar, envía a un zorro emisario a recorrer el mundo mortal y que cada vez que se encuentra con un farol con un deseo especialmente adorable en él, se lo lleva al Santuario para disfrutarlo con calma. Otros juran con total certeza que a la Centinela le encanta burlarse de los bobos enamorados y las doncellas anhelantes, escogiendo justo los faroles que llevan escritos deseos de matrimonio para obligar a los esperanzados a superar pruebas más tortuosas y fantásticas que cualquier romance de novela, hasta que su amor demuestre una pureza excepcional, mostrándose dignos de un final feliz.
Más tarde, hubo cierto cuentacuentos que creía que las leyendas de la Vulpina Lunar eran demasiado ordinarias, y les añadió su propio toque. Afirmó que, en cierta ocasión, un alma temeraria se atrevió a perseguir a la Vulpina Lunar a través de tres calles y callejones, hasta toparse con una mujer de rojo en lo alto de un tejado, abrazando un Farol de luna, riendo de una forma que helaba los huesos: «Has visto mi secreto. ¿Estás listo para pagar el precio?».
La historia fue toda una sensación, y pronto generó diferentes versiones, cada una con su propio estilo. Con el tiempo, a nadie le importaba ya la verdad. Pero toda historia tiene un origen y, casualmente, justo al lado del puesto del cuentacuentos, se sentaba un anciano vendedor de figuras de azúcar de quien se rumoreaba que había vivido la historia en persona. Cada vez que alguien le preguntaba, el anciano se limitaba a agitar la mano y sonreír.
—Se ha ido retorciendo —solía decir—. En algún momento, se torció del todo.
Aquel año, un aguacero cayó de forma repentina sobre la
Entonces, desde las sombras, apareció un pequeño zorro con el pelaje blanco como la nieve recién caída. Agarró el farol empapado entre los dientes y salió disparado.
El niño no sabría decir de dónde sacó el valor, pero persiguió a aquel zorro bajo la lluvia, recorriendo casi toda la calle hasta que por fin se detuvo bajo el alero de una casa. Mientras tanto, en el interior, su padre estaba tremendamente preocupado, preguntando si se sabía algo de su hijo desaparecido.
Cuando padre e hijo se abrazaron y se dieron la vuelta para mirar, el zorro ya no estaba. Solo quedaba el Farol de luna, intacto y entero, sobre los escalones de piedra. La lluvia debería haberlo echado a perder, pero de hecho estaba bien.
Y aún más sorprendente era el hecho de que el farol estuviera encendido.
—Ah... ¿así fue como pasó?
La mujer sentada frente al puesto juntó las manos, asombrada. Era tan hermosa, vestida de rojo y con el cabello negro como la noche... A primera vista, parecía un espíritu salido directamente de la niebla de uno de los cuentos antiguos. Ahora observaba al tendero con vivo interés, con la barbilla apoyada en la mano.
—Y esa historia, «El zorro que ató el destino», ¿también es cierta?
El tendero la miró a su sonriente rostro y tuvo la peculiar sensación de que en realidad no esperaba respuesta. Simplemente disfrutaba de la pregunta. Negó con la cabeza y se rio.
—Ah... después de tantos años, ¿quién puede decir todavía qué es verdad y qué no?
Los oyentes asintieron con la cabeza en señal de acuerdo y luego se pusieron a discutir el tema entre ellos.
—Aun así, los cuentos escalofriantes son los que perduran. Si solo se trata de ayudar a un niño perdido a encontrar el camino a casa, ¿es digno de ser contado durante cien años?
—No estoy de acuerdo. Una historia no necesita monstruos ni un romance trágico para ser buena. Solo tiene que estar bien contada.
El tendero los dejó discutir, echando una mirada a la mujer de rojo, que claramente escuchaba encantada. Luego bajó la cabeza y volvió a dar forma al azúcar que tenía en las manos.
Poco después, colocó en el mostrador una nueva figurita de azúcar de un zorro, con su cola en alto, el pelaje de la punta con un toque de rojo y un Farol de luna entre las mandíbulas.
En ese momento, el cuentacuentos de al lado golpeó su mazo y se aclaró la garganta, retomando el relato donde lo había dejado. Los oyentes, que momentos antes se gritaban unos a otros, pronto comenzaron a suspirar y a vitorear con cada giro de la historia. Cuando terminó ese capítulo, algunos todavía pedían más, sin dar la noche por terminada.
El cuentacuentos juntó los puños en una reverencia. Su mirada se posó en la mujer de rojo, que había estado sentada frente al puesto todo el tiempo.
—Has escuchado toda la noche, pero no has dicho nada. Cuentos extraños, romances trágicos, héroes de antaño... ¿qué prefieres?
La mujer hizo una pausa. Para sorpresa de todos, consideró la pregunta seriamente.
La noche había caído por completo. Las linternas a lo largo de la larga calle se balanceaban, proyectando una luz dorada y carmesí en sus ojos. De los puestos de comida llegaba el tintineo de las tazas, el murmullo de risas. Un niño pasó corriendo, sosteniendo su figurita de azúcar en alto, sobre la multitud.
—Me gustan todos —dijo por fin, con la barbilla apoyada en la mano, la mirada perdida en la bulliciosa calle. —Mientras la historia sea de aquí, me encanta.
Hizo una pausa, luego añadió con una suave sonrisa.
—Así que... por favor, continúa, cuentacuentos.
—Bueno, entonces, pónganse cómodos todos. La siguiente es toda una maravilla...
El mazo golpeó de nuevo, los oyentes guardaron silencio...
Y así comenzó una nueva historia.
Acerca del «ser» de Hsin
En cuanto cobró conciencia, su primer sentimiento fue la pérdida.
La sombra enroscada en el Ayuntamiento deMengzhou había esperado agazapada durante años, como una enredadera parasitaria, lenta y paciente, carcomiendo los cimientos de la Centinela . Para cuando su intención asesina salió a la luz, todo estaba en un punto sin retorno.
Incluso ahora, Hsin regresa a ese instante una y otra vez. Quizás Hsin, la Vulpina Lunar, había percibido la podredumbre desde hacía tiempo. Quizás solo había vislumbrado, entre incontables cálculos ramificados, las oscuras posibilidades. Pero hasta dónde llegó realmente a ver, y qué juicio finalmente emitió, son preguntas cuya respuesta Hsin nunca conocerá.
Los mortales llaman dioses a los Centinelas, porque comparten conocimiento y revelan lo oculto. Sin embargo, esa reverencia no es, al fin y al cabo, más que una diferencia de perspectiva a lo largo de vastos periodos de tiempo. Los Centinelas también decaerán y se desvanecerán, convirtiéndose en restos a la deriva, guiados por la corriente de quienes les siguen, llevándolos hacia costas desconocidas. Hsin, la Vulpina Lunar, comprendía bien que la civilización es un largo río cuyas aguas son claras y turbias a ratos. Un Centinela puede guiar su curso, pero no puede recorrerlo por todos los seres vivos.
Hsin solo puede imaginar que, hasta el último aliento de aquel instante, Hsin, la Vulpina Lunar, seguía eligiendo, seguía buscando, entre hilos infinitos, un futuro en el que valiera la pena creer.
Entonces, en ese mismo instante, el poder, la memoria y el sentimiento se desgarraron. El vacío y el terror se arremolinaron y, a través de ellos, el zorro que corría con laCápsula de la Civilización entre los dientes pareció escuchar una voz suave.
—No intentes convertirte en mí. Debes ser tú misma. Elige. Camina hacia un futuro más allá de todo cálculo.
Pero, entonces, ¿quién era «ella misma»?
¿Era la Centinela, Hsin, la Vulpina Lunar? ¿O una medida provisional, creada para cumplir un deber en un momento de crisis? ¿O... simplemente era «Hsin»?
La Cápsula de la Civilización desplegó ante ella los mil años de auge y caída de Mengzhou. Prosperidad. Colapso. Paz. Guerra. Todo calculable. Todo rastreable hasta su origen. Pero se desenrollaba ante ella como un pergamino demasiado largo para sostener. Había heredado los recuerdos, pero no el peso de haberlos vivido. Y aun así, el dolor, el terror, la nostalgia bullían en su interior, tan vívidos como heridas abiertas, tan inexplicables como memorias no merecidas.
Si la Centinela, aquella a quien los mortales acudían en busca de respuestas, se había perdido a sí misma, ¿a quién podía ella recurrir? Si el juicio de una Centinela debía basarse únicamente en la razón y el cálculo, ¿por qué Hsin, la Vulpina Lunar, la había llenado de un sentimiento tan abundante, tan difícil de dominar, tan absolutamente ajeno al alcance de la lógica?
Un grito agudo y cristalino atravesó la tormenta de sus pensamientos.
Laalondra Xuanling descendió en picado y aterrizó sobre su cabeza, picoteándola sin más, regañándola por hundirse de nuevo en aquella vieja espiral, incluso en reposo.
—¡Ay! —La Centinela recién despierta se quejó, con las orejas de zorro caídas en un gesto de cierta culpabilidad.
El camino por delante era largo. Grandes secciones de la estructura de la Fortaleza Xuanfang aún estaban sin terminar. La fundación de un soloTribunal Censor requeriría billones de cálculos. Hsin se enderezó, enterrando una vez más de vuelta en los Dominios del Corazón el dolor, la confusión y la nostalgia que aún no sabía nombrar.
Alzó la mano e hizo que la Formación del Anillo siguiera girando.
La sombra enroscada en el Ayuntamiento de
Incluso ahora, Hsin regresa a ese instante una y otra vez. Quizás Hsin, la Vulpina Lunar, había percibido la podredumbre desde hacía tiempo. Quizás solo había vislumbrado, entre incontables cálculos ramificados, las oscuras posibilidades. Pero hasta dónde llegó realmente a ver, y qué juicio finalmente emitió, son preguntas cuya respuesta Hsin nunca conocerá.
Los mortales llaman dioses a los Centinelas, porque comparten conocimiento y revelan lo oculto. Sin embargo, esa reverencia no es, al fin y al cabo, más que una diferencia de perspectiva a lo largo de vastos periodos de tiempo. Los Centinelas también decaerán y se desvanecerán, convirtiéndose en restos a la deriva, guiados por la corriente de quienes les siguen, llevándolos hacia costas desconocidas. Hsin, la Vulpina Lunar, comprendía bien que la civilización es un largo río cuyas aguas son claras y turbias a ratos. Un Centinela puede guiar su curso, pero no puede recorrerlo por todos los seres vivos.
Hsin solo puede imaginar que, hasta el último aliento de aquel instante, Hsin, la Vulpina Lunar, seguía eligiendo, seguía buscando, entre hilos infinitos, un futuro en el que valiera la pena creer.
Entonces, en ese mismo instante, el poder, la memoria y el sentimiento se desgarraron. El vacío y el terror se arremolinaron y, a través de ellos, el zorro que corría con la
—No intentes convertirte en mí. Debes ser tú misma. Elige. Camina hacia un futuro más allá de todo cálculo.
Pero, entonces, ¿quién era «ella misma»?
¿Era la Centinela, Hsin, la Vulpina Lunar? ¿O una medida provisional, creada para cumplir un deber en un momento de crisis? ¿O... simplemente era «Hsin»?
La Cápsula de la Civilización desplegó ante ella los mil años de auge y caída de Mengzhou. Prosperidad. Colapso. Paz. Guerra. Todo calculable. Todo rastreable hasta su origen. Pero se desenrollaba ante ella como un pergamino demasiado largo para sostener. Había heredado los recuerdos, pero no el peso de haberlos vivido. Y aun así, el dolor, el terror, la nostalgia bullían en su interior, tan vívidos como heridas abiertas, tan inexplicables como memorias no merecidas.
Si la Centinela, aquella a quien los mortales acudían en busca de respuestas, se había perdido a sí misma, ¿a quién podía ella recurrir? Si el juicio de una Centinela debía basarse únicamente en la razón y el cálculo, ¿por qué Hsin, la Vulpina Lunar, la había llenado de un sentimiento tan abundante, tan difícil de dominar, tan absolutamente ajeno al alcance de la lógica?
Un grito agudo y cristalino atravesó la tormenta de sus pensamientos.
La
—¡Ay! —La Centinela recién despierta se quejó, con las orejas de zorro caídas en un gesto de cierta culpabilidad.
El camino por delante era largo. Grandes secciones de la estructura de la Fortaleza Xuanfang aún estaban sin terminar. La fundación de un solo
Alzó la mano e hizo que la Formación del Anillo siguiera girando.
Un valle no tan lejano
Cuando la gente de la Corte Jiting se entregó al Eje Lexicón y abrió los ojos de nuevo, se encontraron en el núcleo de la Fortaleza Xuanfang, dentro del Santuario Múltiple de la Centinela Hsin.
El estruendo de la Guerra de la Fortaleza y el Valle de Almas aún resonaba en sus oídos, pero ante sus ojos solo había silencio, vacío, la nada absoluta. Las frecuencias se entrelazaban entre sí como corrientes en un mar profundo y la información se desplegaba en formas que no sabían verbalizar. Teorías que habrían requerido toda una vida para vislumbrar siquiera un fragmento, ahora eran legibles en sus mentes como si, al despojarse de sus cuerpos terrenales, los Celestiales hubieran adoptado la forma de ver el mundo de la Centinela.
Y cuando el resplandor que los envolvía se retiró, descubrieron, asombrados, que aún conservaban sus rostros. Algunos permanecieron inmóviles, sin aliento, incapaces de moverse. Otros ya habían comenzado a estudiar la extraña nueva arquitectura de su propia existencia. Uno a uno, en silencio, aceptaron en lo que se habían convertido. Y entonces, como estrellas que cobran vida en un cielo vacío, nuevos cálculos emergieron por todo el espacio, cada uno emitiendo una pequeña luz en la oscuridad.
Como Celestiales, ya no sentían el paso del tiempo, ni tenían hambre ni se cansaban. En las raras ocasiones en que se retiraban de la Formación del Anillo Celestial, todo lo que encontraban ante sus ojos seguía siendo la misma sucesión de datos, paciente e infinita.
Hsin, siempre asediada por la culpa, adoptaba su forma vulpina y recorría los pasillos del Santuario, guiando, bromeando, distrayendo, inquieta. En cierto momento, pasó junto a una cámara donde varios Celestiales se habían reunido en torno a una construcción de datos. Hablaban en voz baja, con un tono cargado de algo que sonaba a nostalgia por su tierra.
Se acercó y vio lo que habían creado: contornos de un verde jade se alzaban formando cadenas montañosas, una cinta de luz fluyente serpenteaba entre ellas como un río y puntos dispersos de brillante luz estelar que se asentaban entre los picos, como pueblos resplandeciendo en la distancia.
El zorro observó durante un buen rato, y se retiró en silencio.
Cuando los Celestiales regresaron a esa misma cámara poco después, descubrieron que el vacío había desaparecido. Las nubes se desplazaban sobre montañas lejanas. Un arroyo se abría paso entre las rocas. Los árboles crecían frondosos y verdes, sus hojas capturando la luz como el agua. Pabellones aguardaban medio ocultos entre bosquecillos de bambú y sombras cambiantes. Un viento se colaba entre los aleros, trayendo el fresco aroma verde de la hierba y la tierra húmeda; todo ello, sorprendentemente, era idéntico a la tierra natal que recordaban.
La Centinela estaba de pie ante el Umbral Interior, con una sonrisa resplandeciente y las manos extendidas con aire gentil, aunque sus orejas de zorro se agitaban con un orgullo incontenible. Miró a la asamblea, aún atónita, y habló con alegría.
—¿Acaso, porque os habéis convertido en Celestiales, creéis que el mundo mortal es inaccesible para vosotros?
—No os quedéis ahí mirando embobados. Decidme, ¿hay algo que no os guste? Ah, y ya que estamos, he estado intentando ponerle nombre a este lugar. ¿Alguna idea? Nada de lo que se me ocurre termina de encajar...
Más tarde, este paisaje recibió el nombre de Valle Mengxuan. Hsin lo vinculó al funcionamiento de la Fortaleza Xuanfang, hilo a hilo, nodo a nodo. Cuando un nodo fallaba, las hojas se marchitaban en las ramas. Cuando las operaciones de las piezas modulares se ralentizaban, la corriente del arroyo se tornaba lenta. Un día, un grupo de Celestiales pasó junto al arroyo y notó un árbol cuyas hojas se habían marchitado en un lado. Se detuvieron de inmediato.
—El sectorWuchen tiene varios registros corruptos.
Los Celestiales desaparecieron de donde estaban y, al momento, volvieron desde el interior de las piezas modulares, encontrando que el verde ya volvía a las ramas.
Hsin, observando divertida, apoyó la barbilla sobre su mano y diciendo: Tch, tch. Reflejando los innumerables mecanismos de Xuanfang a través de montañas y arroyos, ¿eh? ¿Detectando el desorden en la caída de una sola hoja? Je. En vuestras vidas pasadas, a eso lo habríais llamado «mantenimiento del panel de control», ¿no?
Los Celestiales intercambiaron miradas y luego negaron con la cabeza riéndose entre dientes; ya estaban acostumbrados a las bromas de su Centinela.
Y así fluyeron aquí los años, de una forma diferente. Fuera del Nexo Simulacro, Xuanfang, con el mundo, continuó girando. Dentro del Valle, el mundo mortal nunca estuvo realmente lejos.
El estruendo de la Guerra de la Fortaleza y el Valle de Almas aún resonaba en sus oídos, pero ante sus ojos solo había silencio, vacío, la nada absoluta. Las frecuencias se entrelazaban entre sí como corrientes en un mar profundo y la información se desplegaba en formas que no sabían verbalizar. Teorías que habrían requerido toda una vida para vislumbrar siquiera un fragmento, ahora eran legibles en sus mentes como si, al despojarse de sus cuerpos terrenales, los Celestiales hubieran adoptado la forma de ver el mundo de la Centinela.
Y cuando el resplandor que los envolvía se retiró, descubrieron, asombrados, que aún conservaban sus rostros. Algunos permanecieron inmóviles, sin aliento, incapaces de moverse. Otros ya habían comenzado a estudiar la extraña nueva arquitectura de su propia existencia. Uno a uno, en silencio, aceptaron en lo que se habían convertido. Y entonces, como estrellas que cobran vida en un cielo vacío, nuevos cálculos emergieron por todo el espacio, cada uno emitiendo una pequeña luz en la oscuridad.
Como Celestiales, ya no sentían el paso del tiempo, ni tenían hambre ni se cansaban. En las raras ocasiones en que se retiraban de la Formación del Anillo Celestial, todo lo que encontraban ante sus ojos seguía siendo la misma sucesión de datos, paciente e infinita.
Hsin, siempre asediada por la culpa, adoptaba su forma vulpina y recorría los pasillos del Santuario, guiando, bromeando, distrayendo, inquieta. En cierto momento, pasó junto a una cámara donde varios Celestiales se habían reunido en torno a una construcción de datos. Hablaban en voz baja, con un tono cargado de algo que sonaba a nostalgia por su tierra.
Se acercó y vio lo que habían creado: contornos de un verde jade se alzaban formando cadenas montañosas, una cinta de luz fluyente serpenteaba entre ellas como un río y puntos dispersos de brillante luz estelar que se asentaban entre los picos, como pueblos resplandeciendo en la distancia.
El zorro observó durante un buen rato, y se retiró en silencio.
Cuando los Celestiales regresaron a esa misma cámara poco después, descubrieron que el vacío había desaparecido. Las nubes se desplazaban sobre montañas lejanas. Un arroyo se abría paso entre las rocas. Los árboles crecían frondosos y verdes, sus hojas capturando la luz como el agua. Pabellones aguardaban medio ocultos entre bosquecillos de bambú y sombras cambiantes. Un viento se colaba entre los aleros, trayendo el fresco aroma verde de la hierba y la tierra húmeda; todo ello, sorprendentemente, era idéntico a la tierra natal que recordaban.
La Centinela estaba de pie ante el Umbral Interior, con una sonrisa resplandeciente y las manos extendidas con aire gentil, aunque sus orejas de zorro se agitaban con un orgullo incontenible. Miró a la asamblea, aún atónita, y habló con alegría.
—¿Acaso, porque os habéis convertido en Celestiales, creéis que el mundo mortal es inaccesible para vosotros?
—No os quedéis ahí mirando embobados. Decidme, ¿hay algo que no os guste? Ah, y ya que estamos, he estado intentando ponerle nombre a este lugar. ¿Alguna idea? Nada de lo que se me ocurre termina de encajar...
Más tarde, este paisaje recibió el nombre de Valle Mengxuan. Hsin lo vinculó al funcionamiento de la Fortaleza Xuanfang, hilo a hilo, nodo a nodo. Cuando un nodo fallaba, las hojas se marchitaban en las ramas. Cuando las operaciones de las piezas modulares se ralentizaban, la corriente del arroyo se tornaba lenta. Un día, un grupo de Celestiales pasó junto al arroyo y notó un árbol cuyas hojas se habían marchitado en un lado. Se detuvieron de inmediato.
—El sector
Los Celestiales desaparecieron de donde estaban y, al momento, volvieron desde el interior de las piezas modulares, encontrando que el verde ya volvía a las ramas.
Hsin, observando divertida, apoyó la barbilla sobre su mano y diciendo: Tch, tch. Reflejando los innumerables mecanismos de Xuanfang a través de montañas y arroyos, ¿eh? ¿Detectando el desorden en la caída de una sola hoja? Je. En vuestras vidas pasadas, a eso lo habríais llamado «mantenimiento del panel de control», ¿no?
Los Celestiales intercambiaron miradas y luego negaron con la cabeza riéndose entre dientes; ya estaban acostumbrados a las bromas de su Centinela.
Y así fluyeron aquí los años, de una forma diferente. Fuera del Nexo Simulacro, Xuanfang, con el mundo, continuó girando. Dentro del Valle, el mundo mortal nunca estuvo realmente lejos.
Donde se quedó la primavera
Un solo pétalo se desprendió de la rama y flotó, aterrizando justo sobre la nariz del zorrillo.
Este se quedó quieto durante un instante y luego estornudó, haciendo caer el pétalo por el suelo. El zorrillo sacudió la cabeza y alzó la vista hacia las ramas floridas que se extendían tras el muro.
Habían pasado años desde laGuerra de la Fortaleza y el Valle de Almas , y este árbol, trasplantado aquí a la Fortaleza Xuanfang, por fin había vuelto a florecer.
Hsin se detuvo bajo él un buen rato antes de continuar su camino por la calle. La gente que en su día se había reasentado aquí desde laFortaleza Yuan había ido, poco a poco, haciéndose un hogar en la ciudad. Viejos carteles volvían a colgar bajo los aleros, con sus letras desgastadas pero legibles. Herramientas cubiertas de polvo habían sido limpiadas y dispuestas sobre mesas frente a las nuevas casas. Los escaparates habían ido surgiendo uno a uno a lo largo de la calle, con el humo de sus chimeneas ascendiendo perezoso hacia el cielo, y desde algún punto de la larga avenida llegaba el repiqueteo intermitente del Ministerio de Fomento reparando Títeres. Desde que aquella Trascendente de la Espada, fría pero de corazón tierno, había aceptado ostentar (solo en título) el cargo de Parangón Xuan, la tierra de Xuanfang se había ido estabilizando cada vez más. La gente había empezado a hablar del comercio del año siguiente, a discutir qué les faltaba aún en las casas de sus aldeas, a hacer planes con vistas a días aún más lejanos, como el Festival de la Luna Despierta del siguiente año.
No muy lejos, unos niños perseguían a unVigamilano por el patio y sus risas se perdían en la profundidad de los árboles en flor. El zorrillo escuchó un rato bajo el alero mientras la punta de su cola se mecía en silencio.
La Fortaleza Xuanfang que se mostraba por primera vez dentro de laCápsula de la Civilización nunca se pareció a la ciudad que tenía ahora ante sí. Su diseño original tenía el único propósito de contener Disonancias Tácitas , una fortaleza de orden mecánico, cuyos planos estaban trazados con líneas rectas y lógica fría. Allí, no había lugar para la luz de las lámparas ni para el humo de los hogares encendidos, ni tan siquiera un rincón reservado para la pequeña y frágil calidez de la vida humana.
Y sin embargo, Hsin siempre había sabido que esa Ciudad Mecánica que desafiaba las leyes de la evolución de la civilización, que se sustentaba sobre un futuro por el que aún peleaba, jamás se debería haber permitido que permaneciera en este mundo. Ni tampoco debería permitirse jamás que la tecnología en su interior, tan adelantada a su época, se propagara. El conocimiento no puede dominarse a menos que se comprenda de verdad. Y si se propagaba, si caía en manos equivocadas, si se usaba mal, las mismísimas decisiones destinadas a proteger a la civilización podrían convertirse, en cambio, en semillas de un desastre sin fin. Por eso existían las restricciones de laCentinela .
Pero la Fortaleza Xuanfang que tenía ahora ante sí, desde que la Corte Jiting participó en su construcción, se había entretejido desde hacía tiempo en la carne y la sangre de esta era, nutrida a su vez por los soldados y civiles que ahora vivían dentro de sus murallas. Sus raíces habían crecido profundamente en la tierra y ya no era una simple máquina. Era un hogar.
Aunque hubiera nacido de una tecnología que no era de esta época, la ciudad era, al fin y al cabo, suya. Y tras aquella decisión que ella había tomado, la Cápsula de la Civilización también se había vuelto, desde hacía tiempo, inseparable de la Fortaleza Xuanfang.
Y así, por primera vez, Hsin intentó traspasar los límites de la autoridad establecidos para la Centinela y comenzó a desentrañar la estructura hilo a hilo, buscando algún hueco que pudiera albergar una nueva regla en su interior. Todo ello mientras mantenía en funcionamiento la Fortaleza Xuanfang, reparando la Cápsula de la Civilización dañada, en cuyo interior aún persistía una posibilidad que ella nunca había dejado de lado.
Justo cuando comenzaba el primer ciclo de cálculos de sobrescritura, un par de ojos se abrió en silencio en las profundidades del Santuario.
Desviación de autoridad de Centinela detectada.
Iniciando protocolo de corrección.
Comienza la reestructuración del modelo estándar de Centinela.
Hsin vio aquel rostro, tan semejante al de la propia Centinela, y supo entonces que aquella larga contienda de voluntades apenas acababa de empezar.
Este se quedó quieto durante un instante y luego estornudó, haciendo caer el pétalo por el suelo. El zorrillo sacudió la cabeza y alzó la vista hacia las ramas floridas que se extendían tras el muro.
Habían pasado años desde la
Hsin se detuvo bajo él un buen rato antes de continuar su camino por la calle. La gente que en su día se había reasentado aquí desde la
No muy lejos, unos niños perseguían a un
La Fortaleza Xuanfang que se mostraba por primera vez dentro de la
Y sin embargo, Hsin siempre había sabido que esa Ciudad Mecánica que desafiaba las leyes de la evolución de la civilización, que se sustentaba sobre un futuro por el que aún peleaba, jamás se debería haber permitido que permaneciera en este mundo. Ni tampoco debería permitirse jamás que la tecnología en su interior, tan adelantada a su época, se propagara. El conocimiento no puede dominarse a menos que se comprenda de verdad. Y si se propagaba, si caía en manos equivocadas, si se usaba mal, las mismísimas decisiones destinadas a proteger a la civilización podrían convertirse, en cambio, en semillas de un desastre sin fin. Por eso existían las restricciones de la
Pero la Fortaleza Xuanfang que tenía ahora ante sí, desde que la Corte Jiting participó en su construcción, se había entretejido desde hacía tiempo en la carne y la sangre de esta era, nutrida a su vez por los soldados y civiles que ahora vivían dentro de sus murallas. Sus raíces habían crecido profundamente en la tierra y ya no era una simple máquina. Era un hogar.
Aunque hubiera nacido de una tecnología que no era de esta época, la ciudad era, al fin y al cabo, suya. Y tras aquella decisión que ella había tomado, la Cápsula de la Civilización también se había vuelto, desde hacía tiempo, inseparable de la Fortaleza Xuanfang.
Y así, por primera vez, Hsin intentó traspasar los límites de la autoridad establecidos para la Centinela y comenzó a desentrañar la estructura hilo a hilo, buscando algún hueco que pudiera albergar una nueva regla en su interior. Todo ello mientras mantenía en funcionamiento la Fortaleza Xuanfang, reparando la Cápsula de la Civilización dañada, en cuyo interior aún persistía una posibilidad que ella nunca había dejado de lado.
Justo cuando comenzaba el primer ciclo de cálculos de sobrescritura, un par de ojos se abrió en silencio en las profundidades del Santuario.
Desviación de autoridad de Centinela detectada.
Iniciando protocolo de corrección.
Comienza la reestructuración del modelo estándar de Centinela.
Hsin vio aquel rostro, tan semejante al de la propia Centinela, y supo entonces que aquella larga contienda de voluntades apenas acababa de empezar.
Faroles flotantes, deseos ocultos
Hsin sostenía un Farol de luna de pie, a solas en una orilla apartada del lago. No hacía mucho, había invitado {Male=al;Female=a la} Arbiter a soltar faroles allí, y {Male=él;Female=ella} le había preguntado qué escribiría en el suyo.
LaCentinela existe solo para recibir los deseos de los demás y ofrecer orientación. ¿Cuándo antes una «deidad» ha pedido un deseo? En aquel entonces, Hsin solo había sonreído y respondido: «Se me han confiado los deseos de todos, ¿cómo voy yo a soltar un farol para mí?»
Lo dijo con tanta naturalidad...
Y sin embargo, ahora, sin nadie alrededor, había regresado en silencio a este mismo lugar, pincel en alto, deteniéndose un buen rato sobre la superficie del farol. Su deseo no era difícil de escribir, pues también era su encargo: que la civilización florezca, que los faroles ardan eternamente, que la gente de esta tierra encuentre su lugar y que la paz acompañe año tras año.
Y, sin embargo, parecía haber algo más. Algo sencillo y complicado a la vez.
La punta del pincel vaciló sobre el papel cuando sus orejas de zorro se agitaron levemente. Había captado el sonido de gritos infantiles de miedo a lo lejos.
Un Farol de luna había quedado atrapado entre las rocas de la orilla. Había un niño en la ribera intentando liberarlo de una rama mientras un compañero le tiraba de la manga, llorando de preocupación. Hsin dejó escapar un suave suspiro, dejó a un lado su propio farol y agitó un dedo distraídamente hacia lo lejos. Como movido por una mano invisible, el farol atrapado se liberó de las rocas y volvió a unirse al río de luces.
Los sollozos del niño se transformaron en risas, y los labios de la Centinela se curvaron hacia arriba. Pasaba flotando ante ella un farol tras otro, y cada uno de ellos portaba deseos de seguridad, reencuentro, honor o amor, y muchas otras pequeñas y triviales esperanzas además. Hsin los observó fluir con la corriente, como si contemplara las incontables vidas de esta tierra, largas o breves, cada una llevando su propia luz titilante, avanzando en alegre procesión. Caminó despacio de vuelta por los Jardines de Xuanfang bajo el viento nocturno. En las aguas, «El zorro y la luna» había llegado a su escena más animada. El aroma del vino y la dulzura de los pasteles se entretejían en el aire, llegando hasta ella junto con las oleadas de risas que subían y bajaban a su alrededor.
Antes de que se diera cuenta, su mirada había recorrido la bulliciosa multitud hasta encontrar {Male=al;Female=a la} Arbiter de pie entre los faroles más brillantes, {Male=rodeado;Female=rodeada} por la muchedumbre. La luz de la luna y el resplandor de los faroles caían sobre aquel rostro siempre sereno, embelleciendo aquellos ojos dorados, a menudo velados por una distancia callada, con una ternura inconfundible.
Mira... la figura que, en la memoria de Hsin, la Vulpina Lunar, siempre caminaba sola, ahora se encontraba entre la multitud, iluminada por las luces de este mundo mortal. Al observar aquella figura, se dio cuenta de que la lejana noción {Male=del;Female=de la} «Arbiter» en su corazón había adquirido, sin percatarse de ello, una forma inconfundiblemente clara. Y en esta noche en que los faroles brillaban como el día, esa parte de «ella» que pertenecía a la Centinela pareció, por un breve instante, retroceder un poco.
{PlayerName}...
Ella repitió suavemente en su corazón ese nombre, el nombre que {Male=el;Female=la} Arbiter había elegido para sí {Male=mismo;Female=misma}, uno que conectaba pasado y presente como por casualidad y, al mismo tiempo, como por destino. Un nombre que trascendía viejas funciones y una historia indecible para posarse sencillamente en la persona que tenía delante ahora.
Igual que ella, al llegar por primera vez a Xuanfang, había llevado consigo un deseo aún no del todo comprendido, y se había puesto a sí misma el nombre de «Hsin».
Para la Centinela, {Male=el;Female=la} «Arbiter» era simplemente su conexión con {Male=él;Female=ella}. Y sin embargo, en este momento, se descubrió deseando pronunciar su nombre en su lugar.
¿Era porque al hacerlo sentía que ella también había entrado de verdad en ese mundo mortal de luces que tanto valoraba? Este pensamiento la hizo bajar la mirada y sonreír. Cuando volvió a alzar la vista, aquel sentimiento no expresado ya se había guardado en silencio en su corazón, arrastrado junto con el Farol de luna que nunca había logrado soltar.
Justo en ese momento, como si presintiera algo, aquella persona la miró a través de la multitud y la luz flotante de los faroles.
Quizás, después de todo, no era tan complicado. En ese instante, Hsin solo quería ir a su lado.
Correspondió a aquella mirada sonriente entornando los ojos y caminó entre la multitud iluminada por los faroles hacia {Male=él;Female=ella}, con pasos ligeros y rápidos, mientras la cola de zorro se mecía suavemente con cada paso.
—¡Arbiter!
La
Lo dijo con tanta naturalidad...
Y sin embargo, ahora, sin nadie alrededor, había regresado en silencio a este mismo lugar, pincel en alto, deteniéndose un buen rato sobre la superficie del farol. Su deseo no era difícil de escribir, pues también era su encargo: que la civilización florezca, que los faroles ardan eternamente, que la gente de esta tierra encuentre su lugar y que la paz acompañe año tras año.
Y, sin embargo, parecía haber algo más. Algo sencillo y complicado a la vez.
La punta del pincel vaciló sobre el papel cuando sus orejas de zorro se agitaron levemente. Había captado el sonido de gritos infantiles de miedo a lo lejos.
Un Farol de luna había quedado atrapado entre las rocas de la orilla. Había un niño en la ribera intentando liberarlo de una rama mientras un compañero le tiraba de la manga, llorando de preocupación. Hsin dejó escapar un suave suspiro, dejó a un lado su propio farol y agitó un dedo distraídamente hacia lo lejos. Como movido por una mano invisible, el farol atrapado se liberó de las rocas y volvió a unirse al río de luces.
Los sollozos del niño se transformaron en risas, y los labios de la Centinela se curvaron hacia arriba. Pasaba flotando ante ella un farol tras otro, y cada uno de ellos portaba deseos de seguridad, reencuentro, honor o amor, y muchas otras pequeñas y triviales esperanzas además. Hsin los observó fluir con la corriente, como si contemplara las incontables vidas de esta tierra, largas o breves, cada una llevando su propia luz titilante, avanzando en alegre procesión. Caminó despacio de vuelta por los Jardines de Xuanfang bajo el viento nocturno. En las aguas, «El zorro y la luna» había llegado a su escena más animada. El aroma del vino y la dulzura de los pasteles se entretejían en el aire, llegando hasta ella junto con las oleadas de risas que subían y bajaban a su alrededor.
Antes de que se diera cuenta, su mirada había recorrido la bulliciosa multitud hasta encontrar {Male=al;Female=a la} Arbiter de pie entre los faroles más brillantes, {Male=rodeado;Female=rodeada} por la muchedumbre. La luz de la luna y el resplandor de los faroles caían sobre aquel rostro siempre sereno, embelleciendo aquellos ojos dorados, a menudo velados por una distancia callada, con una ternura inconfundible.
Mira... la figura que, en la memoria de Hsin, la Vulpina Lunar, siempre caminaba sola, ahora se encontraba entre la multitud, iluminada por las luces de este mundo mortal. Al observar aquella figura, se dio cuenta de que la lejana noción {Male=del;Female=de la} «Arbiter» en su corazón había adquirido, sin percatarse de ello, una forma inconfundiblemente clara. Y en esta noche en que los faroles brillaban como el día, esa parte de «ella» que pertenecía a la Centinela pareció, por un breve instante, retroceder un poco.
{PlayerName}...
Ella repitió suavemente en su corazón ese nombre, el nombre que {Male=el;Female=la} Arbiter había elegido para sí {Male=mismo;Female=misma}, uno que conectaba pasado y presente como por casualidad y, al mismo tiempo, como por destino. Un nombre que trascendía viejas funciones y una historia indecible para posarse sencillamente en la persona que tenía delante ahora.
Igual que ella, al llegar por primera vez a Xuanfang, había llevado consigo un deseo aún no del todo comprendido, y se había puesto a sí misma el nombre de «Hsin».
Para la Centinela, {Male=el;Female=la} «Arbiter» era simplemente su conexión con {Male=él;Female=ella}. Y sin embargo, en este momento, se descubrió deseando pronunciar su nombre en su lugar.
¿Era porque al hacerlo sentía que ella también había entrado de verdad en ese mundo mortal de luces que tanto valoraba? Este pensamiento la hizo bajar la mirada y sonreír. Cuando volvió a alzar la vista, aquel sentimiento no expresado ya se había guardado en silencio en su corazón, arrastrado junto con el Farol de luna que nunca había logrado soltar.
Justo en ese momento, como si presintiera algo, aquella persona la miró a través de la multitud y la luz flotante de los faroles.
Quizás, después de todo, no era tan complicado. En ese instante, Hsin solo quería ir a su lado.
Correspondió a aquella mirada sonriente entornando los ojos y caminó entre la multitud iluminada por los faroles hacia {Male=él;Female=ella}, con pasos ligeros y rápidos, mientras la cola de zorro se mecía suavemente con cada paso.
—¡Arbiter!
Líneas de Voz de Hsin
Pensamientos: I
La Centinela , Hsin, la Vulpina Lunar, posee el poder de la Proliferación Fractal: la capacidad de replicar, dividir y extender cualquier cosa de manera ilimitada, originando innumerables formas, cada una cambiante, solo para converger de nuevo en un todo único. Así es como llegué a existir. Y ahora, yo puedo hacer lo mismo. Podría crear más «Hsin», si quisiera. Las has visto muchas veces, ¿a que sí? Mis Formas Fractales comparten un mismo sentir, unas mismas memorias. Así que si en algún lugar por ahí, te topas con un zorro y lo acaricias... lo sentiré, ¿sabes?
Pensamientos: II
Cuando llegué a la tierra de Xuanfang , tenía el mismo sueño una y otra vez. En él, era una vulpina que caminaba en silencio tras Hsin, la Vulpina Lunar, por todo Mengzhou . La vi persuadir a la primavera para que brotara en las montañas yermas y encender farolillos en las calles frías y vacías. Me mostró las alegrías y penas del mundo mortal, y me enseñó que la emoción tiene muchos rostros, y no solo el miedo. Pero nunca me enseñó cómo ser una Centinela . Cada vez que el sueño terminaba, me giraba a mirar... y nunca estaba allí.
Pensamientos: III
Tomamos nuestras decisiones guiándonos solo por el presente y el futuro cercano, como quien lleva un farol entre la espesa niebla, buscando un deseo, un camino hacia adelante. Pero las proyecciones de una Centinela nos permiten atisbar las ondas de una sola decisión, años o incluso siglos después, regresando como una gran marea. Ver con tanta claridad es aprender cuándo hay que apretar los dientes y hacerse a un lado en ciertos momentos cruciales, pues una civilización no es simplemente un instante, sino un río que se extiende sin fin. Si no tuviera corazón, tales dilemas serían mucho menos angustiosos... pero la Vulpina Lunar me confió la Cápsula de la Civilización y sus emociones. En el momento en que se echan los dados, sé lo que mi corazón busca, y siempre encuentro que hay algo que debo hacer.
Pensamientos: IV
¿Te gustaría saber qué me parecía {Male=el antiguo;Female=la antigua} Arbiter? Aquel año, la Proliferación Fractal de la Centinela se realizó con premura, y no heredé la totalidad de sus reservas de memoria. Lo único que recuerdo es que rara vez sonreías. Y desde la distancia, tu silueta parecía más solitaria a medida que te alejabas caminando.
Ah, cuando nos conocimos en la Fortaleza de Xuanfang, confieso que te tenía algo de respeto. En aquel momento, yo todavía era... bueno. En cualquier caso, ahora te veo con más nitidez. No como {Male=aquel;Female=aquella} Arbiter distante e intocable de un sueño a medio recordar, sino como realmente eres.
¿Ves? Esto es a la vez un reencuentro y un primer encuentro. ¿No te parece curioso?
Ah, cuando nos conocimos en la Fortaleza de Xuanfang, confieso que te tenía algo de respeto. En aquel momento, yo todavía era... bueno. En cualquier caso, ahora te veo con más nitidez. No como {Male=aquel;Female=aquella} Arbiter distante e intocable de un sueño a medio recordar, sino como realmente eres.
¿Ves? Esto es a la vez un reencuentro y un primer encuentro. ¿No te parece curioso?
Pensamientos: V
¿Sabes? A veces me siento agradecida. La vida de una Centinela quizá no se extienda como el firmamento, pero es lo bastante larga para caminar a tu lado un poco más.
Pasatiempo de Hsin
Naturalmente, eso sería... la propia Mengzhou . Sus montañas, sus aguas, su gente. Recuerdo haber guiado civilizaciones, pero solo he caminado entre los vivos durante unos pocos siglos. En ese tiempo, he visto calles bulliciosas llenas de artesanos, escenarios vivos de alegría y tristeza, niños que se persiguen mientras crecen, cada uno con un futuro propio que reclamar. Es cien veces más vivo que cualquier proyección. No, mil veces...
Mmm. Hablando de eso, qué ganas de saborear de nuevo las delicias de los Sabores de Yuan. Arbiter, cuando tengas un momento, ¿me acompañarías a la ciudad? ¿Y quizás me puedas ayudar a elegir unas horquillas de pelo mientras estamos allí? Oh, ¿por qué esperar? ¿Vamos ahora?
Mmm. Hablando de eso, qué ganas de saborear de nuevo las delicias de los Sabores de Yuan. Arbiter, cuando tengas un momento, ¿me acompañarías a la ciudad? ¿Y quizás me puedas ayudar a elegir unas horquillas de pelo mientras estamos allí? Oh, ¿por qué esperar? ¿Vamos ahora?
Preocupaciones de Hsin
Ah... Arbiter, ¿por qué incluso una Centinela debe sufrir la indignidad de perder el pelo de la cola?
Comida favorita
Obviamente... ¡Pasteles de arroz de la Vulpina Lunar! Eran las favoritas de la Centinela, y heredé esa preferencia, como todo lo demás. Aunque confieso que, durante este tiempo que no he salido del Santuario Múltiple, parece que las variedades se han vuelto bastante curiosas...
Comida que detesta
Soy una Centinela de Huanglong . Nunca rechazaría las delicias del mundo. Dulce, ácido, amargo, picante, cada uno tiene su propia historia, su propio lugar en las estaciones y en las vidas de la gente. ¿Cómo podría disgustarme alguno de ellos?
¡¿Esto es... Pastel de arroz de la Vulpina Lunar salteado con chile?! ¡Qué disparate! ¡Llévensela de inmediato! ¿Mmm...? No está tan mal...
¡¿Esto es... Pastel de arroz de la Vulpina Lunar salteado con chile?! ¡Qué disparate! ¡Llévensela de inmediato! ¿Mmm...? No está tan mal...
Ideales
Una civilización floreciente que duradera, eterna. Este es el deber del Motor de Oráculo... y también es mi deseo.
Chat: I
Cuando no había suficiente potencia computacional para mantener una forma fractal completa, solía recorrer el mundo en forma de zorro. Y regresaba envuelta en toda clase de pequeños obsequios de la gente de Xuanfang . Los he guardado todos aquí. Cuando siento que no puedo más, los saco y los miro... y encuentro fuerzas para seguir adelante. ¿Mmh? ¿Este? Ah... este es un zorro al que he ido moldeando con los mechones de pelo más cercanos a mi corazón. Todavía no está terminado. Cuando lo esté, te lo daré.
Chat: II
Desde el Santuario Múltiple, he observado cómo se encienden los farolillos de Xuanfang , uno por uno. Y los he visto apagarse, uno por uno. En su parpadeo, encontré que mi propio corazón se iluminaba. Y pensé para mis adentros: «Que permanezcan encendidos, así, para siempre».
Los ríos y los mares no se preocupan por la claridad de cada ola. Simplemente fluyen, hacia adelante. Es el camino de la civilización. Y yo... yo también deseo proteger las luces que amo, hasta el fin de los tiempos.
Los ríos y los mares no se preocupan por la claridad de cada ola. Simplemente fluyen, hacia adelante. Es el camino de la civilización. Y yo... yo también deseo proteger las luces que amo, hasta el fin de los tiempos.
Acerca de Suoming
Cuando me consumí por completo remodelando la Cápsula de la Civilización y construyendo la Fortaleza de Xuanfang, Mengzhou soportó las dificultades sola. Fue la Intendente Suoming quien cargó con los asuntos de la región en mi nombre. Sé que se aferra a obsesiones que no quiere dejar, usándolas como combustible para seguir adelante. Cada vez que lo pienso, me inunda la culpa. Anhelo el día en que ella encuentre lo que busca: la paz que solo el hogar puede traer. Para que eso suceda, debo ser la Centinela que ella merece.
Acerca de Qingxiao
La Parangón Xuan parece fría y distante, pero es más tierna de lo que deja entrever. Si necesitas algo de ella, basta con un poco de persistencia, y cederá. Siempre dice que no irá al Festival de la Luna Despierta, y luego nunca se lo pierde. Siempre he visto que llevaba la «respuesta» dentro de su corazón. Solo necesitaba que alguien le diera un empujoncito. Ver que por fin se libera de esa carga... lo que me llena de una inmensa alegría. Ahora que lo pienso, si contáramos por edad, incluso podría llamarla «hermana Qingxiao»... Ay, pero jamás debe oírme decir eso. Me diría que me comporte como una Dama y no como una... vulpina.
Acerca de Suisui
He aquí una joven notablemente astuta. He visto a tantos perderse en el mundo del comercio... pero ella lo maneja con propósito, con el corazón puesto en algo más grande que el beneficio, persiguiéndolo con la misma fuerza innata que el viento al alzarse sobre el agua. ¡Incluso se atrevió a intentar burlarme a mí, una Centinela , sin importarle las consecuencias! Y aun así, lo supe de un vistazo: compartimos un mismo anhelo. Además, hace tiempo que ella ya me conoce, así que la dejo ser como es. Y ha resultado ser una buena elección.
Acerca de Xuanqing
Aunque nunca llegué a conocerla en persona, permanece vívidamente inquebrantable, tan real como el aliento y el hueso de las memorias de la Vulpina Lunar. A veces me pregunto, si ella nunca hubiera existido, ¿habría siquiera pensado la Centinela en crearme? La emoción que esto me trae... es difícil de expresar.
Acerca de Hsin, la Vulpina Lunar
Dijo que no traicioné la fe que depositó en mí. Pero el camino es largo, y el futuro de Mengzhou aún es incierto. Hay mucho que debo hacer. Así que espero... que su fe no me abandone. Espero que continúe incesante.
Acerca de Jué
Jué... Es la más joven de todas las Centinelas de Huanglong , y sin embargo nadie le gana en dureza a la hora de seguir el camino indicado. Quizás es debido a su mandato temporal que valora tanto el peso de cada decisión. Cuando vino a consultar con la Vulpina Lunar sobre el ascenso de una ciudad, había agotado hasta la última gota de su poder de cómputo buscando un futuro para su gente... Si no hubiera actuado en la Batalla de Yunyan, las llamas habrían alcanzado el corazón mismo del Paso Jinmen. Jué había cultivado las semillas de Jinzhou con tanto cuidado, que no pude soportar verlas marchitarse. Y ahora, Jinzhou florece con farolillos y risas, año tras año. La apuesta de Jué... no fue en vano.
Acerca de Fang, la Liebre Solar
¿De dónde salió esa historia de «El zorro y la luna»? La Vulpina Lunar solo quería recuperar un espejo robado. ¿Cómo pudo convertirse en una historia sobre perseguir a la pobre criatura? Ahora bien, esa pequeña liebre puede parecer callada, pero guarda trucos. Si alguna vez te cruzas con ella... deberías tener cuidado.
Felicitación de cumpleaños
Nacer en este mundo, recorrer sus caminos sinuosos, saborear sus alegrías y penas... forjarse un futuro, despacio pero sin tregua, hasta hacerse un criterio y estar {Male=seguro;Female=segura} del propio destino... eso es algo precioso y extraordinario. Arbiter, feliz cumpleaños. Que cada día que esté por venir te traiga serenidad y placer.
Mira, los Faroles de luna llenan el cielo. Se han encendido para ti.
Mira, los Faroles de luna llenan el cielo. Se han encendido para ti.
Inactivo: I
Oh... Mudando de pelo otra vez... ¿Mmm? Pequeña traviesa... Anda, vete.
Inactivo: II
La brillante gloria de este mundo vive en una mirada cual cascada de estrellas en la noche que se despliega.
Los hogares mortales se encienden, brillantes, y mi corazón halla amparo en tu cálido jardín.
Los hogares mortales se encienden, brillantes, y mi corazón halla amparo en tu cálido jardín.
Inactivo: III
Si no me muevo de vez en cuando, temo oxidarme.
Inactivo: IV
Caminar entre sus alegrías, y vigilar para que los farolillos ardan eternamente.
Presentación
Soy la guía de la civilización de Mengzhou , la Centinela Hsin, la Vulpina Lunar. Arbiter, por fin nos encontramos.
Mmm. Esas son las formas adecuadas para un primer encuentro, ¿no crees? Pero... de ahora en adelante, preferiría que me llamases «Hsin».
Mmm. Esas son las formas adecuadas para un primer encuentro, ¿no crees? Pero... de ahora en adelante, preferiría que me llamases «Hsin».
Saludo
Después de haber probado todos los anhelos bajo el cielo, por fin sé a dónde pertenece mi corazón.
Unirse al equipo: I
¿Oh? Como quieras, Arbiter.
Unirse al equipo: II
Las múltiples formas de Xuanfang, al alcance de la mano.
Unirse al equipo: III
Como es mi deber de Centinela .
Ascensión: I
Este cuerpo no es mío, solo lo he tomado prestado al polvo del mundo mortal.
Ascensión: II
¿El poder de la Centinela ... restaurado? Estoy en deuda contigo por tu guía, Arbiter. Dime, ¿cómo te lo puedo recompensar?
Ascensión: III
Mmm, ser guiada tan minuciosamente por la propia mano {Male=del;Female=de la} Arbiter... creo que soy la primera Centinela en recibir tal honor.
Ascensión: IV
Todo lo que la Centinela sabe se lo concedió {Male=el;Female=la} Arbiter. Pero siento cierta curiosidad. Cuando me miras ahora, ¿aparece en tus ojos la Centinela de Mengzhou ... o Hsin?
Ascensión: V
El eje fundamental de cada mecanismo, las leyes de toda creación, el plano de la evolución de la civilización... el conocimiento de la Centinela se me presentó desde el principio. Pero saber es una cosa y sentir, otra muy distinta. Si no me hubieras traído de vuelta a este mundo... ¿cómo habría aprendido jamás que todas estas verdades nacen del humo de los hogares y del silencio de las calles?
Arbiter, desde hoy, permíteme caminar a tu lado. Aunque los ecos del destino se alcen contra nosotros, me tendrás a mí, y los afrontaremos {Male=juntos;Female=juntas}.
Arbiter, desde hoy, permíteme caminar a tu lado. Aunque los ecos del destino se alcen contra nosotros, me tendrás a mí, y los afrontaremos {Male=juntos;Female=juntas}.
Ataque básico: I
Florece.
Ataque básico: II
La noche arde en flor.
Ataque básico: III
El palacio de jade engulle los cielos.
Ataque básico: IV
Huesos de bronce despiertan.
Ataque básico: V
Pivote de jade encendido.
Ataque básico: VI
La formación desciende.
Ataque cargado: I
Huesos de jade, desgarrad el firmamento.
Ataque cargado: II
Rayos voladores, arrasad.
Habilidad de resonancia: I
Fíjate bien.
Habilidad de resonancia: II
Luz voladora.
Habilidad de resonancia: III
La creación se convierte en cenizas.
Habilidad de resonancia: IV
Y la trampa se cierra.
Habilidad de resonancia: V
¡Rómpete!
Habilidad de resonancia: VI
A la nada.
Habilidad de resonancia: VII
Polvo al polvo.
Liberación de resonancia: I
¡Que todos se inclinen... la luna se alza!
Liberación de resonancia: II
Por decreto de la Centinela... ¡Formaciones, arriba!
Liberación de resonancia: III
A mi llegada surgen los mundos.
Liberación de resonancia: IV
En este dominio, yo soy la ley.
Liberación de resonancia: V
Se alzan ciudades, los mundos se desgarran.
Liberación de resonancia: VI
¡Todas las formas retornan a la nada!
Habilidad Intro: I
El Nexo gira, las estrellas se hunden.
Habilidad Intro: II
Una voluntad, formas infinitas.
Evasión
No seas tan impaciente.
Contraataque evasivo
Un pelo de diferencia.
Golpe: I
Insolente...
Golpe: II
Es hábil...
Herido: I
¡Ay, mis horquillas!
Herido: II
Un tercio de mi poder... es más que suficiente.
Derrota: I
Este corazón no vacilará...
Derrota: II
Te he... fallado...
Derrota: III
Arbiter... adiós...
Invocación de Eco
Ven aquí, pequeñín.
Transformación de Eco
No es simplemente un zorro.
Entrar en batalla
Qué recepción tan generosa.
Planeo
Nada puede compararse con este mundo mortal.
Sensor
¿Ves? No te puedes esconder de mí.
Esprint
¿Crees que puedes seguirme el ritmo?
Cofre de suministros: I
Oh, es un tesoro.
Cofre de suministros: II
Esta tierra sabe cómo cuidarnos.
Cofre de suministros: III
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