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Información

Jingran

Jingran VA

Chino: Qin Qiege
Japonés: Kawanishi Kengo
Coreano: Lee Kyung Tae
Inglés: Vincent Lai

Informe de Examen Forte de Jingran

Poder de Resonancia

Arte Qi del inframundo

Informe de Evaluación de Resonancia

[Informe de examen del Forte RA1169-G] La Marca Tácita del sujeto está ubicada en el ojo derecho y permite percibir frecuencias discretas más allá del rango detectable estándar. Una vez que la producción de Resonancia del sujeto supera el umbral, este es capaz de levantar un campo aislado dentro del espacio físico y forzar la manifestación de frecuencias ocultas. También se ha detectado una frecuencia característica de una Criatura Remanente de orden superior en las proximidades de su ojo izquierdo. El análisis ha demostrado que el sujeto y la Criatura Remanente son capaces de anclar frecuencias, compartir percepciones y transmitir directivas a través de esta conexión. En concreto, el sujeto puede potenciar temporalmente su grado de control sobre la Criatura Remanente a costa de su propia fuerza vital. No se han observado señales de rechazo durante el examen; sin embargo, no puede descartarse por completo la posibilidad de complicaciones futuras, incluyendo anomalías perceptivas o una fatiga vital acelerada. Por lo tanto, se recomienda seguimiento regular y observación a largo plazo. El análisis de muestras de prueba ha revelado una distribución bimodal en la Curva de Rabelle, lo que clasifica al sujeto como un Resonador natural.

Informe de Diagnóstico de Overclock

Resumen de diagnóstico: El sujeto demuestra un alto grado de control sobre su Forte. Sin embargo, al encontrarse en entornos de alto riesgo, muestra cierta tendencia a experimentar una elevación anómala en la actividad de la Curva de Rabelle, que se manifiesta con una marcada tendencia a exponerse activamente a condiciones extremas, lo que indica un riesgo potencial de Overclock. No obstante, el análisis simulado sugiere que las emociones negativas no son un estímulo de Overclock para el sujeto. La predisposición del sujeto a las situaciones de vida o muerte tiene origen en su tendencia a obtener una retroalimentación de Resonancia sostenida y amplificada. Según la pauta general del perfil de frecuencia, el individuo posee una estabilidad cognitiva y un autocontrol extraordinarios. Sin embargo, el umbral del sujeto para percibir y evaluar el riesgo y la mortalidad difiere significativamente de otros individuos comunes. Por ello, se recomienda que el sujeto evite una exposición prolongada a entornos de alta presión o alto riesgo. Se mantiene la supervisión continua de las tendencias de Overclock.

Objetos Apreciados y Favores de Jingran

Colgante de jade antiguo
Colgante de jade antiguo
Este colgante de jade es un recuerdo de cuando nació. El jade en sí apenas tiene valor; de hecho, ni la artesanía es excepcional. En una esquina del colgante, unos finos caracteres rezan «Jingran». Atando suavemente este colgante a sus ropas de bebé, los padres miraron con cariño a este niño inocente, con los ojos rebosantes de alegría. —Menos mal que por fin estás aquí. Gracias por venir a este mundo. Le pusieron el nombre de Ran, que significa «arder», con la esperanza de que ardiera como el incendio que nunca se extingue. No deseaban para él una vida en busca de fama o prosperidad. Su único deseo era que prendiera como una chispa sobre la pradera, implacable y perdurable. Que incluso cuando las noches frías se cernieran a su alrededor y los vientos incesantes buscaran quebrarlo, él nunca se rindiera ante la desesperación. Sin embargo, ahora, una grieta distintiva atraviesa el centro del jade blanco. Jingran pasa las yemas de los dedos por la fisura sin inmutarse. El Espíritu de Lince, enrollado cerca, parece mucho menos sereno, agitando la cola inquieto de un lado a otro. Tras un largo silencio, finalmente murmura para sí mismo: —Solo es una fina grieta... ¿Cómo sigues dándole vueltas a eso después de tantos años?
Libro de cuentas
Libro de cuentas
Un libro de cuentas gastado, cuyas páginas dobladas están garabateadas con registros de gastos mensuales: Día 3: Recogí un espejo de bronce con el mango roto en el mercado. El vendedor juró que una vez perteneció a una Centinela. Toda una farsa, pero me llamó la atención. Treinta monedas caparazón. ¿Un chollo o una estafa? Aún por decidir. Día 5: Sigo atrapado en el Reino Espejismo por el momento. Le pedí a un mensajero que le entregara algo de dinero a la anciana, deberían ser unos dos mil. Que prepare un paquete de albaricoques secos para mi hermanita. Día 7: Compré tres jin de ciruelas. Un jin para preparar bebida, otro para el lince (esa rata ni siquiera me dio las gracias) y el tercero para mí. Día 9: Aposté el jade en bruto con la gente de la entrada del callejón. Perdí sesenta por nada. Día 10: Perdí otros cuarenta. Maldición. Día 12: Recibí mi parte de las ventas de los Relatos del buscador de espejismos. ¿No decían que se estaba vendiendo como churros? ¡Si fueron tan solo quinientos ejemplares! Día 15: Reemplacé una contraventana para la tienda. Costó veinte. La rompió ese gato de cola floja. ¡Algún día lo pagará! Día 18: ¡Gané! ¡Salí con veinte caparazones de ventaja en la apuesta de jade en bruto! Hoy es un gran día. Compré un tazón de arroz fermentado dulce para celebrarlo. Balance del mes: No tengo ganas de hacer las cuentas. Me va a doler ver las cifras.
«Relatos del buscador de espejismos (Manuscrito)»
«Relatos del buscador de espejismos (Manuscrito)»
El manuscrito original de «Relatos del buscador de espejismos». Los bordes de las páginas amarillentas están rizados y la tinta ha comenzado a difuminarse. La mayoría de los registros son encuentros de Jingran mientras viajaba por los Reino Espejismos, pero también habla de una ciudad desierta donde se tocaban melodías de ópera para la luna, un árbol colosal enterrado en las profundidades de la tierra que se alimenta del paso del tiempo, una tropa de artistas sin rostro que vagan con el escenario a sus espaldas... En un escrito tan fantasioso, verdad y ficción se entremezclaban tanto que, a veces, ni siquiera el propio autor era capaz de distinguirlas. Al principio, solo eran cuentos contados para entretener a los niños al final del callejón. Luego, historia tras historia, rellenó todo un volumen. Su Shifu se burlaba de la idea de escribir estas historias. «Un viaje a los Reino Espejismos supera cualquier relato escrito», decía. Y sin embargo, una noche, Jingran encontró la luz de la habitación del anciano encendida hasta bien entrada la noche. Se asomó y lo vio completamente absorto en el manuscrito, tan concentrado que ni notó su presencia al pie de la puerta. Las páginas permanecen hasta el día de hoy. Quien las sostuvo ya no está. Cada vez que Jingran se encuentra con el manuscrito ahora, un pensamiento surge: si el anciano está de verdad en algún lugar allá abajo, aburrido hasta la médula... ¿leerá esas historias una y otra vez? Jingran aparta ese pensamiento en cuanto aparece. —¿Para qué molestarse? Es inútil darle vueltas ahora.

Historia de Jingran

Capítulo I: Continuará
Jingran se ha topado con un muro.

Su pincel se detiene sobre la página. La tinta en la punta forma una gota antes de caer con un suave chapoteo sobre el papel. Aun así, se niega tercamente a convertirse en una palabra.

Una pila desordenada de manuscritos yace esparcida sobre el escritorio. Allí está la historia de la ciudad abandonada en las profundidades del Reino Espejismo. La de la bandada de pájaros de bronce que migran a la luz de la luna. La de la antigua campana enterrada bajo las arenas del desierto, la que repicaba cuando las tormentas se cernían sobre ella. Los capítulos anteriores habían fluido con facilidad; sin embargo, al llegar a esta página, sus pensamientos parecen enredarse en algo invisible, y desde entonces no ha logrado avanzar ni un ápice. Tras contemplar la hoja en blanco durante un largo rato, Jingran sigue sin poder plasmar ni media palabra en aquella extensión del vacío. Al final, suspira resignadamente.

—Qué le vamos a hacer...

Devuelve el pincel a su soporte y se deja caer de espaldas al suelo, con las extremidades completamente extendidas.

La fresca brisa nocturna se filtra por una rendija de las ventanas. Una línea plateada de luz lunar se derrama sobre el suelo. Afuera, el zumbido de los insectos sube y baja en oleadas intermitentes. Apoyando la cabeza sobre la muñeca, Jingran contempla las vigas del techo. Cuando las palabras se niegan a brotar, su mente vaga hacia las historias que siempre quiso escribir, pero nunca escribió.

Como esos primeros años en la casa de su Shifu.

En aquel entonces, su Shifu siempre lo arrastraba por el cuello del abrigo, regañándolo por ser incontrolable. El resto de niños trepaban árboles para rapiñar nidos de pájaros, pero Jingran escalaba los pilares del salón ancestral. El resto de niños volvían corriendo a casa en cuanto caía la noche, pero era cuando Jingran salía con su candil a explorar casas abandonadas. A veces, Yanshu, la esposa de su Shifu, se daba la vuelta mientras tendía y descubría que había desaparecido de nuevo. A menudo, tenía que buscarlo por media aldea de Xianling antes de sacarlo a rastras de los alrededores de un pozo abandonado o un templo en ruinas.



Un verano, comenzó a circular por el pueblo un extraño rumor sobre el antiguo Templo del Dios de la Tierra, abandonado durante años en la ladera. Se decía que estaba embrujado. Un grupo de niños se reunió bajo un árbol y relataron la historia con intensos detalles, hablando de una mujer vestida de rojo que emergía de las paredes tras medianoche y cantaba melodías lúgubres hasta el amanecer. La historia se volvía cada vez más escalofriante conforme pasaba de una boca a una oreja. Al final, un silencio tenso se apoderó de todos.
De todos... excepto de Jingran.
Él escuchaba con creciente interés y, esa misma noche, fue al templo. A solas.

A la mañana siguiente, Yanshu recorrió el pueblo con una escoba en la mano, buscándolo. Finalmente lo encontró sentado en el tejado del templo, comiendo ciruelas con satisfacción, con los ojos entrecerrados. ¡Qué goloso era!
—¿Dónde está el fantasma? —gritó Yanshu desde abajo.
—No vi ninguno.
—Entonces, ¿se puede saber qué has hecho toda la noche?
Jingran consideró la pregunta.
—Contar murciélagos.
Yanshu casi partió el mango de la escoba.

Se le escapa una risa al recordarlo.
Ahora que lo pienso, él siempre fue así.
De niño, le gustaba curiosear en casas abandonadas; de adulto, aventurarse en los Reinos de Reino Espejismo. Cuanto más evitaban los demás un lugar, más decidido estaba él a verlo con sus propios ojos. Su Shifu solía regañarlo por ser incapaz de quedarse quieto. Yanshu también se enfadaba por eso. Sin embargo, tras la muerte de su Shifu, dejó de intentar detenerlo. Aun así, daba igual lo lejos que fuera: siempre regresaba y encontraba una lámpara encendida para él en el patio.

Con los años, había visto ciudades antiguas decoradas con innumerables campanas de bronce. Había caminado entre ruinas ocultas en lo profundo de las montañas. Se había encontrado con personas e historias olvidadas por el mundo. Cada vez que volvía del Reino de Reino Espejismo, una multitud de niños lo rodeaba, pidiéndole saber qué cosas extrañas había descubierto esta vez. Al principio, Jingran les contaba algunas historias a regañadientes. Sin embargo, pronto, fueron demasiadas para contarlas. Así que comenzó a escribirlas.

Y así, poco a poco, «Relatos del buscador de espejismos» cobraron vida.

Al principio, escribía para evitarse repetir las mismas historias una y otra vez. Sin embargo, en algún momento, empezó a tomárselo en serio. Las viejas historias olvidadas, enterradas bajo la maleza y el polvo. Las alegrías y tristezas, silenciadas por el tiempo. Las visiones maravillosas y peculiares que solo existían en las profundidades de los Reinos de Reino Espejismo... Alguien debía contarlas. Alguien debía dejar rastro de ellas.

Así que empezó a escribir. Para los ojos curiosos de los niños. Para aquellos que estiraban el cuello en la casa de té esperando el siguiente capítulo. Y para Yanshu y la lámpara de casa que siempre ardía hasta altas horas de la noche, para que supiera adónde había ido aquel chico problemático que se perdía de pequeño, y qué cosas extrañas y maravillosas había visto por el camino.

Al pensar en ello, Jingran se gira y ve los manuscritos del escritorio.

La luz de la luna se refleja sobre las páginas.
El capítulo ciento cuarenta y nueve sigue en blanco.
Aun así, no es la primera vez que se retrasa en la entrega.

En ese preciso instante, un grito atronador resuena desde más allá del muro del patio.
—¡Jing...!
Jingran se incorpora de golpe.
—¿Por qué sigue encendida tu lámpara? ¿Piensas dormir esta noche o no?

Sin pensarlo dos veces, se pone de pie de un salto, cruza la habitación en tres zancadas y apaga la llama de la vela.

La oscuridad inunda inmediatamente la habitación, dejando solo la suave luz de la luna extendiéndose por el suelo. Jingran mira la luna a través de la ventana. La comisura de sus labios se curva ligeramente.

Si las palabras no llegan esta noche, que así sea. Mañana será otro día.
Capítulo II: A la deriva en el viento y la nieve
En realidad, Jingran no siempre ha sido así.

En esa época, hablaba muy poco. Cuando su maestro lo llamaba a cenar, respondía, pero siempre esperaba a que todos tuvieran sus palillos antes de alcanzar los suyos. Cuando Yanshu ponía comida en su cuenco, bajaba la cabeza y la aceptaba, aunque pasaba la mitad del rato sin pronunciar una sola palabra de agradecimiento. Por la noche, dormía acurrucado contra la pared, como si temiera que, al abrir los ojos, este lugar desapareciera igual que todos sus refugios anteriores.

Sabía que esta familia se preocupaba sinceramente por él. Y sin embargo, esa calidez, durante tanto tiempo ausente en su vida, le resultaba extrañamente difícil de asimilar.

Ese año, hubo una nevada particularmente intensa en Mengzhou.

Jingran abrió la puerta de la casa y se encontró el viejo árbol del patio cubierto por una gruesa manta de nieve. Nian estaba agachada bajo el alero, haciendo bolas de nieve por diversión, con la nariz roja de frío. Dentro, Yanshu preparaba arroz congee, cuyo aroma se mezclaba con el vapor que se filtraba por las rendijas del marco de la ventana.

Jingran se quedó en la entrada y observó un buen rato. No había nada especial en la escena, y sin embargo, le recordó a un día como ese, años atrás. Su padre le había ayudado a arreglarse su capa. Su madre le dio la mano. Los tres partieron hacia la cima de la montaña a través de la nieve recién caída. Cortinas rojas descoloridas ondeaban frente al templo del Dios de la Montaña. El humo del incienso se elevaba lentamente desde el incensario. Las ofrendas de frutas en el altar se habían congelado por completo con el frío. Extendió la mano para tocarlas antes de que su madre le corrigiera con cariño, sonriendo.

De repente, la nostalgia por sus padres se apoderó de él.

Así que, cuando nadie se dio cuenta, tomó un farol y se escabulló solo.

Pero lo que le esperaba dentro de ese templo, después de todos esos años, no era ningún Dios benevolente de la Montaña del pueblo.

Mientras la tormenta de nieve bloqueaba los senderos de la montaña, las puertas del templo se cerraron de golpe tras él. Una grieta se abrió a lo largo del ídolo de piedra tras el altar. El aroma a incienso se filtraba desde el interior. Posado sobre el altar había un lince envuelto en pintura dorada. Parecía un dios, pero ni una sola palabra de verdad salió de su hocico.

La llama de la vela parpadeaba mientras el viento aullaba más allá de los muros.
Cuando Jingran logró sellar a la criatura dentro de su Farol Vital, la sangre empapaba su ropa. Apoyándose en el farol, se levantó y empujó las puertas del templo. La ventisca seguía rugiendo fuera. Los escalones de piedra que había subido para llegar al templo habían desaparecido sin dejar rastro, reemplazados por un sendero de montaña sinuoso completamente devorado por la maleza.
—Un truco de ilusionista de mal gusto —se burló Jingran. Levantó el farol un poco más alto y avanzó dando tumbos por la nieve, un paso irregular tras otro.
Cuando llegó a casa, la noche ya estaba cerrada. Había planeado entrar a escondidas trepando el muro. Desafortunadamente, en cuanto llegó, una ventana cercana se abrió con un chirrido. Nian sacó la cabeza, sujetando una almohada.

—Hermano mayor, tienes sangre. —Parpadeó.
A Jingran se le encogió el corazón.
—Shh.
—¿Lo sabe mamá?
—No. Vuelve a dormir.
Nian asintió, pensativa, y se alejó de la ventana. Un momento después, su voz resonó por todo el patio.
—¡Mamá! ¡El hermanito se ha hecho daño otra vez!
Jingran se dio la vuelta y salió corriendo.
No llegó muy lejos. Yanshu ya estaba en el porche.

Años después, cuando Jingran recuerda aquella noche, siempre llega a la misma conclusión: hubiera preferido enfrentarse a ese felino de la montaña otra vez.
La habitación estaba dolorosamente iluminada. El aroma amargo de la medicina se mezclaba con hierbas en polvo en el aire. Nian estaba sentada cerca en un pequeño banco, comiendo pipas de melón mientras observaba el espectáculo.
Con una meticulosidad angustiosa, Yanshu curaba las heridas de Jingran mientras le echaba el sermón.



Jingran permaneció sentado con la cabeza gacha, fingiendo estar muerto. El polvo medicinal le escocía tanto que la vena de la sien le palpitaba. Aun así, no se atrevió a quejarse.
—Ya está.
Yanshu terminó de vendarle y le dio un capirotazo en la frente.
—Como vuelvas a escaparte así otra vez...
Jingran se cubrió la frente. Por una vez, no respondió.
Mientras tanto, Nian abrió otra pipa de melón y parpadeó inocentemente.

—Está bien, está bien. El hermanito ya ha dicho que se equivocó.
—No lo hice.
—Sí lo hiciste.
—No lo hice.
—Sí lo hiciste.

Su voz era vívida y clara, como campanillas de viento bajo el alero. Discutieron sin cesar hasta que la discusión se hizo casi insoportable. Sin embargo, en algún momento, una leve sonrisa se dibujó en la comisura de los labios de Jingran. La cálida luz de una lámpara iluminaba la habitación. A su luz, Yanshu recogió las vendas y los frascos de medicina. Nian continuó discutiendo con él sin la menor intención de ceder. Ninguna de las dos se percató de que su mente ya estaba en otra parte.

Jingran bajó la mirada. Un cuenco de medicina reposaba ante él. El olor amargo le llegó directamente hasta la nariz junto con el vapor. Con el ceño fruncido, levantó el cuenco y se lo bebió de un trago. Su rostro se contrajo de dolor. Yanshu miró por encima del hombro y, sin mediar palabra, le acercó un plato de fruta confitada.

La luz del fuego parpadeaba suavemente. Las sombras de los tres se extendían por el suelo, largas y cortas, superponiéndose unas a otras.

Fuera, el viento, que llevaba nieve consigo, arremetía contra los aleros. Los carámbanos que colgaban del tejado rozaban suavemente entre sí, produciendo un sonido tenue y delicado, como el tañido lejano de una campana.

Jingran le dio un mordisco a un trozo de fruta confitada. Su dulzura le llenó la boca.
Capítulo III: Sueño sin retorno
A los quince años, Jingran se convirtió oficialmente en Nigromante.

Desde entonces ha atravesado innumerables Reino Espejismos. Algunos flotaban sobre lagos sin límites, donde hileras de pabellones eran sostenidas por una densa niebla. De día, permanecían silenciosos y desiertos, pero al caer la noche, las lámparas cobraban vida. Al abrir la puerta, uno se encontraba en pleno banquete, con invitados sentados a cada asiento, con sus copas alzadas entre risas. Pero al amanecer, cuando la niebla se disipaba, solo quedaban mesas y sillas cubiertas de polvo. Los invitados de la noche anterior hacía mucho que se habían convertido en huesos que dormían bajo el agua.

Algunos Reino Espejismos yacían enterrados bajo cadenas montañosas, ciudades de piedra colgaban invertidas de techos de cavernas en las profundidades subterráneas. Ningún alma viva habitaba allí y, sin embargo, las lámparas poblaban cada calle. A medianoche se encendían por sí solas, con sus llamas esmeralda despertando una tras otra a lo largo de las avenidas hasta llegar al altar en el corazón de la ciudad. Jingran pasó tres días allí. Al final, encontró la salida solo con sus propios ojos.

Una vez, le preguntó a su Shifu: —¿Qué buscan exactamente los Nigromantes?
El anciano estaba agachado junto a un fuego, asando un mantou. Sin mirar siquiera, respondió: —A los muertos.
Jingran puso los ojos en blanco y pensó: —Aquí vamos de nuevo. —El anciano parecía leer sus pensamientos. Con un bufido, dijo: —Entonces, dime. ¿Qué es lo que encontrarás más a menudo en un Reino Espejismo?
—¿Muertos?
—Aquello que dejaron atrás —corrigió el anciano.
»Una aldea próspera hoy, en cien años, quizás doscientos, será una ruina vacía. Sin nada que marque su existencia salvo una estela rota o unas pocas palabras cuyo origen nadie recuerda.
»Alguien tiene que remover la tierra y estudiar las ruinas para intentar comprenderlas. Para saber cómo perecieron quienes nos precedieron...
—.¿Y cómo deben vivir los que vienen después?
El anciano le arrojó el mantou terminado.
—Recuérdalo.

En los siguientes años, Jingran descubrió innumerables historias enterradas bajo el polvo y el tiempo.

Las últimas palabras de un general de un reino caído, grabadas en el acantilado. Un pergamino desgastado que sirvió de testigo a la última noche de la destrucción de una nación. Una estela desgastada que había acompañado a su dueño a través de miles de kilómetros en el viaje de regreso a casa.

Poco a poco, comenzó a entender lo que su Shifu había querido decir.

La muerte extingue una vida como se extingue la llama de una lámpara, y sin embargo, algunas cosas se niegan a desaparecer con ella. Persisten en las estelas rotas y los textos fragmentados. Se ocultan entre las ruinas de las ciudades y los caminos olvidados. En el viento y en los ecos del pasado, cuentan sus historias una y otra vez a quienes vienen después. Y así se convirtió en su tarea desenterrar estos pasados ocultos y devolverlos a donde la luz del sol todavía alcanza.

Durante esos años, Jingran pasó más tiempo con su Shifu que con cualquier otra persona. Su relación era la de padre e hijo, Shifu y discípulo, rivales y compañeros... todo a la vez.
Una vez, discutieron por hacerse con un antiguo disco de jade que valía una fortuna. Se pelearon como si les fuera la vida en ello, pero Jingran no cerró la boca ni cuando se vio inmovilizado contra una lápida rota, con el filo plano de la espada de su Shifu contra el pecho, y su labia fue lo que le hizo llevarse el trofeo. El anciano lo maldijo. «¡Mocoso desgraciado! ¿Has venido a ajustar viejas cuentas de mis vidas pasadas?».

Su Shifu no adoraba a ningún patriarca fundador, no ofrecía incienso a los dioses, ni seguía fe establecida alguna. Había forjado su propio camino por completo. Algunos lo llamaban hereje, y sin embargo, fueron sus formas poco ortodoxas las que lo sacaron de callejones sin salida una y otra vez.

—Según el viejo Shifu, ya debería estar muerto —sonrió. —Simplemente, me niego a morir. ¿Quién tiene razón ahora?

A pesar de su aparente descuido, siempre supo qué camino recorrer y qué peligros evitar. Y a veces, cuando se sentaba solo bajo la luna, su mirada se perdía en la distancia, añorando a aquellos que nunca regresarían.

En su último trabajo, el anciano eligió el lugar él mismo. Se rumoreaba que era una caverna donde la línea telúrica se había roto, provocando una oleada de Sha Qi en su interior. Jingran lo siguió hasta lo más profundo del lugar. Entonces, justo antes del punto más estrecho, la tierra comenzó a temblar y la cueva empezó a derrumbarse. Entre los escombros que caían, su Shifu lo empujó a través de una fisura con la palma de la mano, poniéndolo a salvo antes de caer al abismo que se derrumbaba.

Un año después, en una noche lluviosa, el anciano se le apareció en un sueño. Observó a Jingran de arriba abajo con sorna, diciendo:

—No lo haces nada mal, ¿eh? »Todavía sigues vivo. »Y de una sola pieza.
Antes de que Jingran pudiera replicar, el anciano ya se había dado la vuelta, despidiéndose con la mano. Sin una palabra más, se adentró en la niebla.

Jingran despertó bruscamente.
La lluvia repiqueteaba suavemente y se acumulaba en los aleros, para luego caer en finos y continuos riachuelos. La habitación estaba en silencio. La lámpara del escritorio hacía tiempo que se había apagado, dejando solo un hilillo de humo.

El sueño se desvaneció por completo. La lluvia continuó toda la noche, gota tras gota.
Capítulo IV: Surcando los ríos bajo la luna
Por la tarde, el mercado siempre está animado. Puestos de todo tipo llenan las calles. Un viejo repostero revuelve lentamente una olla de caramelo líquido, estirándolo en hilos dorados desde su cucharón en forma de finos y brillantes arcos. El vapor brota de la tienda de bollos cercana, llevando sus intensos aromas de carne y chile lejos por el camino. En una plaza abierta, un escenario mecánico ha atraído a una multitud: una banda de Títeres da volteretas y baila al ritmo de los tambores, ganándose los aplausos de los espectadores.

Jingran se detiene en una tienda de telas para elegir una pieza de seda de color blanco luna para Yanshu. Luego le compra a Nian un conejo de jade mecánico que salta por sí solo. Mientras paga, el tendero elogia su gusto con una sonrisa, pero Jingran no está tan seguro de sí mismo. Elegir regalos para la señora de la casa y su hermanita ha resultado ser mucho más difícil que aventurarse en un Reino Espejismo. No hace mucho, le trajo a Nian un tambor de bolitas, con dos querubines de la suerte, de mejillas redondas, pintados a cada lado. Al girarlo, las figuras asentían con la cabeza mientras un pequeño pergamino decía «Buena suerte y prosperidad». Jingran pensó que el diseño era genial, pero Nian cruzó los brazos mientras él le enseñaba cómo funcionaba, antes de soltar un suspiro maduro y proclamar: «Hermanito, ¡que ya soy mayor para esto!».
El tambor de bolitas terminó en las manos de Jingran. Esa noche, jugó con él hasta tarde, preguntándose qué andaba mal en él.

Aun con ese recuerdo en mente, decide comprar el conejo de jade sin más vacilación. «Seguro que le gusta a Nian», se dice. Antes de irse, hace una última parada en una pastelería para comprar una Miniluna Nevada. Capas de pastel blanco níveo se apilan ordenadamente, semejando una luna llena esculpida con nieve recién caída. El tendero sonríe y pregunta si son para la familia. Jingran no responde; simplemente toma el paquete envuelto en papel y camina hacia el río.

Hoy es el día en que Qiuyuan se marcha de Mengzhou.
El fuerte viento del muelle sopla a través del río, haciendo bailar los destellos dorados. El barco de pasajeros está a punto de zarpar.
Jingran distingue desde lejos a una figura solitaria vestida de negro de pie junto al barco, con su túnica chasqueando fuertemente con el viento. Como siempre, tiene esa aura inconfundible de alguien a quien es mejor dejar en paz. Jingran se encuentra recordando historias de años atrás.
Siempre que su Shifu bebía demasiado, mencionaba a cierto joven espadachín, «un talento único en una generación», afirmaba. El elogio había despertado la curiosidad de Jingran durante años. Ahora por fin lo ha conocido en persona. Por desgracia, aún no ha tenido la oportunidad de medirse contra él en combate singular.
Qiuyuan también lo percibe e inclina la cabeza como saludo.
Jingran saluda con la mano y se acerca. Deteniéndose junto a la barandilla, mira primero al río antes de hablar con pereza.

—¿Ya lo tienes todo listo?
Qiuyuan sabe que se refiere al mecanismo móvil recuperado de Muyu y asiente. Antes de que pueda responder, sin embargo, Jingran levanta una mano.
—No me interesa.
»Me dan igual los viejos dramas y disputas de Mingting. Ya sé lo que necesito saber, y lo que no sé, no me interesa saberlo. Así que ahórrame la explicación.
Otra ráfaga cruza el agua, dispersando los reflejos en fragmentos ondulantes.
—Dicho esto —continúa Jingran, girándose hacia él con una ceja alzada, —te ayudé a conseguir lo que viniste a buscar. Me debes una.
Qiuyuan inclina levemente la cabeza. Esos profundos ojos grises siguen tan ilegibles como siempre.
—¿Qué quieres?
—Aún no lo he decidido.
Jingran sonríe.
—Cuando se me ocurra algo, vendré a cobrármelo.
Un instante de silencio se instala entre ellos.
Finalmente, Qiuyuan asiente.
—Muy bien.
Satisfecho, Jingran le entrega el paquete envuelto en papel que cargaba.
—Toma, es un regalo de despedida.

El viento del río tira de sus mangas. En la distancia, el barquero comienza a llamar a los pasajeros a bordo. El muelle se llena de gente. Qiuyuan guarda el paquete y se gira hacia el barco. Tras unos pasos, se detiene.
—Jingran.
—¿Sí?

—Enciende una varilla de incienso para tu Shifu de mi parte.
Jingran se queda paralizado por un momento. Luego, sonríe.
—Claro. ...

El barco se aleja lentamente. El agua choca contra el casco, creando olas que se extienden por el río. La embarcación se adentra poco a poco en la niebla vespertina hasta fundirse con el crepúsculo. Jingran permanece inmóvil, observando hasta que la silueta del hombre y el barco desaparece en el horizonte dorado.
El viento acaricia los juncos a lo largo de la orilla del río.
De repente, recordó otra noche de muchos años atrás. Su Shifu estaba sentado en la puerta del patio, pelando cacahuetes mientras hablaba de aquel joven espadachín. Cada vez que la historia llegaba a un punto emocionante, el anciano se reía y le daba una palmada en el hombro.
—Tú tampoco estás nada mal, mocoso. Dentro de unos años te llevaré a Chongzhou para que te enfrentes a él en persona.
Por aquel entonces, Jingran no tenía ni idea de cómo era realmente Chongzhou. Solo tenía que seguir las instrucciones de su Shifu y mirar hacia el horizonte, más allá de Mengzhou. El crepúsculo se extendía desde el otro lado de las montañas, desbordándose sobre las crestas montañosas. Los pájaros surcaban el cielo, batiendo sus alas hacia tierras aún más lejanas.

Jingran baja la cabeza y ríe suavemente. Luego se da la vuelta y comienza a caminar hacia su casa.
El sol ya se ha ocultado tras las montañas. Solo una fina franja de oro fundido recorre el horizonte.
Una a una, las lámparas comienzan a iluminar la larga calle. Su cálido resplandor se extiende sin fin a lo largo del camino de piedra caliza.
Siguiendo esas luces, Jingran encuentra el camino hasta casa.
Historias sin documentar
La casa de té siempre está concurrida al mediodía.
Más de una decena de mesas llenan el salón principal. Los camareros se abren paso entre la multitud con teteras de bronce en la mano, mientras el aroma del té se mezcla con el olor del vino y las conversaciones. Junto a una ventana del segundo piso, un joven se sienta con la barbilla apoyada en una mano mientras come cacahuetes, de forma desenfadada. Abajo, el narrador ha llegado a la parte más emocionante del relato. Su voz se eleva por encima del bullicio del salón y flota firmemente hacia arriba.

—En ese instante, el antiguo barco de ébano irrumpió desde la niebla. Trescientas lámparas colgaban ardiendo de su proa, su luz iluminando un mar olvidado, intacto durante mil años. Sombras se agolpaban en la cubierta y, sin embargo, cada rostro se apreciaba mortalmente pálido, como si ninguno estuviera vivo. Y cuando me armé de valor para subir a bordo y mirar más de cerca...

El narrador da un par de palmadas para llamar la atención del público. El salón cae en silencio mientras todos contienen la respiración, esperando lo que viene después.
El narrador levanta con calma su taza de té y toma un sorbo.
—En cuanto a lo que ocurrió después... se revelará en el próximo capítulo.
La casa de té cae en un silencio atronador antes de que la multitud estalle.
El narrador suspira con resignación.
—Amigos míos, no es que me niegue a continuar. Aquí es donde terminan los Relatos del buscador de espejismos...
Eso solo hace que las quejas sean más fuertes.
—¡Siempre te detienes en la mejor parte!
—¿No lleva este capítulo ya medio mes de retraso?
—¿Medio mes? —alguien resopla, dando un golpe en la mesa. —¡Una vez, el Gato del Farol del Inframundo estuvo desaparecido tres meses enteros!
Jingran casi se ahoga con un cacahuete. En silencio, mira hacia la ventana y finge que no tiene nada que ver con esto. Por desgracia, en ese instante, la silla que tiene enfrente se desliza hacia atrás.
—Así que aquí se escondía el culpable.

Una persona con una túnica turquesa se sienta frente a él, cargando con una enorme pila de manuscritos.
Es Shouci, el editor responsable de corregir y publicar los Relatos del buscador de espejismos. Jingran levanta la mirada y sonríe.
—Justo a tiempo. —Le hace señas para que se acerque. —Esta comida la pago yo.
—Cuando eres así de generoso, algo va mal. —Shouci deja caer la pila de manuscritos sobre la mesa con un golpe seco. —¿Cuánto has escrito del volumen dos?
La sonrisa de Jingran se borra de su rostro al momento. Se desploma sobre la mesa como si sus huesos se hubieran disuelto y hunde la barbilla entre sus brazos cruzados.

—He perdido la inspiración...
—Ahórrate el numerito.
—Hablo en serio. —Jingran suelta un largo suspiro. —Reino Espejismos, ruinas antiguas, reliquias olvidadas... llevo escribiendo sobre lo mismo todos los días. Hasta yo me canso de leerlo.
Shouci levanta una ceja.
—¿Y bien?
—Estoy pensando en cambiar de protagonista.
Esta vez, Shouci se queda patidifuso. Jingran empieza a contar con los dedos.
—De todos modos el primer volumen está casi terminado. Quizás pueda cambiar las cosas y no ser siempre yo el que esté cargando una lámpara y metiéndose en problemas.
—¿Y quién podría ser tu protagonista?
Jingran se para a pensar un momento. «Alguien difícil de descifrar».
Apoyando la barbilla en una mano, mira hacia la ventana.
—Alguien firme. Fiable. El tipo de persona que ya sabe qué camino elegir mientras los demás siguen dudando. El tipo de persona que te deja decidir mientras todos los demás deciden por ti.
Cuanto más escucha Shouci, más insólito suena. «¿Qué clase de persona es esa? Estás describiendo a una deidad de un santuario».

Antes de que Jingran replique, su mirada se desvía repentinamente hacia afuera.
La larga calle está bulliciosa bajo el sol del mediodía. Los peatones fluyen incesantemente por la vía mientras la luz del sol se derrama sobre los tejados y envuelve la calle bajo su resplandor dorado.
Entre la multitud, una figura familiar se acerca desde el extremo más lejano. Jingran parpadea. Luego sus ojos se curvan en una sonrisa.
—¡{PlayerName}!
Grita sin la menor contención. El grito resuena claramente por toda la calle. La otra persona se detiene e instintivamente mira hacia arriba.
La luz del sol atrapa esos ojos dorados, que ahora brillan tan intensamente que es difícil apartar la mirada.
Jingran saluda con la mano a través de la ventana. Luego se gira hacia Shouci con una sonrisa triunfal.
—¿Ves? En carne y hueso.
Shouci se queda sin palabras.
Por desgracia, ese grito también ha llamado la atención del resto de gente de la casa de té. Los clientes siguen el sonido hacia el segundo piso, y algunos entrecierran los ojos para ver mejor. Entonces, de repente, alguien golpea la mesa y grita.
—¡Espera un momento!
—¡¿No es ese de ahí arriba el Gato del Farol del Inframundo?!
La casa del té se detiene por un instante y al momento, docenas de ojos se disparan hacia arriba al unísono. Jingran baja lentamente el pastelito en su mano.
—...
—¡¿Maestro?!
—¡Es él de verdad!
—¡Por fin te pille!
—¡¿Qué había dentro del barco de ébano?!
—¡¿Cuándo sale el volumen dos?!
El salón se convierte en un caos. Las sillas rechinan contra el suelo mientras los clientes se levantan de un salto. Incluso el narrador estira el cuello para mirar el piso de arriba.
Dándose cuenta de que la multitud está a punto de abalanzarse sobre él desde todos lados, Jingran cierra los ojos, como diciendo «sabía que pasaría esto».
—Shouci —dice mientras recoge los manuscritos de la mesa. —Nos vemos.
Entonces, entre gritos de sorpresa, sube al alféizar de la ventana y salta. El segundo piso está a una altura considerable. Para los clientes cercanos, es como si hubiera desaparecido en un abrir y cerrar de ojos, con su figura sobrevolando la baranda y su túnica ondeando en el aire, elegante como un pájaro. Al momento aterriza calle abajo.

—¡Se ha escapado! —grita alguien.
La casa del té se sume en un caos aún mayor. Pasos y gritos retumban por el salón, pero Jingran simplemente se sacude las mangas como si nada hubiera pasado. Se abre paso entre la multitud con unas cuantas zancadas fáciles y se detiene frente a Errante.
Mirando primero a la densa masa de perseguidores que se agolpa detrás de él y luego a la persona frente a sí, levanta una ceja y sonríe.
—Justo a tiempo.
—Vamos. Un minuto más y me habrían arrastrado a terminar el próximo capítulo. —Señala con el pulgar hacia el alboroto detrás de él.
—Salgamos de aquí. Yo invito.

Líneas de Voz de Jingran

Pensamientos: I
Déjame contarte algo gracioso. El otro día estaba en la Plaza Huizhen y vi a un tipo agitando un ejemplar de «Relatos del buscador de espejismos» mientras decía a la gente que sospechaba que el Gato del Farol del Inframundo hizo realmente todo lo que decía. Yo le expliqué que todo era inventado, pura ficción. ¿Y sabes qué? Ni me creyó. Abrió el libro ahí mismo y se puso a discutir conmigo. Insistía en que los detalles eran demasiado auténticos para ser ficción, pero ya cuando se puso a recitar las historias, con sus personajes, sus escenas, todos sus giros... No te lo vas a creer, pero antes de darme cuenta, estaba completamente enganchado. ¿Por qué te ríes? Yo no lo habría escrito mejor. ¿Quieres que te cuente una parte especialmente curiosa?
Pensamientos: II
¿Que por qué escribo? Lo primero es que nunca pensé que alguien fuera a leer mis cosas, si te soy sincero. Pasaba mucho tiempo en los Reinos Espejismo y, cada vez que volvía, un grupo de niños me esperaba en el callejón para escuchar mis historias, así que tenía que improvisar sobre la marcha: un pozo antiguo que sacaba agua solo, muñecos de papel que cobraban vida a medianoche... esas cosas, ya sabes. Con el tiempo, se me fue de las manos, así que pensé que era mejor escribirlo todo, para que cualquiera pudiera leerlo cuando quisiera. Mejor eso que me acosen cada vez que vuelvo a casa, ¿no?
Pensamientos: III
Resulta que mi público más fiel es este condenado gato que tengo al lado, y me da igual que quiera escucharme o no. Ya que se alimenta de mi vida, por lo menos que me haga compañía, ¿no? Si se va a alimentar de mis años, de todos modos. Pero no me molesta. Nunca me importó vivir atado al ciclo del amanecer y el atardecer. Quiero una vida tan intensa que brille con resplandor. Refulgir como el sol o convertirme en cenizas que vuelan al viento. ¿Quién quiere una eternidad a medias, entre la vida y la muerte? Eso no es vida.
Pensamientos: IV
Llevo mucho tiempo solo. Así es este trabajo, ¿no? Entras al Reino Espejismo solo, sin mirar atrás y, desde luego, sin esperar a nadie. Tienes que cortar los lazos para moverte libre. Cuando me infiltré en el Taller Zhuojun, solo tenía un pensamiento: las deudas de sangre se pagan con sangre. Todo lo demás era ruido.
Siempre pensé que estar solo me iba bien. Sin ataduras, sin preocupaciones, ¿no? Pero después de luchar a tu lado, me permití un pensamiento poco habitual: si alguna vez tengo que volver al Reino Espejismo, tenerte ahí... quizás haría el trabajo menos pesado.
Pensamientos: V
He visto todo tipo de personas y las decisiones que toman. Hay quienes pasan la vida buscando la luz, y otros como yo que se sumergen en la oscuridad. Tú eres de los que caminan en la luz. Estás aquí para salvar. Pero yo no. Mi camino va hacia abajo. Aun así, este encuentro me mostró cosas que no sabía que me faltaban. Supongo que podría decirse... que me enseñaste algo, ¿no? Como ya te conté, aparte de mi familia, no había mucho a lo que quisiera aferrarme. Pero este mundo no parece tan gris sabiendo que tú estás en él.
Así que... gracias. La próxima vez que nos veamos, te traeré algo interesante de más allá.
Pasatiempo de Jingran
¿Mi afición? Explorar los Reinos Espejismo, claro. Con estos ojos, puedo ver todas sus frecuencias ocultas en cuanto entro. Curiosidades perdidas, pergaminos sin firma... prácticamente me gritan al oído en cuanto me acerco. Me da dolor de cabeza, ¿no? Pero, a veces, escuchas cosas que los vivos nunca oirán, así que lo considero una ventaja.
Preocupaciones de Jingran
¿Mis problemas? *Suspiro* Mi horario de sueño, creo yo. La inspiración solo llega de noche, y el mejor momento para explorar los Reinos Espejismo es después del anochecer. Una cosa lleva a la otra y... ya me entiendes, ¿no? A veces la gente me encuentra de día, con la cabeza apoyada en cualquier sitio, dormitando. Y como me despierten de golpe, por unos momentos es como si viera fantasmas a plena luz del día. Se arreglaría si la noche fuera más larga. O no.
Comida favorita
Si insistes en saberlo, los dulces. Sobre todo la tarta de arroz al vapor que hace la mujer de mi Shifu, recién salida de la vaporera: suave, esponjosa, cubierta de frutas secas deshilachadas. Esa dulzura fresca y sutil... ¡Válgame! Ya se me ha antojado. Bueno, deberías venir a probarla algún día. ¿sabes que lleva una eternidad pidiéndome que te lleve?
Comida que detesta
No tengo paciencia para apreciar la comida, pero lo peor debe ser la leche, ¿no? Me revuelve el estómago. Los ácidos tampoco me van bien, y por supuesto, nada amargo. Eso de no saber si es comida o medicina...
Ideales
Muyu ha muerto. Tuve mi venganza, así que vuelvo a tener demasiado tiempo libre, ¿no? Pero un nigromante sigue siendo un nigromante: la misma vida de siempre, los mismos viajes de ida y vuelta a los Reinos Espejismo. Y ahora que las cosas por fin se han calmado, puedo volver a escribir. ¿Sabes? Paseando por la ciudad, no paro de escuchar a la gente preguntarse cuándo va a salir el próximo capítulo de «Relatos del buscador de espejismos». Me saca de quicio...
En cuanto termine el siguiente capítulo, voy a investigar más a fondo qué había detrás de Muyu. No hay manera de que un solo hombre haya armado todo ese caos en Xuanfang. Encontraré a quien haya estado moviendo los hilos, lo ataré con ellos y moleré sus huesos hasta convertirlos en polvo.
Chat: I
Este colgante me lo dejaron mis padres. Para ser sincero, ya casi no recuerdo sus rostros. Pero sí recuerdo que cada cumpleaños me llevaban al templo de aquella montaña a rezar. El lugar olía un montón a incienso, e incluso en pleno invierno, todo brillaba en un cálido dorado. Colocaban este colgante con mi nombre ante el altar e inclinaban la cabeza, rezando fieles a lo que fuera que los escuchara. ¡Válgame! Hoy ya no creo en voluntades superiores ni en esas tonterías del destino, ni me aferro a los palillos de la fortuna o a los deseos. Pero lo que no quiero olvidar es la luz del sol tras la nieve... y sus siluetas caminando a mi lado, tomándome de las manos.
Chat: II
¿Te cuento la historia de estas pupilas? La verde es la original, pero la dorada llegó cuando despertó mi Forte. No te mentiré: me costó bastante dejar de sobresaltarme al verme en el espejo con este nuevo aspecto. Pero, ¡válgame!, resulta que me permite ver las frecuencias dispersas en los rincones oscuros del mundo. Algo así como los ojos «Yin-Yang» de los que habla la gente. Y mira que tus ojos también son dorados, pero no se parecen a los de nadie. Es como si no debieran ser de otra manera.
Acerca de Suisui
¡La famosa Podadora Chongming! Eficiente, perspicaz y con mano para todo. El Gremio de Comercio Zhaoming no para de crecer bajo su liderazgo. Artículos raros de ciudades dentro y fuera de Huanglong pasan por sus manos sin cesar. ¡Válgame! La verdad es que me tiene impresionado. ¡La de reliquias y curiosidades que he visto! Pero tener el talento para reunir todos esos tesoros perdidos y devolverlos al mercado... eso requiere habilidad de verdad, ¿no?
Acerca de Qingxiao
Hay una historia antigua sobre una chica que fue a buscar a una Trascendente a las montañas. Se topó con unas Disonancias Tácitas y, presa del pánico, en su huida cayó por un precipicio. Pero en el último momento, la salvó una espada voladora. Bueno, o al menos, eso decía. Esa chica era la mujer de mi Shifu, y me contó esa historia mil veces de niño, ¿no? La verdad es que nunca me creí ni una palabra... hasta que un buen día, vi a alguien cruzar el cielo sobre una espada. No existen las divinidades en Xuanfang, pero sí la Parangón Xuan.
Acerca de Muyu
Un idiota viejo y podrido. Trató las vidas como si no valieran nada, y todo por su miserable obsesión. Merecía arrodillarse ante cada tumba que llenó, las de mis padres incluidas. Debí haberlo arrastrado yo mismo y obligado a golpear su frente contra la piedra hasta que una de las dos cosas se partiera. Una lástima que muriera limpiamente.
Acerca de Shifu
Mi Shifu pasó toda su vida vagando por los Reinos Espejismo, y murió en uno que colapsó de repente. Si ese viejo saco de huesos siguiera aquí, probablemente asentiría y diría: «Ese es el final apropiado para un nigromante». Me lo enseñó hace mucho. Nos peleábamos por los artefactos raros que encontrábamos en los Reinos Espejismo, pero cuando las cosas se ponían feas, era él quien me alejaba del abismo. La mayoría diría que «le llegó su hora», pero eso son sandeces. Él no terminó su camino, así que lo concluiré yo. Hasta el final... sin mirar atrás.
Acerca de Qiuyuan
Nuestros maestros eran viejos conocidos. Cuando yo era niño, el viejo no paraba de hablar de él. «Es joven, pero su espada ya es increíblemente rápida». Yo no pensaba en otra cosa que en retarle a duelo cada día. Luego, el viejo simplemente... dejó de mencionarlo. Cada vez que le preguntaba, cortaba el tema. Y después de encontrarme con él en la Fortaleza Xuanfang, por fin lo entendí: es una espada enfundada. Y aunque lleva años sin desenvainarse, su filo acerado vibra en la oscuridad.
Acerca de el espíritu de lince
Te refieres a Boladepelo, ¿no? Ja, sí, el espíritu de lince atrapado en mi candil. Lo llamo como se me ocurre en el momento. Una vez lo llamé «Anónimo» y se le fue la cabeza completamente. Es muy gracioso verlo perder los papeles, aunque no te dejes engañar por las apariencias. No sabes lo que me costó mantenerlo ahí dentro, confinado.
Felicitación de cumpleaños
Feliz cumpleaños, {PlayerName}. Nunca me importó mucho celebrar el mío, pero la mujer de mi Shifu y mi condiscípula menor no dejaban pasar los suyos sin algo de teatro, así que todos los años me enredan: colgar banderillas, comprar dulces, hacer fideos de la longevidad... ¡Válgame! Ya van tantas veces que podría hacerlo con los ojos cerrados, así que yo me encargo de los preparativos, naturalmente.
Ya me conoces. No ofrezco incienso, no me inclino ante altares y, desde luego, no voy a pedir favores a las divinidades... así que no puedo rezar por la buena fortuna de nadie. Aunque, si se trata de ti, no creo que haga falta rezar, de un modo u otro. No he visto nada que no puedas manejar.
Así que hoy, disfruta de ser {Male=el cumpleañero;Female=la cumpleañera}. Todo lo demás corre de mi cuenta.
Inactivo: I
«Relatos del buscador de espejismos, capítulo 146. Las densas telarañas colgaban en la habitación como cortinas, y el polvo más bien parecía nieve por la forma en que caía y se asentaba. Una vela parpadeaba sobre el escritorio, y tras la ventana, una figura sombría surgió de la nada. Tenía la tez cadavérica y se adivinaban todos los huesos bajo su piel, como si de un visitante del más allá se tratase»...
Inactivo: II
«Relatos del buscador de espejismos, capítulo 148. El palacio subterráneo bullía de fantasmas y el aire apestaba a podredumbre. Al girarme, la figura que me seguía ya se había transformado en un ser de arcilla que me miraba, con una sonrisa sutil y retorcida marcada en la protuberancia que debían ser sus labios»...
Inactivo: III
¡Válgame! Mira cómo empapa ese aceite de chili. ¡Esto es lo que hay! ¿Quieres? No me mires así. Si no puedes arrebatármelo, allá tú.
*Tch*. Si no aguantas el picante, ¿por qué haces como si pudieras? Métete en el candil de una vez.
Presentación
Jingran, nigromante. Camino por la infinita frontera entre el Yin y el Yang. Ando entre las sombras para ver el otro extremo del sendero.
Saludo
Los espíritus inclinan la cabeza. Ya no queda nada que temer.
Unirse al equipo: I
¿Por fin me toca a mí?
Unirse al equipo: II
¿Apostar mi vida? Cuento con ello.
Unirse al equipo: III
De cabeza al inframundo. ¡No podría haber pedido nada mejor!
Ascensión: I
Atado por el qi oscuro, perseguido por los espíritus... suena a un verdadero engorro, pero ya estoy acostumbrado. Y como ahora obedecen mis órdenes, supongo que no está tan mal.
Ascensión: II
La llama del Farol Vital se alimenta... de mi propia vida. Pero no me compadezcas, pues prefiero quemar mis años antes que malgastarlos.
Ascensión: III
Mis ojos... arden. Las cosas que antes estaban ocultas van apareciendo poco a poco. Cuando camino de noche, el viento en los callejones, las sombras tras los muros y las voces que vienen de abajo se mezclan y me arañan los oídos. Sin embargo, cuando por fin se hace el silencio, yo sigo escuchando. Irritante.
Ascensión: IV
Cada vez es más silencioso. Por fin puedo distinguir el viento, los espectros y... a los vivos.
Antes pensaba que el camino bajo mis pies no estaba hecho para los vivos, y que delante de mí no había ninguna luz de esperanza. Me había acostumbrado tanto a esos días y, sin embargo... algo parece haber cambiado, sin darme cuenta.
Ascensión: V
No creo en el destino. Si realmente existe, debe ser una broma de lo más cruel, ¿no? He visto morir a demasiada gente buena sin razón alguna mientras los malvados viven largamente sus días podridos. He visto caer a los virtuosos mientras otros ascienden a la prosperidad pisando cadáveres. Y lo justifican con un «así es la vida», como si eso pudiera hacer aceptable la injusticia. Yo no me trago ese veneno.
Aunque ya haya un camino trazado para mí, no me interesa. Yo mismo me labraré el mío. Desafiaré ese destino. Lo aplastaré bajo mis pies.
Ataque básico: I
Fractura.
Ataque básico: II
Condena.
Ataque básico: III
Aplastamiento.
Ataque básico: IV
Corroe.
Ataque básico: V
Agota.
Ataque básico: VI
¡Me llevaré tu alma!
Ataque cargado: I
¡Todas las formas, destruidas!
Ataque cargado: II
¡El más allá te llama!
Ataque cargado: III
Arde... en mi candil.
Ataque cargado: IV
¡Ningún destino puede detenerme!
Ataque cargado: V
Acompáñame... al mundo de Santu.
Ataque cargado: VI
¿Adónde corres?
Ataque aéreo: I
Mi candil no guía almas vivas.
Ataque aéreo: II
Mi espada separa la vida de la muerte.
Ataque aéreo: III
Ningún destino marca mi camino.
Habilidad de resonancia: I
El Yin y el Yang... separados para siempre.
Habilidad de resonancia: II
¡Que mil almas pasen al más allá!
Habilidad de resonancia: III
Desciende sin remordimientos.
Habilidad de resonancia: IV
Las sombras desafían a los cielos.
Habilidad de resonancia: V
Almas rotas, cruzad al otro lado.
Habilidad de resonancia: VI
Hasta que la oscuridad se extienda...
Liberación de resonancia: I
Los huesos sagrados se pudren. Los cielos se ahogan en la oscuridad.
Liberación de resonancia: II
El mundo de Santu se agita, fundiendo el alba y el polvo.
Liberación de resonancia: III
Todas las almas convergen, el mundo se quiebra.
Evasión
¿Eso es todo?
Contraataque
Silencio.
Golpe
Interesante...
Herido: I
Este es duro...
Herido: II
Esto ya es otra cosa.
Herido: III
Al fin... algo de sangre.
Derrota: I
Vientos fríos desde abajo. Al fin algo de paz.
Derrota: II
Ya he recorrido este camino antes.
Derrota: III
La muerte no es más que... otra vida.
Invocación de Eco
Espíritus, obedecedme.
Transformación de Eco
Mal, fúndete conmigo.
Entrar en batalla
Ja... mis huesos llevaban tiempo pidiéndome esto.
Planeo
Solo hay diversión a esta altura.
Sensor
¡Te pillé!
Esprint
Vamos, más rápido.
Cofre de suministros: I
Al fin, algo que vale la pena.
Cofre de suministros: II
Buena pieza. Quien la encuentra, se la queda.
Cofre de suministros: III
Apenas algo de qi oscuro. *Tch*. Pero algo es algo.