GenshinBuilds logo
Información

Suoming

Suoming VA

Chino: Ge Zirui
Japonés: Okubo Rumi
Coreano: Son Jeong Min
Inglés: Miracle Chance

Informe de Examen Forte de Suoming

Poder de Resonancia

Poder de los diez

Informe de Evaluación de Resonancia

[Mengzhou: Ministerio de Asuntos de los Centinelas - Archivo de Resonadores] ... El arte del sellado de frecuencia permite encerrar un fragmento de la frecuencia del objetivo. El diseño del pacto exige el consentimiento explícito del sujeto, pero cuando la consciencia de un objetivo moribundo comienza a desvanecerse, puede forzarse la forja del vínculo en el instante en que su voluntad se quiebra. La captura de frecuencia posibilita el acceso al Forte del sujeto afectado, aunque con una menor fuerza. Los límites físicos de Suoming son la causa de que no pueda retener más de diez frecuencias en su cuerpo, por lo que el número máximo de Fortes que puede dominar es de diez. ... Entonces, ¿la Intendente Suoming puede sellar diez frecuencias distintas y usarlas parcialmente al abrir sus Candados Bermellón? —Eso parece. Leer un archivo de hace un siglo como este es un auténtico dolor de cabeza. No me extraña que nos hicieran volver a revisarlo... Oye, si la Intendente Suoming fuera a ver a los Centinelas de todas las ciudades y les pidiera algo de su frecuencia, ¿no sería invencible? —No digas bobadas. El informe dice que solo se puede sellar una pequeña parte de la frecuencia. A escala de un Centinela, sería una porción ínfima, insuficiente para ejercer la autoridad correspondiente. Vale, un Centinela es demasiado... pero las frecuencias de algunos Resonadores fuertes podrían servir, ¿no? ¿Por qué la Intendente Suoming no lo hace? —Sospecho que ya solo invoca las frecuencias que guarda en sus candados. Para ella, los únicos con quienes forjaría un pacto son esos nueve.

Informe de Diagnóstico de Overclock

[Mengzhou: Ministerio de Asuntos de los Centinelas - Archivo de Resonadores] ... El análisis de la Forma de onda de Rabelle muestra un patrón de oscilación elíptica y un Dominio del tiempo estable, sin anomalías. Criticidad Resonante: Extremadamente alta. Su frecuencia se mantiene estable, sin riesgo de Overclock, y sin historial previo de episodios del mismo. Nota: La emisión de frecuencia es algo débil y su Forte muestra signos de declive gradual. Se recomienda vigilancia. ... «Estable»... bueno, sin novedad. Creo que nunca he visto que la Intendente Suoming siquiera torciera el gesto, tampoco su espectro de onda. ¿No exageras? Esta es la clave: «su Forte muestra signos de declive gradual». ¿No te parece extraño? Así es. Este registro es de hace casi un siglo, ha pasado tanto tiempo... ¿Podría el examen inicial tener algún fallo? Quizás. Pero si los registros son correctos... ¿cómo ha sobrevivido la Intendente Suoming más de un siglo con un Forte en declive?

Objetos Apreciados y Favores de Suoming

Nueve Sombras
Nueve Sombras
Al conocer a Segundo Sello, Suoming le pidió que le forjara un arma mecánica. Segundo Sello propuso primero unas espadas gemelas o quizá una espada normal, argumentando que dar forma a un arma clásica permitiría pensar en distintas variaciones a partir de ella. Pero Suoming le rompió todos los esquemas al responder: «Un paraguas sería lo mejor». Segundo Sello reflexionó en silencio y, al fin, comprendió. Frente al Miasma Maligno que llegaba aullando entre viento y lluvia, Huating necesitaba algo con lo que proteger a su gente de la tormenta. Así nació el paraguas mecánico que un día sería conocido como Nueve Sombras. Con la capacidad de transformarse a voluntad en armas largas o cortas, puede provocar una lluvia de dardos ocultos para golpear a enemigos distantes o desplegarse en forma de escudo impenetrable contra los más fieros ataques. Sus mecanismos y transformaciones están listos para responder a cualquier adversidad.
Candado Bermellón
Candado Bermellón
Desatar el poder de los diez suele requerir el consentimiento voluntario del objetivo y una concentración constante. Si la concentración de Suoming decayera aunque fuera por un instante, el Forte prestado se desharía. Por extraordinario que sea este arte, rara vez encuentra ocasión de usarlo. Pero eso cambió cuando unió su corazón al Pacto de los Diez Sellos. Forjó diez Candados Bermellón con sus propias manos, elaborando cada uno a partir de doce columnas negras rematadas en rojo bermellón. Nueve fueron fundidos para corresponder a los sellos del Primero al Noveno, y el último se reservó para confinar al mismísimo Miasma Maligno. Liberada de las viejas limitaciones gracias a estos candados, pudo conservar el poder de los nueve sellos de forma indefinida. Sin embargo, mientras sus manos daban forma al metal, Suoming albergaba el convencimiento de que, si acaso el destino quería que perdiera algún día a esos nueve, no los soltaría tan fácilmente.
Pasador Esférico
Pasador Esférico
Cuando Cuarto Sello dejó la mansión familiar junto a Suoming, solo se llevó una reliquia: un pasador inspirado en el intrincado diseño de una esfera dorada, anclado por un mecanismo de cierre con forma redondeada. Antaño, uno de los tesoros que los dignatarios de Mengzhou habían regalado a su casa, lo eligió por encima de todos por una simple razón: sentía que el Pasador Esférico era lo que mejor le sentaba al cabello rojo de Suoming. Desde ese día, peinar el cabello de Suoming se convirtió en el «privilegio» de Cuarto Sello, un hábito que más tarde compartiría con Noveno Sello cuando esta se unió a sus filas. En los momentos de calma en que el Miasma Maligno cedía, las dos le arreglaban el cabello mientras le contaban las anécdotas del día. Incluso ahora, antes de recogerse el cabello, Suoming coloca los Candados Bermellón de los Cuarto y Noveno Sellos sobre su tocador y les habla de todo lo que ha acontecido, como si aún estuvieran a su lado, recogiéndole el cabello y riendo sobre las noticias del mundo.

Historia de Suoming

El regreso
La lluvia le escocía en los ojos a Suoming. Se los secó con el hombro para aclarar la vista y poder contemplar, por última vez, los rostros de sus padres, desfigurados por el Miasma Maligno. Sostuvo con firmeza una pala casi tan alta como ella misma y depositó el último puñado de tierra sobre la tumba. Al otro lado del montículo, la muchacha que se convertiría en el Primer Sello bajó también su propia pala. Los padres de Suoming la habían criado hasta tal punto que hacía tiempo que los consideraba su verdadera familia.

—Ahora... ¿qué hacemos?

Suoming miró hacia la distancia, alzando una mano en dirección a Huating. Sus enormes puertas permanecían cerradas a cal y canto contra la negra cortina de lluvia.

—Nos dejaron fuera para servir de cebo al Miasma Maligno, pero yo traeré a todos de vuelta a casa.

Más allá de las murallas, la tierra llevaba mucho tiempo abandonada. Junto a la amenaza constante del Miasma Maligno, bandas de forajidos despiadados campaban a sus anchas. Suoming recorrió cada aldea fuera de Huating siendo testigo de los huérfanos que deambulaban sin rumbo, las familias que habían sido expulsadas y los supervivientes que todo habían perdido. La gente más allá de las murallas necesitaba orden, y Suoming requería de suministros y murallas para mantenerlos con vida. Dispersó a los bandidos, resistió al Miasma Maligno y protegió las aldeas. Año tras año, más personas se unieron a ella hasta que se formó un verdadero grupo a su alrededor.

Suoming estaba lista.

Cuando el Miasma Maligno finalmente volvió a cernirse sobre la ciudad de Huating, su guarnición se ocultó tras sus murallas como siempre hacían, decidida no solo a no salvar, sino incluso a mantener fuera a los desesperados.

Suoming avanzó sola para enfrentarse a las Disonancias Tácitas que surgían del Miasma Maligno. Mientras tanto, Primer Sello llevó el Pilar de Mil Pesos hasta las puertas de la ciudad. Al girar sus pesados engranajes, el mecanismo forzó la apertura de los enormes portones y la multitud que aguardaba fuera se precipitó al interior. Cuando Suoming abatió la última Disonancia Tácita y cruzó la entrada, los guardias sujetaban sus armas con terror, ordenando en vano a la multitud que retrocediera y exigiendo frenéticamente que se cerraran las puertas, como si apartarse del mundo exterior pudiera mantener a raya la calamidad.

La mirada de Suoming pasó sobre la ansiosa multitud, sobre los tejados que se extendían sin fin, y se detuvo en la gran mansión que se alzaba sobre el centro de la ciudad. Resplandeciente entre las ruinas azotadas por la tormenta se alzaba la residencia del Jefe de Registros de Huating.

Suoming asintió en silencio para sí misma. Por fin había dado su primer paso en ese camino que durante tantos años había planeado.
El pacto
Suoming sabía que tomar Huating por la fuerza y hacer caer a su Jefe de Registros sería sencillo, pero el entramado de poder de la ciudad era profundo y complejo. Eliminar al cabecilla no aportaría una paz duradera ni le granjearía la confianza del pueblo. Para destruir su dominio, debía desmantelar los pilares que sostenían su autoridad.

El primero fue el espadachín más arrogante de la ciudad. A sueldo (y bien pagado) por el Jefe de Registros, su formidable Forte permitía que su espada atravesara el hierro como si fuera barro. Gracias a su reputación, había conseguido formar su propia banda. Muchos de los que despreciaban al Jefe de Registros aún temblaban ante su acero.

Cuando Suoming lo encontró en una taberna, sus hombres se rieron mientras dejaban subir a la pequeña joven al piso de arriba. ¿Qué sabrá una cría de beber?

Momentos después, la ventana del segundo piso estalló en pedazos y una espada salió disparada hacia abajo, clavándose en el suelo de la calle. La banda quedó en absoluto silencio y prorrumpieron los rumores, nacidos en la Puerta Oeste, sobre la líder revolucionaria que había irrumpido en Huating: una muchacha pelirroja y de baja estatura.

Tras recuperar su sobriedad de inmediato, el espadachín se enfrentó a Suoming durante horas antes de desfallecer de agotamiento. Suoming lo miró desde arriba.
«Con esa habilidad, ¿por qué servir al mal? Ven conmigo, y acabaremos con el Miasma Maligno».

El espadachín se convertiría más tarde en el Tercer Sello. Después admitió que las grandes ambiciones de Suoming apenas le importaban al principio. Lo que lo convenció fue su disposición a ejercer un poder absoluto sin jamás oprimir a los débiles, y la vergüenza que esa idea despertó en él.

Con el brazo ejecutor del Jefe neutralizado, Suoming dirigió su atención hacia otro de sus aliados: el clan mercantil más acaudalado de la ciudad. Durante generaciones, habían acumulado fortunas inagotables en oro, jade y brocado. Suoming fue a visitarlos para solicitar su apoyo financiero, y allí conoció a una joven chica de aspecto triste que le hacía preguntas titubeantes sobre el mundo exterior, ocultando a todas luces un secreto demasiado pesado para pronunciarlo en voz alta.

El Primer Sello percibió que algo no estaba bien y aconsejó cautela, pero cuando el jefe del clan se jactó abiertamente de que el Miasma Maligno era una oportunidad para acaparar más bienes e inflar precios en lugar de combatirlo, Suoming comprendió que la conversación sería inútil. Esa noche, se coló en la mansión, halló a la joven y, tras conocer la verdad de sus propios labios, la liberó de su encierro.

La joven poseía un Forte capaz de replicar cualquier objeto, y este era realmente el secreto detrás de la vasta fortuna de su familia. A modo de premio, la habían mantenido prisionera en el interior de su palacio, obligándola durante años a copiar todos los tesoros que le presentaban. Una vez que el Miasma Maligno aisló la ciudad, se convirtió en la fuente inagotable de riquezas para el clan, pero su cautiverio sin fin y el constante agotamiento de su Forte habían marchitado su espíritu.

Suoming fue franca con ella. «Puedo liberarte, pero más allá de la libertad, no tengo nada que ofrecerte». La joven la siguió sin dudarlo.

Años después, cada vez que Cuarto Sello peinaba el largo cabello de Suoming, esta suspiraba a menudo: «No tendría que haberme hecho cargo de ti tras liberarte de esa mansión. Nunca debí arrastrarte a esta guerra».

Cuarto Sello solo negaba con la cabeza, recogía el cabello rojo de Suoming y tarareaba en voz baja un verso propio. Era su forma silenciosa de dar las gracias.
Sobre el paraguas
—¿Cuántos años han pasado desde que viniste a pedirme el Pilar de Mil Pesos? Cumpliste tu palabra. Trajiste a nuestra gente de vuelta a Huating y derribaste ese régimen maldito. Cuando las puertas se abrieron y la multitud entró en tromba, la ciudad no cayó en el caos. Cobró nueva vida. Y todo ello se pagó con tu sangre y la de tus seguidores.

»Huating pende ahora de cada una de tus palabras. La gente ha puesto su fe en tu fuerza. Si alzaras una sola mano, toda la ciudad podría marchar y borrar al Miasma Maligno para siempre.

»Pero la gente detrás de estas murallas no ha visto la verdadera calamidad. Nunca han contemplado la lluvia negra ahogar la tierra y marchitarla. Nunca han visto a un ser querido corroído más allá del reconocimiento. Nosotros sí. Cuando construí ese pilar para ti, mi único objetivo era traer a los perdidos de vuelta a casa. En cuanto a derrotar al Miasma Maligno, nunca creí que fuera posible, así que no intentes convencerme de nuevo. No desperdiciaré la poca fuerza que me queda en una causa inútil. Y te sugiero que tú también dejes de perseguir ese fin.

Suoming bajó la mirada hacia la taza de té blanco local, casi transparente, que tenía delante. El emblema del fondo de la taza del Ministerio de Fomento ondulaba tenuemente, reflejado sobre la superficie.

—La Huating de hoy no es obra mía únicamente. Sexto Sello lee bien a las personas y es elocuente más allá de toda medida. Fue ella quien recorrió sus calles, maniobrando con destreza entre las facciones rivales de la ciudad para ganarme la confianza del pueblo. Sin ella, quizás Huating no habría llegado a ser lo que es.

»En cuanto al Miasma Maligno... hay una doctora que también ha sido testigo directo de la Lluvia de Plaga que roe los huesos y el Trueno Miasmático que devora a los hombres. Si se hubiera rendido al dolor, nunca habría indagado en la naturaleza del Miasma Maligno, ni habría hallado la manera de combatirlo. Quinto Sello ha diseñado una máscara capaz de resistir la corrosión; solo espera a un maestro artesano que la forje. Una vez completa, Cuarto Sello podrá replicar tantas como necesitemos. Con ellas, por fin estaremos equipados para adentrarnos en la Lluvia de Plaga. Pero eso solo no basta. Necesito que me forjes un arma.

El anciano se inclinó hacia delante, esperando que continuara.

—Yo la infundiré de poder. Combatiré al Miasma Maligno y lo debilitaré. Aunque solo pueda arrebatar un hilo de Lluvia de Plaga o un jirón de Trueno Miasmático, lo sellaré dentro del arma. Puede que mi cuerpo tenga sus límites, pero dominaré su poder y hallaré una manera de vencerlo.

—Entonces... ¿qué tipo de arma imaginas? ¿Una espada? ¿Un mandoble? Con mecanismos internos, podría...

—Un paraguas sería lo mejor.

—¿Un paraguas...? —Se volvió hacia la ventana, mirando a la distancia. —Ya veo. Frente a esa Lluvia de Plaga que cubre los cielos, en verdad no hay mejor escudo que un paraguas para proteger a Huating de la tormenta.

Se volvió de nuevo hacia Suoming.

—Muy bien... según tu propio orden, ¿qué título me corresponde ahora? ¿Soy el Séptimo Sello?

Suoming finalmente levantó su taza de té con una tenue sonrisa, poco común en ella, iluminando sus labios.

—En realidad, tengo otro lugar reservado para ti, Segundo Sello.
La estrategia
Poco después de que el Octavo Sello se uniera al Pacto, los Candados Bermellón quedaron por fin completos. Suoming pretendía usarlos para invocar las habilidades de los nueve sellos contra el Miasma Maligno; sin embargo, al no haber intentado nunca tal hazaña, incluso su semblante tranquilo escondía un rastro de duda. Por un breve instante, reflexionó sobre quién debía dar el primer paso.

Fue Séptimo Sello quien se ofreció. Como soldado del Ministerio de Guerra, insistió en que era justo que él tomara la iniciativa.

Cuando Suoming derrocó al Jefe de Registros de Huating, el Ministerio de Guerra se liberó de sus cadenas. La mayoría de sus soldados juraron con entusiasmo su apoyo, salvo Séptimo Sello, quien se negó tercamente a ceder. Para él, el Jefe de Registros seguía siendo la autoridad legítima de Huating, sin importar cuán atroces fueran sus crímenes. Suoming, una simple plebeya, no tenía derecho a sustituirlo. En aquellos primeros días, Séptimo Sello se opuso a ella sin dudarlo.

Pero finalmente su determinación se quebró cuando Suoming lo llevó más allá de las murallas de Huating para que fuera testigo de las aldeas sepultadas bajo la Lluvia de Plaga. De pie en silencio, entre las ruinas, le preguntó con los ojos enrojecidos: «¿De verdad Huating podría librarse de una tragedia así de ahora en adelante?».

La respuesta no necesitaba palabras. Desde ese día, Séptimo Sello siguió siendo el mismo soldado firme y apegado a las normas. Cargaba con todas sus responsabilidades mientras insistía en que, sin importar la posición de Suoming, ella seguía siendo una ciudadana de Huating, y era su deber protegerla.

Aceptando su buena voluntad, Suoming procedió a sellar un fragmento de su frecuencia en su candado. Momentos después, un jirón de niebla tenue se materializó en la palma de su mano; inequívocamente, era el Forte de Séptimo Sello. Simultáneamente, el paraguas que descansaba a su lado se sacudió violentamente. Con un estruendo ensordecedor, un rayo carmesí y negro estalló desde el arma, destrozando el muro del patio.

Mientras los demás permanecían en silencio, atónitos, Octavo Sello se acercó a los escombros, examinando el Trueno Miasmático que todavía chisporroteaba entre los restos.

—¿Alguna vez has usado dos poderes a la vez? —preguntó tras una pausa silenciosa.

Suoming negó con la cabeza.

—Una fracción de tu mente se gasta constantemente en reprimir al Miasma Maligno confinado en el interior de tu paraguas. Probablemente, invocar el poder de Séptimo Sello junto a él provocó la inestabilidad.

Séptimo Sello era quien había introducido a Octavo Sello en el grupo. Suoming recordaba su primer encuentro, cuando Octavo Sello le pidió, sin rodeos, un relato exhaustivo de todas y cada una de las batallas que había librado contra el Miasma Maligno a lo largo de los años. Hablaron durante todo un día, y no salieron hasta que el crepúsculo se desvaneció en la noche. Después, Suoming anunció a los demás que su plan estaba completo.

Según el diseño de Octavo Sello, alguien tendría que aventurarse directamente en las nubes negras arremolinadas junto a Suoming. En el instante en que ella atara a la entidad, este aliado debía hundirle en el núcleo una daga cargada con el Forte de Octavo Sello, forzándola a abandonar la protección de la nube hacia una batalla abierta contra todos ellos.

Sin embargo, todos los sellos desempeñaban ya un papel vital, y de ninguno podía prescindir para una apuesta tan peligrosa.

Necesitaban a alguien más. Una última persona...
El último encargo
—Y así es como llegué a conocer a Octavo Sello. —Suoming soltó un suspiro suave, relajándose contra el respaldo de su silla. —En cuanto al último... Noveno Sello...

Hizo una pausa, tomándose un momento antes de continuar. —Nuestro encuentro fue bastante ordinario. Ese día, caminaba sola por la calle cuando vi un trozo de pastel de arroz... flotando por el aire.

Ante eso, la Centinela asintió levemente. Suoming supuso que quizás estaba sonriendo.

—Estaba hambrienta y, usando su Forte para volverse invisible, robaba comida de los vendedores ambulantes. Así que me quedé esperando. Cuando pasó flotando junto a mí, le hice la zancadilla. Novena cayó al suelo y se tornó visible. Se dio la vuelta para maldecirme, pero se quedó paralizada.

—La asustaste.

—Sí. —Suoming asintió con suavidad. —Mi expresión debió ser terrible, porque supe que ella sería Noveno Sello. Haría que se acercara al Miasma Maligno para asestar el golpe mortal, y luego... sería descubierta y asesinada en el acto.

—Y le contaste todo eso.

—Lo hice. —Suoming extendió la mano, rozando con sus dedos los Candados Bermellón a su lado. —Pero ¿de qué sirvió? A Noveno le encantaba seguirme y llamarme «hermana Suoming» en todo momento. Fuera lo que fuera lo que dijera, simplemente asentía. Incluso se peinaba igual que yo. En pocos días, dejó de temerme por completo. Sin importar cómo razonara con ella, sin importar lo que le dijera, ella solo sonreía... sin temor a nada.

La voz de Suoming se fue suavizando, desapareciendo en un silencio con un suspiro quedo. La Centinela sabía que no necesitaba consuelo. La Maestra de los Sellos deseaba ese dolor grabado profundamente en su corazón. No requería palabras vacías, solo un camino hacia adelante.

—Suoming, aprecio todo lo que has hecho por Huating, pero no me queda nada con qué recompensarte. Y lo que es más, debo pedirte que sigas luchando por Mengzhou.

—Está bien. —Suoming alzó la cabeza y la penumbra desapareció de sus ojos. —Dime qué necesitas de mí. Dime cómo asegurarme de que el Miasma Maligno nunca vuelva a amenazar Mengzhou.

—Muy bien. Saca los Candados Bermellón. Tengo un último encargo que confiarte.

Líneas de Voz de Suoming

Pensamientos: I
Durante un siglo, el Ministerio de Asuntos de los Centinelas ha hablado en nombre de Hsin, la Vulpina Lunar, ante cada Magistrado. Y ha mantenido la misma postura, generación tras generación, a través de cada crisis a la que se ha enfrentado Mengzhou. Eso es digno de reverencia. Ahora, con Hsin, la Vulpina Lunar, recibiendo la asistencia {Male=del;Female=de la} Arbiter a su causa, podemos decir que la Centinela ha regresado. Aún quedan restos de amenaza, pero el futuro de Mengzhou es prometedor.
Pensamientos: II
Además de los asuntos de la Centinela, el Ministerio también se ocupa de la astronomía y el calendario. Cada sucursal tiene sus propias responsabilidades, y aquí en Mengzhou, nosotros... Ejem. Perdón. Mencionaste que no conocías las responsabilidades del Ministerio, y me he dejado llevar. En resumen: servimos a la Centinela. Así que, Arbiter, si necesitas algo, sea lo que sea, yo me encargaré.
Pensamientos: III
Por mandato de la Centinela Hsin, me uní al Ministerio para erradicar los remanentes de Balanophora, restaurar el orden y encontrar un camino a seguir. Cuando leí por primera vez sobre {Male=el;Female=la} «Arbiter» en la Gran Biblioteca, me pregunté qué clase de persona podría guiar a una Centinela. Tras conocerte... comprendo que poseas dicho título.
Pensamientos: IV
Los miembros del Pacto de los Diez Sellos estaban unidos por sus obsesiones: por un juramento, por su familia, o por mí. Decían que yo los atraía. Que me seguirían a dondequiera que fuera. Pero fue su negativa a rendirse, su impulso implacable hacia lo que deseaban, lo que me conmovió y me impulsó hacia adelante. Arbiter, tú... también tienes ese efecto en mí.
Pensamientos: V
Arbiter, si hubieras estado en mi lugar, ¿qué habrías hecho? Tu tierra natal arrasada, y tú completamente {Male=solo;Female=sola}. Afrontarlo podría abrir un resquicio de esperanza, pero a costa de las vidas de tus amigos. Disculpa. Olvida esta pregunta. Es solo que... nunca he podido dejarlo ir. Y sabía que tú lo entenderías. Simplemente... necesitaba decirlo en voz alta.
Pasatiempo de Suoming
Las nubes de lluvia se acumulan por la tarde. Una brisa fresca, una llovizna suave contra los aleros... Me siento junto a la ventana a escuchar, mientras limpio los Candados Bermellón. Un cuadro sombrío, lo sé... y aun así, me resulta bastante agradable.
Preocupaciones de Suoming
En cuanto a mis principales preocupaciones, son el futuro de Mengzhou y el paradero de Balanophora. Más allá de eso... no sé si es solo mi imaginación, pero desde que la Centinela Hsin ha vuelto, Mengzhou parece tener más días soleados. Mis ojos siempre han sido sensibles a la luz, así que me resulta un poco desagradable.
Comida favorita
El Huating del pasado estaba sumido en penurias. Los recursos eran escasos y la alta cocina, un sueño lejano. La única excepción era el té blanco. Realmente excepcional. Incluso ahora, en el Ministerio, a menudo me apetece. Cada vez que lo tomo, me acuerdo de ellos. Como si ese capítulo de mi vida estuviera impregnado de té.
Comida que detesta
No hay nada que me disguste, pero desde que mencioné, de pasada, que los sabores amargos no me agradan, comenzaron a aparecer dulces en mi escritorio con cierta regularidad. Incluso he oído que lo llaman «alimentar a la bestia». Je... Travesuras de juventud. Les dejo que se diviertan.
Ideales
Siempre he soñado con regresar algún día a Huating y vivir en una pequeña cabaña. Si se me necesita, acudiré. Si no, simplemente me dedicaré a contemplar el mundo, junto a Noveno y los demás. Con eso me bastaría. Pero, por supuesto, aún queda un largo camino por recorrer. Por ahora, el futuro de Hsin y de Mengzhou es lo primero.
Chat: I
«Si caemos, Maestra del Sello, bloquea nuestras frecuencias». Conociendo mi punto fuerte, eso era lo que me pedían. No me negué. Junto a Segundo Sello, forjamos los Candados Bermellón. Cuando el trabajo estuvo terminado, los demás se reunieron alrededor, riendo, elogiando la destreza de Segundo Sello y comentando lo bien que me sentaba el color. Los trataron como meros recuerdos en lugar de como recipientes para su descanso final. Lo mínimo que puedo hacer ahora... es no desperdiciar lo que me dieron.
Chat: II
¿Mi pasado? Hum... hace mucho que no hablo de ello. Muy bien, entonces. Te lo contaré algún día.
Acerca de Hsin, la Vulpina Lunar
Tras nuestra agridulce victoria sobre el Miasma Maligno, le guardé rencor a la Centinela por no haber aparecido mientras la lluvia negra caía sobre Huating. Pero cuando estuve ante Ella, viendo a Mengzhou tal como estaba y descubriendo que Ella estaba gravemente herida, pero aun así se esforzaba por contener a los enemigos... ¿Cómo podría aferrarme a mi odio? Al final, acepté el mandato del Ministerio de Asuntos de los Centinelas y le dediqué todo cuanto tengo, a Ella y a Mengzhou.
Acerca de Hsin
En edad, Hsin es en realidad un poco más joven que yo. Haber ayudado durante tanto tiempo me ha hecho poder ver cómo se convertía en quien es hoy, y naturalmente le tengo cariño. Ya sea por su esfuerzo en remodelar la Cápsula de la Civilización en el pasado, o el hecho de que por fin haya asumido su papel como Centinela ahora... Hsin no ha defraudado a la Centinela.
Acerca de Balanophora
Cuando asumí el cargo de Intendente, la Centinela y yo hicimos un pacto: encontraría el origen del Miasma Maligno, y acabaría con él con mis propias manos. Ahora que sé que todo se originó a raíz de la herida que Balanophora le infligió a la Centinela... su destino está sellado.
Acerca de Noveno Sello
Era una niña lamentable. El Miasma Maligno la dejó robando comida en las calles, y de entre todas las personas, yo descubrí su habilidad para volverse invisible. Ay... Si le insistiera en que quizá habría vivido más tiempo si no me hubiera conocido, se enfadaría conmigo... Me encantaría oírla llamarme Hermana Suoming de nuevo.
Felicitación de cumpleaños
Me preguntaba qué felicitación sería la apropiada para una intendente, considerando que eres {Male=el;Female=la} Arbiter. Al final, comprendí que unas palabras sinceras son lo más importante en un día tan especial.
Hum... feliz cumpleaños, Arbiter. El Ministerio de Asuntos de los Centinelas de Mengzhou siempre estará de tu lado. Que Hsin vele por ti, y que tu camino sea seguro.
Inactivo: I
Noveno Sello: ¡Hermana Suoming!
Suoming: Hum.
Noveno Sello: ¡Vaya!
Suoming: Mira.
Suoming: Hum...
Inactivo: II
*Sonidos de esfuerzo*
Inactivo: III
¿Qué? ¿Ni siquiera te refieres a mí como «Maestra del Sello»? Je, je, era broma.
Presentación
Suoming, Maestra del Sello del Pacto de los Diez Sellos e Intendente del Ministerio de Asuntos de los Centinelas de Mengzhou. Los enemigos de Mengzhou son mis enemigos.
Saludo
Cuando la Lluvia de Plaga y el Trueno Miasmático se desvanecen, solo quedan... obsesiones selladas.
Unirse al equipo: I
¿A combatir? Así sea. Que Hsin nos proteja.
Unirse al equipo: II
Hum, comencemos.
Unirse al equipo: III
Nueve Sombras... al ataque.
Ascensión: I
Casi había olvidado la sensación de ser puesta a prueba.
Ascensión: II
Cada forma de las Nueve Sombras exige una práctica rigurosa. Ah, me vienen a la mente aquellos días de entrenamiento.
Ascensión: III
Tercer Sello me enseñó el arte de la espada. Séptimo, el de la lanza. Y ahora, tú también has dejado tu huella en mí.
Ascensión: IV
Esto es... la quietud en el ojo del huracán. Arbiter, por un instante, el peso de mis obsesiones se alivió. Pero solo por un momento.
Ascensión: V
Sé que el Pacto de los Diez Sellos cayó ante el Miasma Maligno, pero aún tengo remordimientos de conciencia. Fue mi debilidad la que provocó esa tragedia. Nunca permitiré que la historia se repita.
Ataque básico: I
Triple fragmentación.
Ataque básico: II
¡Dispersaos!
Ataque básico: III
Quíntuple tajo.
Ataque básico: IV
¡Destello séptuple!
Ataque básico: V
¡Colapso séxtuple!
Ataque cargado: I
Barrido óctuple.
Ataque cargado: II
¡Desgarro en vórtice!
Ataque cargado: III
¡Nueve Sombras!
Ataque cargado: IV
¡Nueve... Sombras!
Ataque cargado: V
¡Cubierta de metal, liberación total!
Ataque aéreo
¡Descenso doble!
Habilidad de resonancia: I
Temblor único.
Habilidad de resonancia: II
Tajo cuádruple.
Habilidad de resonancia: III
Final...
Habilidad de resonancia: IV
Trueno...
Liberación de resonancia: I
¡Cumbres atronadoras, sellad la lluvia maligna!
Liberación de resonancia: II
Adéntrate en... la Lluvia de Plaga.
Liberación de resonancia: III
Hmph... ¡Nueve Sombras, desplegaos!
Habilidad Intro: I
¡Me la juego!
Habilidad Intro: II
¡Sellos alineados!
Habilidad Intro: III
¡Candado Bermellón, libérate!
Evasión
Demasiado fácil.
Contraataque
¡Atrapado!
Contraataque evasivo
¡Floración devastadora!
Golpe: I
Tch.
Golpe: II
¿Me resbalé?
Herido: I
Una simple mancha en el dobladillo.
Herido: II
Ja... Hay que tener cuidado.
Herido: III
La historia no se repetirá...
Derrota: I
Por fin... volveré a veros a todos.
Derrota: II
Nuestro viaje termina aquí...
Derrota: III
La lluvia... ¿ha parado?
Invocación de Eco
Lucha conmigo.
Transformación de Eco
Formas infinitas.
Entrar en batalla
Fuera cubierta. A partir de aquí, me encargo yo.
Planeo
En el viento caigo.
Sensor
Avistado.
Esprint
Deprisa.
Cofre de suministros: I
Un botín digno.
Cofre de suministros: II
A Noveno le encantarían estos.
Cofre de suministros: III
Hum, esto te será de utilidad.