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Punto de partida de la estrella caída

Punto de partida de la estrella caída

2 Piezas establecidas

La Prob. CRIT del portador aumenta en un 8%. Al entrar en combate, si tanto el portador como otro compañero de equipo son personajes de Camarada trazacaminos, el Daño CRIT del portador aumenta en un 32%.

Piezas de reliquia

Tren varado en el punto de partida
Tren varado en el punto de partida
NECK
Las llamas de la guerra descendieron sobre Ahatopía desde el vasto cielo. Los Anónimos que trazaron caminos hasta aquí se detuvieron para tender la mano a un mundo al borde de la destrucción. Frente a una interminable oleada de monstruos tras otra, el Expreso Astral encendió la esperanza de los habitantes de Ahatopía. Al alzar la mirada, la gente veía cómo el Expreso, semejante a un inmenso dragón serpenteante, se abría paso entre el fuego y las cenizas para protegerla. Al final de esa marea de guerra, los Anónimos del Expreso se encontraron con quien estaba detrás de todo: el Señor de los Forasteros Diabólicos. Aquella figura con cabeza de dado había aparecido de forma simultánea en todas partes, dejando un paisaje apocalíptico a su paso. La chica pelirroja a la que él había otorgado la sangre de la Destrucción se recluyó en un estudio de pintura para fabular una ola tras otra de la Legión. Los Anónimos novatos murieron en trágicos accidentes y los Trazacaminos veteranos se sumieron en la desesperación... Entre las risas del Señor de los Forasteros Diabólicos y las lágrimas de los habitantes de Ahatopía, el Expreso Astral se precipitó hacia el suelo rugiendo como un meteoro. La joven pelirroja salió de su morada en medio de un fuerte estruendo y vio que el Expreso sobre la tierra se había convertido en una torre infinita. Los Anónimos supervivientes seguían luchando con valor, y al contemplar los monstruos que ella misma había dibujado, comprendió la ironía del destino... No, aunque solo pudiera dibujar empleando el poder de aquella cruel bestia, jamás volvería a alzar el pincel contra sus semejantes, sino que redibujaría este mundo devastado. Cada vez que empuñaba el pincel para fabular, recordaba a aquellos Anónimos, sus sonrisas jóvenes e ingenuas, y sus siluetas que, a pesar del miedo, seguían avanzando con valentía... "Ir hacia donde arde el fuego, ir hacia donde se escuchan llantos...". Los ocho reverentes actuaron al unísono y ella reunió toda la Imagiesencia para sellar el mundo en un lienzo, consiguiendo así un tiempo de respiro para Ahatopía. La prosperidad comenzó a bendecir esta tierra. La familia llamada Murata echó raíces y se expandió, pero el Expreso quedó varado en el cuadro, incapaz de volver a volar hacia el cosmos. Mucho tiempo después, Ahatopía cambió drásticamente y la gente, embriagada en la arcadia, olvidó incluso el origen de Murata. En este desolado mundo del cuadro, las olas rompían contra la costa, la marea avanzaba y su eco resonaba en la desierta noche estrellada. Así fue, hasta que otra joven pelirroja encontró aquella torre infinita.
Raíles estelares del punto de partida
Raíles estelares del punto de partida
OBJECT
El Expreso era el refugio de la joven. Buscaba los registros que pudieran quedar en los vagones abandonados e imaginaba que algún día viajaría por el cosmos como los Anónimos. Ella dibujaba aquellos sueños. Allí donde los raíles estelares se extienden hacia lugares inalcanzables, pilotaría el gigantesco robot Trazaestrellas, llegaría a la estación de Cygnus, contemplaría cincuenta y dos atardeceres y amaneceres en un asteroide y buscaría fósiles enterrados en la nebulosa Roseta... Sin embargo, al mirar atrás hacia el sanatorio, la realidad gris siempre le recordaba que el final de su vida estaba justo frente a ella. Tomando como referencia a los pilotos veteranos, dibujó a su yo ideal con la esperanza de que alguien recorriera el camino de sus sueños en su lugar. Al parecer, a nadie se le ocurrió jamás que, en los Juegos Fabuluna que se repiten sin cesar, el gigante que acompaña al Expreso regresaría de un modo tan onírico. Ellas usaron toda su Imagiesencia para fabular la maquinaria gigante de Pegana y hacer añicos al oponente que estaba masacrando Planarcadia. Tampoco sabe nadie qué intercambió la joven con el dios para poder acercarse un poco más a ese inalcanzable anhelo... "Trazar caminos no trata de seguir una ruta preestablecida, sino de que los raíles estelares aún están por construirse". Antes de partir, volvió a mirar atrás, más allá de la escuela en ruinas, más allá de la desolada costa, más allá de las ruidosas calles, más allá de los bulliciosos callejones... Trazo a trazo, había dibujado la trayectoria que envolvía el cosmos, la ruta que cruzaba el firmamento: unos raíles estelares invisibles que, desde las profundidades de un mundo pictórico fragmentado, se extendían lentamente hacia el deslumbrante cosmos. Alzó la mirada. El cielo permanecía en silencio, pero le pareció escuchar una llamada desde el fondo de su corazón. "No tengas miedo, sigue adelante". Hace mil años, los Anónimos llegaron con el pitido del silbato y se sacrificaron en la tierra de Ahatopía. Mil años después, ella permaneció de pie en silencio en el confín entre la tierra y el cielo, y volvió a hacer sonar el silbato de salida del Expreso. Sus luces iluminaron el cielo nocturno y se reflejaron en los ojos de la Destrucción a lo lejos. No sabía qué aguardaba al final de los raíles estelares, al igual que ignoraba por completo el destino, pero trazar caminos nunca ha cambiado... Solo queda emprender este viaje y avanzar.

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